Castilla-La Mancha supera los 152.000 autónomos en el primer semestre
El trabajo autónomo en Castilla-La Mancha cierra el primer semestre de 2026 con 152.249 afiliados a la Seguridad Social, tras sumar 2.570 trabajadores por cuenta propia entre enero y junio, un crecimiento del 1,7% en seis meses.
La Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA) valora positivamente la evolución del colectivo, aunque reclama una fiscalidad más equilibrada entre los autónomos que tributan por el IRPF como personas físicas y los que lo hacen a través de sociedades, cuyo número no deja de aumentar en toda España.
Castilla-La Mancha sumó 2.570 trabajadores autónomos entre enero y junio de 2026, lo que elevó la cifra de afiliados por cuenta propia a 152.249 al cierre del primer semestre, según los últimos datos de afiliación a la Seguridad Social analizados por UPTA. El crecimiento fue continuado mes a mes, con incrementos registrados en cada uno de los seis periodos analizados, desde los 149.679 afiliados de enero hasta los 152.249 de junio.
La región partía de 149.679 autónomos a comienzos de año y cerró el semestre con un avance del 1,7%, en línea con la tendencia nacional. España pasó en el mismo periodo de 3.420.468 a 3.490.048 trabajadores por cuenta propia, consolidándose por encima de los 3,49 millones y sumando cerca de 70.000 nuevos autónomos desde enero.
Más de 21.300 autónomos generan empleo asalariado en la región
Uno de los indicadores más relevantes para medir el impacto económico real del colectivo es el número de autónomos que cuentan con trabajadores asalariados a su cargo. En Castilla-La Mancha, esta cifra pasó de 21.198 en enero a 21.327 en junio, lo que supone 129 autónomos empleadores más en el semestre, un incremento del 0,6%.
A escala nacional, el dato resulta aún más significativo: los autónomos con asalariados crecieron en 15.841 personas entre enero y junio, hasta alcanzar los 489.396, y en junio mantenían un total de 1.155.338 puestos de trabajo por cuenta ajena. Por dimensión de negocio, 255.960 de estos autónomos tenían un solo asalariado, mientras que 55.642 contaban con cinco o más trabajadores.
Para UPTA, estos datos evidencian que el trabajo autónomo trasciende el autoempleo y constituye un motor directo de generación de empleo por cuenta ajena que debe ocupar un lugar prioritario en el diseño de políticas públicas dirigidas al colectivo.
El tirón de los autónomos vinculados a sociedades
El fenómeno más destacado del primer semestre a nivel nacional es el crecimiento de los trabajadores autónomos vinculados a sociedades. Sumando socios de sociedades y miembros de órganos de administración, España pasó de 1.110.376 en enero a 1.131.752 en junio, lo que supone 21.376 autónomos más en esta categoría, un incremento del 1,9%. En junio, este grupo representaba ya aproximadamente el 32,4% del total de trabajadores autónomos del país.
El crecimiento se concentró sobre todo entre los miembros de órganos de administración, que aumentaron en 18.472 personas, frente a los 2.904 nuevos socios de sociedades.
Eduardo Abad, presidente de UPTA España, señaló que esta evolución merece una reflexión específica. "El crecimiento de los autónomos societarios es, sin duda, una realidad que se puede resumir en una cuestión fundamental: la fiscalidad que tienen las sociedades es mucho más laxa que la de los autónomos que tributan a través del IRPF", afirmó.
UPTA reclama una fiscalidad equilibrada
Abad subrayó que "cuando vemos que los autónomos vinculados a sociedades aumentan en más de 21.000 personas en apenas cinco meses y que ya superan los 1,13 millones, estamos ante una realidad que merece un análisis fiscal en profundidad". A su juicio, la decisión de operar como autónomo persona física o a través de una sociedad "debería responder fundamentalmente a las necesidades, características y dimensión del negocio, y no estar condicionada por una fiscalidad más favorable para una determinada fórmula jurídica".
UPTA considera que los datos del semestre revelan la enorme dimensión económica y laboral del colectivo y reclama que las políticas públicas no se midan exclusivamente por el número de altas, sino por su capacidad para favorecer actividades viables, con mayor supervivencia, capacidad de inversión y potencial de generación de empleo. "El verdadero objetivo tiene que ser conseguir actividades autónomas sólidas, competitivas, capaces de crecer y de generar empleo. Los datos demuestran que el trabajo autónomo sigue siendo una pieza esencial de nuestro tejido productivo", concluyó el presidente de la organización.