Muere Julio Escudero, el último pescador de las Tablas de Daimiel

Muere Julio Escudero, el último pescador de las Tablas de Daimiel - EFE

Julio Escudero, considerado el último pescador tradicional de Las Tablas de Daimiel, ha fallecido en Daimiel (Ciudad Real) a los 97 años. Con su muerte desaparece una de las figuras más representativas de la vida ligada históricamente a este humedal manchego, en el que nació en 1930 y al que permaneció unido durante toda su existencia.

El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, le despidió en redes sociales con un mensaje de homenaje: "Con él se marcha también una forma de entender la vida, pegada a la tierra y al agua de nuestro Parque Natural". Antiguos responsables de la gestión del parque le han recordado como guardián indispensable de su memoria y como inspiración para décadas de conservación.

Julio Escudero Rodríguez nació en 1930 en Daimiel (Ciudad Real), en el seno de una familia de pescadores que vivía directamente de los recursos de Las Tablas, el singular humedal manchego formado por la confluencia de los ríos Guadiana y Cigüela. Desde niño aprendió el oficio junto a su padre, en unas condiciones que él mismo describía siempre como duras: madrugadas de hielo, jornadas interminables y un trabajo físico exigente que hoy resulta difícil de imaginar. "Pasaba muchísimo frío", recordaba al evocar aquellas noches en las que tenía que calentar las manos como podía para seguir manejando el trasmallo.

Durante décadas, Escudero capturó carpas y cangrejos que después vendía en Daimiel y que formaban parte esencial de la alimentación local. Entre todas las especies, el barbo comizo —al que él llamaba con cariño "picarro"— ocupaba un lugar especial, tanto por su sabor como por su abundancia en los años de esplendor del humedal. La pesca no era solo un medio de vida: era la única opción para muchas familias que habitaban en el entorno de Las Tablas, en una economía de subsistencia estrechamente vinculada al ciclo del agua y las estaciones.

El barbo comizo que volvió a sus redes tras tres décadas

Uno de los episodios más simbólicos de su larga vida se produjo cuando tenía 86 años: Escudero volvió a sacar de sus redes un ejemplar de barbo comizo, una especie sin presencia documentada en el parque durante más de treinta años. Aquel hallazgo inesperado lo vivió con emoción visible. Tras observar el pez durante unos instantes —contemplando en él algo que iba más allá de la mera captura—, decidió devolverlo al agua. Lo interpretó como una señal de recuperación del ecosistema, un gesto de esperanza que él mismo consideraba uno de los momentos más hermosos de su relación con Las Tablas.

En sus recuerdos también ocupaba un lugar emocionalmente central su mujer, Pascuala Rodríguez de Guzmán, a quien siempre se refería como "su rica". Con ella compartió vida y también algunos de los últimos momentos ligados a la pesca, como aquel en el que ambos comieron juntos los últimos barbos comizos que capturó en el Guadiana, una escena que Escudero evocaba siempre con especial ternura.

Testigo directo de la desecación del humedal

La vida de Julio Escudero está íntimamente ligada a la transformación de Las Tablas de Daimiel, de la que fue testigo directo e involuntario. Vivió en primera persona el proceso de desecación del humedal, la apertura de canales y la sobreexplotación de los acuíferos que alteraron profundamente el equilibrio natural del entorno a partir de la segunda mitad del siglo XX. Recordaba cómo las máquinas comenzaron a abrirse paso por un paisaje que hasta entonces solo conocía barcas y senderos de agua. Muchas familias abandonaron entonces la zona en busca de trabajo en el campo o en la ciudad. Él, sin embargo, se quedó. "Yo de aquí no he salido a ningún lado", afirmaba, con la sencillez de quien no concebía otro modo de existir.

Tras la declaración del parque nacional en 1973, pasó a formar parte de la plantilla del espacio protegido, donde trabajó hasta su jubilación. Dejó así de ser pescador para convertirse en algo más difícil de definir y más valioso aún: testigo privilegiado, educador ambiental y defensor de un ecosistema frágil. En esa nueva etapa llegó a acompañar a Félix Rodríguez de la Fuente en sus grabaciones en Las Tablas, episodio que marcó la proyección nacional del humedal manchego.

