Acusaciones del juicio de Nohales inciden en la "alevosía" que niega la defensa
La Audiencia Provincial de Cuenca abrió este lunes el juicio por el crimen machista de Nohales con la constitución del jurado, integrado por cuatro hombres y cinco mujeres, además de dos suplentes, ambas mujeres. Este tribunal ciudadano deberá determinar la responsabilidad penal de C.B.R., acusado de asesinar a su expareja V.C.A.S. y de intentar matar a M.C., el hombre que la acompañaba en la vivienda donde se desarrolló la agresión.
La Fiscalía imputa al procesado asesinato, asesinato en grado de tentativa, quebrantamiento de condena y allanamiento de morada, delitos por los que solicita una pena que podría alcanzar hasta 40 años de prisión. Está previsto que la vista se prolongue hasta el 16 de enero.
Las acusaciones hablan de una agresión finalista y ejecutada con alevosía
En los alegatos iniciales, Fiscalía y acusaciones particulares coincidieron en que los hechos deben calificarse como asesinato porque el acusado actuó con alevosía. Recordaron que, tras una primera agresión a cuchilladas, C.B.R. “remató” a Cristina cuando ya estaba desangrándose en el suelo, un golpe que una de las letradas comparó con cómo “se descabella a los toros”.
Para ellas, el ataque demuestra un comportamiento consciente y directo orientado a asegurar el resultado mortal, lo que justificaría una pena de 25 años por asesinato consumado, frente a los 15 que podría comportar un homicidio. Subrayaron también la existencia de una “continuidad delictiva” en los incumplimientos reiterados de la orden de alejamiento que pesaba sobre él.
El abogado de M.C. solicitó al jurado que valore si el acusado actuó de forma premeditada, reforzando así la calificación de asesinato y tentativa de asesinato.
La defensa niega la alevosía y sostiene que C.B.R. actuó bajo un grave deterioro mental
La defensa rechazó por completo que existiera alevosía y planteó que la muerte debe considerarse un delito de lesiones con arma blanca en concurso con homicidio imprudente, mientras que las heridas de M.C. constituirían un delito de lesiones, no una tentativa de asesinato.
La abogada defensora centró su exposición en la adicción del acusado a las drogas, el alcohol y el juego, señalando que consumía un gramo de cocaína diario en el periodo previo al crimen. Aseguró que la ruptura con la víctima agravó su deterioro emocional, motivo por el que ingresó en el programa de Proyecto Hombre. Desde marzo de 2022 disfrutaba de salidas sin vigilancia, y en una de ellas se produjo el crimen.
Según la defensa, el día antes de los hechos el acusado abandonó una comida familiar “movido por el síndrome de abstinencia”. Se dirigió a la finca de Nohales con intención de buscar dinero u objetos de valor, aprovechando una copia de las llaves hecha con anterioridad. Al encontrarse a la víctima con otro hombre, entró en un estado “fuera de sí”, regresó a casa de su madre, se hizo con un cuchillo, y volvió después a la vivienda con sus capacidades volitivas “anuladas”.
Tras el ataque, habría intentado suicidarse, provocándose varias puñaladas en el abdomen hasta que fue interceptado. La defensa pidió al jurado que analice si tenía capacidad plena para comprender y dirigir sus actos y reprochó al servicio de salud las “trabas” para acceder a la información clínica que permitiría acreditar su consumo.
Las primeras declaraciones evidencian dos relatos enfrentados
Tras los alegatos, la mañana concluyó con la constatación de dos explicaciones opuestas: la de una acusación que describe un crimen ejecutado con plena conciencia y voluntad de matar, y la de una defensa que presenta a C.B.R. como un hombre dominado por la adicción, con un deterioro mental que habría eliminado su capacidad para actuar de forma intencional.
El contraste se intensificaría durante la tarde, con un bloque extenso de agentes de la Guardia Civil que reconstruyeron al detalle la secuencia del crimen y los movimientos del acusado.
El primer patrullaje: un herido saltando la verja y el acusado saliendo por la puerta
Los primeros en declarar fueron los agentes del puesto de Villar de Domingo García, que llegaron a la finca en torno a las 00:30–01:00 horas. Todo permanecía en silencio hasta que vieron a M.C. saltar la verja perimetral de la finca mientras, simultáneamente, C.B.R. salía por la puerta principal.
