Muere la princesa Irene de Grecia, dejando sola y desolada a su hermana Sofía

Casa Real ha emitido un comunicado oficial para informar sobre que Irene de Grecia ha fallecido este 15 de enero a los 83 años de edad. Una pérdida muy dolorosa para la familia del rey Felipe VI.
Muere la princesa Irene de Grecia, dejando sola y desolada a su hermana Sofía
Muere la princesa Irene de Grecia, dejando sola y desolada a su hermana Sofía

La princesa Irene de Grecia y Dinamarca, hermana menor de la reina emérita Sofía de España, falleció este miércoles 15 de enero de 2026 en el Palacio de la Zarzuela, donde residía desde hace décadas. Tenía 83 años y en los últimos meses había experimentado un deterioro progresivo de su salud que obligó a Sofía a cancelar prácticamente toda su agenda pública desde finales de 2025. El fallecimiento de Irene representa un golpe emocional decisivo para la familia real española y, en especial, para la reina Sofía, con quien mantuvo una relación indisoluble desde su infancia en el exilio hasta sus últimos días.

Una vida marcada por la historia desde su nacimiento

Irene nació el 11 de mayo de 1942 en Ciudad del Cabo (Sudáfrica). Sus padres, los entonces príncipes herederos de Grecia, Pablo y Federica, se encontraban allí tras huir de la Europa en guerra, lo que situó a la pequeña Irene en un contexto histórico convulso desde su primer día. Era la menor de tres hermanos: la primogénita Sofía, quien años después sería reina de España, y Constantino, último rey de los helenos.

Pese al carácter trágico que envolvió la historia reciente de Grecia, Irene creció en un ambiente culturalmente rico. Desde muy joven destacó por su inteligencia, su sensibilidad artística y un marcado espíritu independiente. Estudió música de forma profesional —era una pianista de talento reconocido— y también arqueología, disciplina que compartió con Sofía, con quien siempre mantuvo un fuerte vínculo académico y emocional.

La caída de la monarquía griega y los sucesivos exilios marcaron profundamente a los tres hermanos. Tras el golpe de los coroneles en 1967, Irene y su madre, la reina Federica, vivieron largas temporadas en Europa y, de manera muy significativa, en India, país donde la princesa encontró un espacio de espiritualidad, silencio y reflexión que terminaría definiendo su vida adulta.

Una princesa discreta, culta y profundamente espiritual

Irene nunca contrajo matrimonio ni tuvo descendencia. Ella misma aseguraba que su vocación no era la vida familiar, sino el conocimiento, la cultura y la ayuda humanitaria. Ese talante independiente la hizo conocida por su sencillez, su carencia absoluta de vanidad y su carácter reflexivo, rasgos que la convirtieron en una figura apreciada, aunque poco expuesta mediáticamente.

En 1986 fundó la organización filantrópica Mundo en Armonía, dedicada a proyectos educativos y sanitarios en países empobrecidos. Bajo su impulso, la entidad financió becas, programas escolares y misiones médicas tanto en África como en Latinoamérica y Asia. Irene viajó durante años con discreción, sin acompañamiento institucional ni protagonismo, siguiendo un modelo filantrópico más cercano a la cooperación directa que a la representación diplomática tradicional de la realeza.

Su afición por la naturaleza, los animales y los fenómenos astronómicos y científicos formaba parte de su personalidad pública. Era conocida su curiosidad por la vida extraterrestre, sus largas charlas con científicos y su célebre frase —recogida en más de una biografía— según la cual “ver un ovni no sería más sorprendente que ver un cometa”. También era famoso su amor por las vacas, a las que, según contaban quienes la trataron, les hablaba como si fueran viejas amigas.

España, su hogar permanente

Desde principios de la década de los noventa, Irene vivió prácticamente de forma estable en España. Tras la muerte de su madre en 1981, ella y Sofía reforzaron todavía más una relación ya extraordinariamente cercana. La princesa se instaló en la Zarzuela en un pequeño apartamento dentro del complejo residencial, donde convivió durante años con su hermana en un ambiente de privacidad, disciplina y discreción absoluta.

Su presencia en actos públicos fue siempre limitada. Solo acudía a determinados conciertos, exposiciones o eventos culturales, casi siempre junto a la reina Sofía. Sin embargo, funcionarios de la Casa Real y trabajadores del palacio la consideraban una figura diaria, amable, educada y con un humor fino que contrastaba con su vida reservada.

A pesar de su posición, Irene mantuvo durante toda su vida un estilo austero: vestía casi siempre de manera sencilla, evitaba los flashes y rehusaba entrevistas. Su compromiso con la espiritualidad y la lectura la convirtió en una especie de “erudita silenciosa” dentro del entorno real español.

Los últimos meses de su vida y el deterioro irreversible

En los últimos años, la salud de Irene se había debilitado de forma progresiva. Problemas de movilidad, dolencias crónicas y posteriormente un deterioro cognitivo hicieron que redujera al mínimo sus salidas. A finales de 2025, su estado se agravó y la reina Sofía comenzó a cancelar la mayor parte de sus compromisos. Sus apariciones públicas disminuyeron notablemente, algo que no pasaba desapercibido para los observadores de la Casa Real.

El 15 de enero, a media mañana, Irene falleció acompañada por su hermana y por personal médico. Para Sofía —quien ya había afrontado la muerte de su íntima amiga Tatiana Radziwill solo unas semanas antes— la pérdida supone un vacío emocional incalculable.

Repercusiones para la familia real española

Aunque Irene nunca desempeñó un papel institucional en España, su presencia formó parte del día a día del ámbito privado de la Casa Real durante décadas. Su desaparición impacta directamente en la reina Sofía, que ahora queda sin su principal apoyo personal y sin la compañera que compartió con ella los momentos más duros y también los más luminosos de la familia.

La Casa Real anunciará en las próximas horas los detalles del funeral. Se prevé un servicio íntimo en España, seguido de un posible traslado de sus restos o parte de ellos a Grecia para ser enterrados junto a sus padres y otros miembros de la monarquía helena, aunque esta decisión aún no se ha hecho pública.

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