Su compromiso con la conservación le valió varios reconocimientos a lo largo de los años. En 2001, el entonces presidente de Castilla-La Mancha, José Bono, le concedió la placa al mérito regional por su esfuerzo y dedicación en la defensa del humedal.

"Era un libro abierto": el legado humano de Escudero

Quienes trabajaron junto a él le recuerdan con una unanimidad que va más allá del elogio protocolario. Jesús Casas, presidente de Tragsa y exdirector conservador del parque entre 1985 y 1987, subrayó que la influencia de Escudero fue determinante para varias generaciones de gestores y técnicos. "Fue el responsable de que mucha gente se encariñara con Las Tablas por cosas que ya no se veían", afirmó. Casas recordó su llegada al parque en uno de los momentos más críticos del humedal y el papel crucial que Escudero desempeñó en ese período sombrío. "Era un libro abierto, te explicaba lo que veías y lo que no veías", señaló.

Más allá de su función como memoria viva, Casas apuntó que Escudero fue también motor material de la restauración del espacio: "Es, en parte, responsable de toda la restauración que se ha hecho allí, porque como nos iba contando cómo era aquello, a partir de ahí lo fuimos reconstruyendo". Y añadió: "Esa sensación de mantenernos a todos la ilusión por seguir trabajando se la debemos a él".

La 'casilla': un centro de decisión ambiental en forma de hogar humilde

Central en ese proceso fue también su vivienda, la conocida 'casilla' de Julio Escudero. Un espacio de apariencia sencilla —con sus recuerdos, sus utensilios, su cocina de pescador— que se convirtió, según Casas, en "uno de los mayores centros de concentración ambiental que ha habido". Por allí pasaron conservacionistas, técnicos, científicos, ministros y presidentes del Gobierno. "Con todos era igual", recordó el exdirector. "Allí se ha ilustrado mucha gente y se han tomado decisiones importantes, en la sencillez de un guiso o de un vino."

José Jiménez, exdirector de Parques Nacionales y del Parque Nacional de Cabañeros, destacó la dimensión humana de Escudero y su papel como guardián de la memoria. "En su casilla el tiempo tenía otro pulso", señaló Jiménez, quien subrayó que Escudero evocaba el pasado "como si al nombrarlo lo mantuviera a salvo del olvido".

Alejandro del Moral, que fuera director del Centro del Agua en Daimiel, le definió directamente como "un maestro" y uno de los mayores conocedores del humedal. Del Moral destacó su capacidad extraordinaria para interpretar la naturaleza: "Reconocía a los patos por el sonido de sus alas, sabía cuándo llegaban las garzas imperiales o dónde criaban los fumareles". Y añadió que se emocionaba con cosas sencillas —"un nido o el vuelo de un ave"—, con una generosidad para compartir su conocimiento que describió como innata: "Con una sabiduría innata para relatar".

García-Page le despide como símbolo de una forma de vida

El presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, publicó un mensaje de condolencia en su cuenta de la red social X en el que lo describió como "el último barquero y pescador de las Tablas de Daimiel". García-Page subrayó que con su muerte "se marcha también una forma de entender la vida, pegada a la tierra y al agua de nuestro Parque Natural", y trasladó su abrazo a la familia de Escudero y a toda la localidad de Daimiel. El presidente también recomendó la lectura del libro que Escudero publicó en vida —Flor Ribera. La gente del río en La Mancha— como "quizá, la mejor manera de honrar su memoria".

Hasta sus últimos días, Julio Escudero mantuvo la costumbre de acercarse al agua. Sabía, con la certeza de quien ha dedicado una vida entera a escuchar un paisaje, que nadie como él era capaz de interpretar la vida de ese humedal. Con su muerte, Las Tablas de Daimiel pierden al último hombre que las conoció antes de que el mundo las cambiara para siempre.