Nietos no, turistas sí
Los nietos de exiliados españoles que perpetúan en sus personas el amargo destierro de sus mayores no le hacen mucha gracia a la derecha española. Antes, cuando esa derecha se adscribía formalmente a los supuestos reconciliatorios de la Transición, sí, pues se sumó al acuerdo general para concederles, reconocerles más bien, la nacionalidad española, pero ahora, según se ha ido asilvestrando y haciéndose montaraz esa derecha guiada por Vox, lo de la llamada Ley de Nietos le huele a cuerno quemado y afea al Gobierno que "se de tanta prisa" en que se cumpla. Casi todos los países tienen una ley de nietos, pero éstos nietos nuestros perdidos por el mundo, descendientes en buena parte de abuelos republicanos, lo mismo cuando puedan no votan al tinglado ultra que proclaman vencedor todas las encuestas.
Nietos no, e inmigrantes regularizados, disfrutando de todos los derechos y deberes que otorga la condición de ciudadanos, y no de esclavos, tampoco. Lo dice la "prioridad nacional", ese espantajo ilegal, inhumano y racista al que Moreno Bonilla, y antes que él todos los barones regionales del PP, se ha sometido para conservar el poder en Andalucía. La "prioridad nacional", el equivalente al supremacismo blanco trumpiano, sale así al paso de la infernal estrategia del íncubo Pedro Sánchez para irse fabricando votantes por gratitud a la merced recibida. Nietos no, trabajadores extranjeros con derechos tampoco, pero en ésto último tal vez no opere enteramente la xenofobia: los turistas, que son extranjeros también, pero con perras, cuentan con todas sus bendiciones.
Cien millones de turistas, que se dice pronto, inundarán éste año los hoteles, las calles, las playas y los pisos donde antes residían los nacionales expulsados de ellos. Tocamos a dos turistas por cabeza, incluidas las cabezas de los inmigrantes que han de servirles. El beneficio económico de semejante invasión irá a parar, no hace falta decirlo, a pocas pero extractivas manos, las de las grandes cadenas hoteleras y de hostelería, y a los fondos de inversión del ramo, quedando las migajas para la gente que ha de soportar el insoportable fenómeno. Nietos de españoles no, pero turistas sí, muchos, muchos, que aún podemos apretarnos más para que quepan.