Según su testimonio, ambos forcejearon frente al coche patrulla. Un agente redujo a M.C., quien apenas pudo decir: “el malo es el otro, que lleva un cuchillo”, y alertar de que dentro había una mujer herida.
Los guardias accedieron a la vivienda y hallaron a V.C.A.S. con múltiples heridas, entre ellas una en el cuello. Mientras atendían a la víctima, llegó la hermana del acusado, quien había llamado a la Guardia Civil explicando que su hermano se dirigía a la finca tras enterarse de una infidelidad.
Pocos minutos después, recibieron la comunicación de que el agresor había sido detenido por agentes de Tráfico. Los intervinientes señalaron que los servicios sanitarios tardaron en llegar y que, una vez en la finca, atendieron primero al acusado debido a la gravedad de sus autolesiones, mientras que la mujer ya no presentaba signos de vida.
Los agentes insistieron en que no observaron signos de lucha en la vivienda. Uno de ellos afirmó que creía recordar que el acusado llevaba guantes, aunque no lo aseguró. Coincidieron en que C.B.R. se acuchilló a sí mismo y llegó a pedirles que le dispararan.
La persecución a pie: un acusado armado, desorientado y autolesionado
Los agentes del destacamento de Tráfico explicaron que fueron requeridos inicialmente por “una situación de violencia doméstica”, recibiendo más detalles mientras se acercaban. Al llegar, encontraron al acusado dentro de su vehículo. En cuanto los vio, corrió hacia unos setos y emprendió una huida a pie.
Cuando comprobaron que llevaba un cuchillo, le apuntaron con sus armas y le ordenaron que lo soltara. El acusado se autolesionó, rogó a los agentes que le dispararan “para que terminara todo”, y finalmente cayó al suelo, debilitado. Fue entonces cuando procedieron a la detención. Afirmaron que lo vieron “desorientado”.
El atestado sitúa al acusado acechando y duplica la versión de M.C.
El agente encargado del atestado explicó que la investigación permitió reconstruir los movimientos del acusado. Una cámara de seguridad captó su vehículo saliendo de Nohales hacia Cuenca para recoger el cuchillo con el que, según el informe, atacó después a las víctimas.
Indicó que el acusado acechó a la víctima durante las horas previas y dejó su vehículo abierto para facilitar la huida, aunque no pudo marcharse porque se le cayeron las llaves dentro de la vivienda. El volcado del teléfono de la víctima reveló mensajes en los que C.B.R. la amenazaba con suicidarse si lo dejaba. El acusado no facilitó el código de su móvil, impidiendo su volcado.
El atestado recoge también el pago de las copias de las llaves de la vivienda de Nohales. Sobre su estancia en Proyecto Hombre, el agente afirmó que ninguna de las personas del entorno mencionó una recaída en el consumo.
El informe incorpora la declaración de M.C., quien relató que el acusado irrumpió por sorpresa en el dormitorio diciendo “os voy a matar a los dos”, tras lo cual acuchilló a la mujer y se enfrentó a él antes de que pudiera huir saltando la verja.
El análisis técnico: ADN, restos biológicos y posición del vehículo
Los agentes de criminalística explicaron que los indicios de criminalidad se concentraban en la planta baja, cerca de la chimenea. Tomaron muestras biológicas y fotografiaron las lesiones de la víctima. El coche del acusado estaba estacionado con acceso directo a la vivienda, lo que, según dijeron, facilitaba la reconstrucción del recorrido del procesado desde el vehículo hasta el punto donde fue detenido, gracias a los restos de sangre que dejó a su paso.
En la casa se encontraron las llaves del vehículo, lo que confirmó que no las llevaba cuando emprendió la huida. El cuchillo fue analizado en laboratorio, donde se hallaron una horquilla y restos de cabello.
Cierre de la primera jornada
Con el bloque policial, la primera jornada del juicio concluyó con una imagen nítida de la distancia entre los dos relatos enfrentados. Por un lado, las acusaciones sostienen que el acusado actuó con plena deliberación, asegurando el resultado mortal y tratando de huir después. Por otro, la defensa insiste en que su deterioro mental, agravado por la adicción, impidió que actuara con intención homicida.
El juicio continuará este martes con nuevas declaraciones que deberán aclarar la secuencia de los hechos y la situación psíquica del acusado en el momento del ataque.