La baliza
Nadie sabe a ciencia cierta para qué sirve la baliza V16, de uso obligatorio a partir del 1 de enero: ¿para que no se vean sus destellos luminosos a la luz del día?, ¿para que, en el caso de ponerla en acción de noche o en un día nublado, sólo se perciba bien en horizontal debido a su diseño achaparrado?, ¿para que sea dudosamente práctica en las curvas?, ¿para darle vidilla al sector fabricante de balizas? Los que la defienden dicen que sirve para que en caso de avería o accidente se sepa dónde está uno, gracias a su función geolocalizadora, pero en caso de avería o accidente lo mejor es que sea uno el que sepa dónde está y que los que en ese momento circulen cerca, también lo sepan.
Si uno no sabe dónde está en caso de avería o accidente, tampoco sabrá dónde demonios lleva guardada la baliza, y si no la encuentra, tampoco le encontrarán a él los que supuestamente tienen que geolocalizarle. La ventaja de no tener que salir del coche para activarla, pues se plantifica a modo imán, como las de la policía secreta, en el techo, sería apreciable si se lleva a mano, pero ¿queda espacio en el salpicadero o en la guantera para colocar una baliza y llevarla allí todo el rato? El propósito es bueno, evitar los atropellos que a veces se producen al salir el conductor del auto averiado, pero sin baliza también se pueden evitar, mirando bien antes de salir si viene alguien.
Ahora bien; lo peor de la baliza V16 es, sin duda, que destierra a los clásicos triángulos reflectantes, que, colocados como se debe, avisan perfectamente de la incidencia. El inconveniente de la sustitución del triángulo por la baliza se agrava por la circunstancia, más que previsible, de que ésta se acabará llevando en el maletero, como los triángulos, con lo que lo de no tener que salir del automóvil queda en agua de borrajas. Claro que con ser importante, casi decisivo, no es éste el único inconveniente: son caras. Y, además, sólo algunas están homologadas y las otras no valen.
Tan peregrina es la utilidad de la baliza V16 que hasta el mismísimo director general de Tráfico, el bueno de Pere Navarro, empieza a tener dudas, si bien las expresa abriéndose a la posibilidad de combinar su uso con el de los triángulos, indultándolos así del ominoso destierro. Pero si se va a poder seguir usándolos, ¿a qué viene la absurda intrusión de la baliza, esa cosa que a la luz del día apenas se ve, y de noche no se encuentra?