Pobre alegría
La exministra Pilar Alegria lo tiene cada vez más difícil, no solo ganar en Aragón, si no conseguir que el PSA no se convierta en una fuerza testimonial. Después de dar muchos cambios de "amigos", de apoyar a otro candidato en las primarias que devolvieron el poder a Sánchez, acabó siendo su más inquebrantable colaboradora. Y eso, ahora, no ayuda.
El Aragón de Lamban, claramente enfrentado a las pretensiones catalanas, de exigencias al Estado de un trato diferenciado, ha calado en los votantes, y la defensa de los acuerdos con ERC y Junts, tantas veces explicados y apoyados por Alegría, tampoco ayuda. No parece servir de mucho esa reivindicación de sus raíces, su pueblo, la vuelta al hogar que ahora vende con tanto entusiasmo, y menos si en los mítines le acompaña Pedro Sánchez. El acuerdo con Mercosur, tan impulsado desde Moncloa, tiene al campo maño en pie de guerra, y Abascal y su candidato creen haber encontrado un semillero de votos.
Por último, su "buena relación" con Paco Salazar, el asesor de Sánchez acusado de acoso sexual, y al que no se puso freno pese a las denuncias de las trabajadoras de su equipo, tampoco ayuda a atraer el voto de las aragonesas. Y ya, como si faltara un contratiempo más, el accidente de Adamuz y el aprovechamiento político que el PP quiere hacer de la tragedia hunde sus expectativas. Los partidos pequeños como Teruel Existe, la Chunta, Podemos-Alianza Verde, o Sumar, intentan captar ese voto de izquierda que se le escapa al PSOE. Así que todo apunta a que el PP volverá a ganar, pero necesitando, puede que más incluso, a Vox. De momento, de nada les ha servido a los barones de Feijoo adelantar los comicios para tener que seguir atados a la extrema derecha.
Tal vez, por eso, su candidato, Jorge Azcón, está haciéndose acompañar por Isabel Díaz Ayuso que, con su discurso agresivo contra el Gobierno, compite en ideología y formas al mismo nivel que Abascal. Azcón quiere demostrar que no hacen falta los ultras en su Gobierno. Que él se basta sólo. Como consiguió Ayuso en Madrid. El problema es que Abascal se ha instalado en su territorio y no deja a su candidato ni a sol ni a sombra y es él quien ratifica sus propuestas contra la inmigración y a favor de las costumbres del mundo rural. Solo le falta volver a salir a lomos de un caballo cual Cid Campeador.