Última hora sobre el estado de Sara Carbonero que sigue en UCI tras ser operada

La periodista permanece ingresada en la Unidad de Cuidados Intensivos de un hospital de Lanzarote, donde se recupera de una intervención quirúrgica de urgencia realizada el pasado 2 de enero tras sufrir un fuerte dolor abdominal durante sus vacaciones en Canarias.
En la imagen de archivo Sara Carbonero junto a su pareja José Luis Cabrera
En la imagen de archivo Sara Carbonero junto a su pareja José Luis Cabrera

El inicio de 2026 tenía para Sara Carbonero un escenario idílico: la isla de La Graciosa, frente a la costa de Lanzarote. Allí se encontraba disfrutando de unos días de descanso en la casa que su pareja tiene en Pedro Barba, uno de los dos pequeños núcleos habitados de la isla, un enclave muy tranquilo, de casas blancas y calles de arena, al que la periodista regresa con frecuencia.

La estancia, según se ha ido reconstruyendo a partir de las publicaciones de la propia Sara y de las crónicas de estos días, combinaba paseos por la playa, momentos de desconexión, reuniones con amigos y ese ritmo “slow” que la comunicadora reivindica desde hace años. Junto a ella estaban José Luis Cabrera, conocido como Jota, y un grupo de amigos en el que se encuentra la presentadora de informativos Isabel Jiménez, con quien comparte también proyecto empresarial.

Fue durante esas vacaciones cuando, el 2 de enero, Sara comenzó a encontrarse mal. Un intenso dolor abdominal encendió las alarmas y obligó a interrumpir el descanso. Desde La Graciosa, y dadas las limitaciones de la isla, el grupo se desplazó hasta Lanzarote para que la periodista pudiera ser atendida en un centro hospitalario con recursos quirúrgicos y de cuidados intensivos.

Intervención de urgencia y paso por quirófano

Una vez en el hospital de Lanzarote, y tras la primera valoración médica, los profesionales optaron por mantenerla ingresada y proceder a una intervención quirúrgica de urgencia ese mismo día 2. La decisión estuvo condicionada tanto por la intensidad del cuadro como por los antecedentes oncológicos de la periodista, lo que llevó a extremar las precauciones y a realizar un seguimiento más exhaustivo.

De acuerdo con las informaciones coincidentes de distintos medios, la operación se desarrolló con éxito y no se ha descrito en ningún momento un escenario crítico. Tras la cirugía, y siguiendo los protocolos habituales en este tipo de casos, Sara fue trasladada a la Unidad de Cuidados Intensivos, donde continúa ingresada para mantener una vigilancia estrecha y un control continuo de su evolución.

Hasta ahora no ha trascendido el diagnóstico exacto ni el tipo concreto de intervención, más allá de la referencia al fuerte dolor abdominal que motivó el ingreso y la posterior operación. Tanto el hospital como su entorno han optado por preservar al máximo su intimidad y limitar la información a lo estrictamente necesario para frenar la preocupación pública.

“Despierta, estable y recuperándose”: el mensaje de calma

Las últimas horas han traído un patrón claro: un mensaje de tranquilidad que se repite en todas las voces autorizadas. Fuentes del entorno de la periodista han trasladado que sigue en la UCI por una cuestión de control y vigilancia, pero está despierta y recuperándose, y subrayan que su situación no es grave, aunque requiere reposo y supervisión.

El hecho de que continúe ingresada en cuidados intensivos responde, según esas mismas fuentes, a criterios de prudencia: cada paciente evoluciona a un ritmo distinto y la fase inmediatamente posterior a una operación de urgencia exige monitorización constante de constantes vitales, dolor, posible sangrado o complicaciones. Los partes informales insisten en que la evolución es favorable y se ajusta a lo esperado tras la intervención.

Varios medios han apuntado a la posibilidad de que, si todo continúa igual de bien, pueda abandonar la UCI en las próximas horas para pasar a planta. En ese escenario se abriría una nueva etapa de recuperación ya fuera de cuidados intensivos, aunque por el momento no hay confirmación oficial de plazos.

Sin relación con el cáncer que superó en 2019

Una de las grandes inquietudes de los últimos días giraba en torno a la relación de este episodio con el cáncer de ovario que se le diagnosticó en 2019, cuando vivía en Oporto junto a Iker Casillas. Desde entonces, la propia Sara ha hablado en varias ocasiones de cómo aquella enfermedad marcó un antes y un después en su vida, y de las revisiones periódicas a las que se somete.

Tanto el entorno de la periodista como la prensa del corazón han sido tajantes durante el 7 y el 8 de enero: la intervención de urgencia no tiene relación con aquel cáncer. Las molestias que la llevaron a quirófano empezaron con un dolor abdominal intenso y, aunque los médicos tuvieron muy presentes sus antecedentes, los mensajes difundidos en las últimas horas piden explícitamente que no se vincule este ingreso con su enfermedad oncológica previa.

