"Mandos del CESID investigaron durante meses todos los recovecos de la vida de Letizia"
Según recoge Lecturas, cuando conocimos a Letizia Ortiz en 2003, la Casa Real ya contaba con un extenso informe secreto sobre ella. Decenas de páginas que hablaban de su trayectoria personal y profesional, entorno familiar y social, vínculos económicos, políticos o internacionales relevantes, exposición pública e, incluso, posibles riesgos de presión, extorsión o manipulación.
El resultado no gustó nada a Juan Carlos I. Una mujer de clase media con pasado: divorciada y periodista. “¿No entiendes que le contará a todo el mundo lo que pasa en esta casa?”, exponía el entonces rey. La respuesta de don Felipe fue tajante: "Si no soy feliz tampoco podría ser un buen rey, y es o Letizia o nada".
Cuando su relación con el entonces Príncipe de Asturias se hizo pública en 2003, Letizia era una figura conocida como la presentadora de los informativos de TVE. Ese perfil, moderno e independiente, contrastaba con el modelo tradicional de consorte real y generó una atención mediática sin precedentes. El anuncio del compromiso no solo marcó el inicio de una nueva etapa personal para ellos, sino también el comienzo de un proceso institucional complejo: la incorporación de una nueva persona a la Familia Real que podría hacer tambalear la Corona.
La investigación del CESID a Letizia
Pilar Eyre, experta en realeza, recordaba en las páginas de la revista Lecturas que daba "vergüenza ajena" leer las primeras informaciones que aparecieron sobre Letizia. "Se publicó que su primer matrimonio estaba anulado por la Iglesia, que medía 175 centímetros, que era la mejor periodista de su generación y pertenecía a una saga al nivel de los Luca de Tena o los Godó...", enumeraba.
Esto solo respondía a lo que desde la Casa Real quería que se hablara de ella. "Se aplicó desde el principio una censura estricta a todo lo que atañía a la futura princesa de Asturias. Se confiscaron las cámaras de los fotógrafos que hacían guardia en las viviendas de los familiares, se habló con amigos y compañeros para que no dieran declaraciones, se ordenó que el noviazgo no apareciera en los programas del corazón, sino en los informativos...", recuerda.
Eyre asegura que "mandos del CESID de máxima confianza investigaron personalmente durante seis meses todos los recovecos de la vida de Letizia Ortiz" antes de que su noviazgo con don Felipe trascendiera a la esfera pública. Su objetivo no era otro que el de adelantarse para "destruir lo que pudiera hacerle daño o neutralizar lo irremediable".
Las cláusulas de su histórico contrato matrimonial
En su mayoría, los matrimonios reales suelen ir acompañados de una serie de capitulaciones matrimoniales. Un pacto legal entre los novios que se realiza previo a la boda y tiene como objetivo regular los bienes y condiciones económicas ante un hipotético divorcio. De esta manera se protege el patrimonio real. "Redactaron un contrato matrimonial leonino con cláusulas concretas sobre divorcio, muerte, segundos y terceros casamientos e hijos", asegura Pilar Eyre en Lecturas.
Un contrato que dejó a doña Letizia fuera de juego. Tras la firma y "para consolarla", los abogados le dijeron: “No te preocupes, en caso de separación quedarás mejor que Lady Di”. A pesar de las especulaciones, lo cierto es que el contenido de este documento es un secreto de Estado.
El papel de los servicios secretos
La seguridad del Príncipe de Asturias siempre ha sido considerada una cuestión de Estado. No se trata únicamente de su protección física, sino también de la preservación de la estabilidad institucional y de la imagen de la Corona.
En ese contexto, los servicios de inteligencia españoles (el CESID y CNI) han tenido históricamente entre sus funciones la prevención de riesgos potenciales que pudieran afectar a la Jefatura del Estado o a su sucesión. Aquí es donde entra en juego la investigación que se hace a todos los miembros de la Familia Real y su entorno.
Según expertos en inteligencia y seguridad institucional, era habitual que las personas que entraban en el círculo cercano de los miembros de la Familia Real y, es especial, del heredero —amistades o parejas estables — fueran objeto de evaluaciones discretas. Estas no respondían necesariamente a sospechas concretas, sino a protocolos de prevención comunes en muchas monarquías y jefaturas de Estado europeas. De la misma forma ocurre en la actualidad con Leonor y Sofía.