El recuerdo de aquel diagnóstico, recibido cuando solo tenía 35 años, explica en buena medida la especial sensibilidad que rodea cada noticia sobre su estado de salud. Ella misma ha contado cómo transformó ese golpe en una lección vital y cómo eso la llevó a priorizar el tiempo, las personas y los proyectos que de verdad le importan.

¿Por qué sigue en la UCI y qué se sabe de los próximos pasos?

Aunque el mensaje general es de calma, la realidad es que Sara continúa ingresada en la UCI del hospital de Lanzarote. Los médicos han recomendado reposo absoluto y vigilancia estrecha durante varios días para garantizar una recuperación sin sobresaltos. De momento, los profesionales no contemplan un traslado inminente, y se apuesta por consolidar la mejoría allí donde fue intervenida.

Algunas informaciones mencionan que, una vez supere esta fase y su estado sea suficientemente robusto, podría valorarse un traslado a la península para continuar la convalecencia cerca de su entorno habitual. Dadas las características del archipiélago, ese eventual traslado se haría previsiblemente en helicóptero o mediante un dispositivo sanitario específico, pero por ahora se trata de un escenario abierto condicionado a la evolución clínica.

En todo caso, los mensajes que se han reiterado este 8 de enero insisten en que no hay urgencia por moverla y en que lo prioritario es que siga respondiendo bien al tratamiento y a los cuidados que recibe en el hospital canario.

El círculo íntimo que la arropa

En paralelo a la información médica, estos días se ha puesto el foco en el círculo que rodea a Sara en uno de los momentos más delicados de los últimos años. A su lado se encuentra su pareja, José Luis Cabrera, que ha optado por la discreción y se mantiene lejos de las cámaras, pero no de su lado en el hospital. También ha estado muy presente Isabel Jiménez, amiga íntima y socia en su firma de moda, que regresó a Madrid para retomar sus compromisos profesionales después de pasar los primeros días junto a ella en Canarias.

Iker Casillas, exmarido de la periodista y padre de sus dos hijos, permanece igualmente informado de la evolución, según han señalado distintas publicaciones. Amigos y familiares se habrían organizado para acompañar a los niños y sostener el día a día mientras Sara continúa ingresada, con una consigna común: discreción absoluta y pocas filtraciones para proteger su intimidad.

Desde los platós, compañeras como Ana Rosa Quintana han transmitido mensajes de ánimo y confianza en su recuperación, resaltando que está “mejorando” y recordando que está bien atendida. En redes sociales, la preocupación de seguidores anónimos y rostros conocidos se mezcla con mensajes en los que se rescatan las palabras que la propia Sara escribió al despedir 2025, cuando pedía un año de salud, amor y calma, y reivindicaba la actitud como clave para afrontar los obstáculos.

Jota Cabrera, el discreto apoyo sentimental

Una parte de la atención mediática se ha dirigido también hacia la figura de José Luis Cabrera Bonny, el empresario canario con quien Sara mantiene una relación sentimental consolidada desde hace meses. Jota, como le llaman en su entorno, ha desarrollado buena parte de su trayectoria en el mundo de la empresa y las finanzas, con experiencia en banca, gestión turística y, actualmente, como consejero en el grupo agrícola familiar especializado en exportación de frutas y verduras.

Aunque su perfil público es muy discreto y rehúye las cámaras, los últimos reportajes recuerdan que se conocieron hace años en La Graciosa, presentados por amigos comunes, y que la relación se fue afianzando con el tiempo hasta hacerse visible en 2025. La casa que Jota posee en Pedro Barba se ha convertido en uno de los refugios habituales de la pareja, y fue precisamente desde allí desde donde partieron rumbo al hospital lanzaroteño cuando Sara empezó a encontrarse mal.

En estos días de incertidumbre, las crónicas coinciden en señalarle como uno de los grandes apoyos de la periodista, junto a Isabel Jiménez y al núcleo familiar más cercano.

La Graciosa y Lanzarote, escenario de un susto con final esperanzador

Más allá de los datos clínicos, la geografía también se ha convertido en protagonista del relato. La Graciosa, con su naturaleza casi intacta, sus caminos sin asfaltar y su ritmo pausado, aparece en estas crónicas como el lugar que la pareja ha elegido para desconectar y que, esta vez, se ha visto sacudido por un susto de salud. Lanzarote, por su parte, se ha convertido en el punto neurálgico de la recuperación: la isla en la que se ubica el hospital donde fue operada y donde permanece hospitalizada.

Mientras los médicos vigilan su evolución y el entorno insiste en que la situación está “controlada” y “tranquila”, la actualidad dibuja una imagen de prudente optimismo: una paciente que sigue en la UCI, pero consciente, estable y recuperándose según lo previsto, arropada por los suyos y con la mirada puesta en abandonar pronto los cuidados intensivos para iniciar una recuperación más reposada en planta.

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