Vamos a contar dinosaurios
Como al despertar el dinosaurio seguía allí, el durmiente recién despierto seguía dándole vueltas al asunto. Y es que el asunto era y es propiamente una cuestión bizantina, que precisamente tiene mucho que ver con dinosaurios y jarrones chinos.
La "cuestión bizantina" -aclaremos- es el polo opuesto del "meollo de la cuestión". La primera tiene que ver con la forma, y la segunda tiene que ver con la sustancia.
Así que me dio -yo era el durmiente- por preguntarme en un diálogo interno, si la forma en que Trump mezcla su presidencia con sus negocios privados y familiares, con su mujer por ejemplo presidiendo una sesión de la ONU al mismo tiempo que su marido y socio ejecutaba una matanza de niñas en una escuela de Irán (país con petróleo); o el caso de su yerno, beneficiándose del genocidio cometido en Gaza, además de otros negocios colaterales en la región ¿Es tráfico de influencias o solo lobby?
He ahí la cuestión bizantina.
Por cierto, entre aquellos que deciden las guerras, y el jugoso negocio de las armas ¿Se verifica un tráfico de influencias que nos permita imputarlos?
Los que apoyan esas guerras, incluso ilegales ¿Participan de dicho negocio y de dicho tráfico?
E igualmente quise preguntarme, en ese duermevela inquisitivo, si la íntima compenetración de intereses, con financiación a espuertas de su carrera presidencial y negocios turbios beneficiosos para ambas partes, verificada entre los milmillonarios tecnofascistas y el propio Trump (famoso empresario corrupto antes de ser presidente), puede ser considerado también un caso de tráfico de influencias o es solo un ejemplo del pulcro y honesto oficio de lobista.
Y todos estos interrogantes cuya respuesta no parece complicada (por más bizantina que se nos presente la cuestión), surgen al hilo de esa colaboración tan generosa y sorprendente de Trump y su administración tecnofascista con la justicia española en el caso concreto de Zapatero, definido provisionalmente dicho caso como tráfico de influencias.
Recordemos que en todo lo demás, Trump intenta perjudicarnos como país todo lo que puede. Así que contrasta bastante su ánimo obsesivo con hacer daño a España, con esta colaboración generosa en el caso Zapatero.
¿El ciego guiando al ciego? ¿Un experto ejecutor del tráfico de influencias y otras corruptelas, Trump, ayudando a la justicia de un país que odia -España- en esta materia?
Suena raro. Suena sorprendente.
¿De verdad puede el corrupto mayor del orbe ayudarnos en esta labor?
Igual que resulta raro el caso Zapatero enfocado en su singularidad y resaltado con la nota adhesiva "primer expresidente imputado". Porque la singularidad del foco es lo que más sorprende y llama la atención cuando nos movemos en este terreno resbaladizo, con una larga serie de casos donde escoger. Casos sobre los que no se puso el foco, antes al contrario la justicia apartó la mirada.
Y como estamos reflexionando sobre el mundo trumpiano (epítome del mundo neoliberal), sus tráficos de influencias, sus máscaras y camuflajes, sus videos falsos hechos con inteligencia artificial, que el propio Trump publica para generar confusión y odio, sus masacres de inocentes y sus expolios de bienes ajenos, con sus plutócratas y tecnofascistas, que actúan como consejeros áulicos empotrados en el despacho oval, su generosa colección de embustes, y en definitiva sobre la "libertad" de robarse el petróleo ajeno y de saquear los bienes públicos a mayor gloria del lucro privado, se me viene a la mente por el motivo que sea, los nombres de Ayuso, de Quirón... (entre otros), y la imagen confusa y borrosa de máscaras y mascarillas, de pelotazos, de residencias de ancianos, de pandemias, de miles de muertos, de suministros insuficientes y comidas pobres, con más negocios turbios entre medias, y en definitiva de todo ese tráfico opaco y mortífero al que pueden poner el calificativo que prefieran, porque de hecho serán de los pocos que al mirar hacia allí, no manifiesten una ceguera repentina y parcial.
Concluyamos que el paradigma hegemónico, o sea el neoliberalismo que da forma al sistema, es puro tráfico de influencias.
La política que se lleva y que se consiente, y la expolitica también (presidentes, ministros, expresidentes, exministros...), es puro tráfico de influencias.
El "pelotazo" que alabó Alfonso Guerra como símbolo de país avanzado y deporte de la clase bien situada, se nutre precisamente del tráfico de influencias.
Cuando nuestra Constitución se abrió con nocturnidad y alevosía para que los bancos alemanes nos impusieran a los ciudadanos españoles, en una especie de derecho de pernada, el austericidio de su estafa financiera, eso fue directamente tráfico de influencias. De manera que el tráfico de influencias aparece consagrado incluso en esa violación forzada de nuestra soberanía y de nuestra Constitución.
Lo que llama la atención en el actual caso Zapatero, aparte de lo imprevisto del caso, es lo selectivo de la investigación en un ámbito de corrupción tan amplio y extenso que de hecho se ha constituido en paradigma. El paradigma neoliberal. O sea, el "sistema".
Ese desequilibrio brutal en el espectro de las investigaciones abiertas, que pone el foco en zonas muy concretas dejando otras muchas en la sombra, causa estupor y dudas.
Leyendo algunos de los párrafos del auto de acusación contra Zapatero, sobre todo en lo que se refiere al tráfico de influencias, comprobamos que se pueden aplicar literalmente a varios de los expresidentes de gobierno y exministros de España. Curioso.
Probablemente nos amenaza a raíz de este episodio chungo y su onda expansiva, una desafección con el sistema parecida a la del 15-M, y que viene a sumarse a los efectos aún perdurables de aquella otra estafa. Y este efecto no será consecuencia únicamente del resultado (un resultado contingente) de la actual investigación en el caso Zapatero, sino también y muy principalmente del evidente manejo sesgado del foco de la justicia.
Y es que el foco y quién lo maneja es tan importante como aquello que decide enfocar.
En el lenguaje judicial que ahora se estila podríamos afirmar por ejemplo que Felipe González era el "pana" dilecto de Carlos Andrés Pérez, presidente venezolano y un tipo muy poco recomendable. Amistades e influencias a ambas orillas del Atlántico. Es lo que tiene el foco.
O Aznar, el "pana" servicial de Bush, que apoyó sus crímenes de guerra en Irak con tal de poder poner los pies en la mesa del poder americano.
E igualmente puede considerarse a Aznar el "pana" de Gadafi. Aznar o como estar pluriempleado en el oficio de "pana". Más tráfico.
¿Existe aún solución para la crisis de credibilidad que se avecina y para la reparación de un equilibrio tan roto?
Se me ocurre una fantasía equilibrista con ese objetivo ingenuo: que el foco de la investigación en marcha sobre "tráficos de influencias", aproveche esta oportunidad que se nos presenta y se amplíe al resto de expresidentes y exministros, incluyendo también por supuesto a la jefatura del Estado.
Y aunque tal investigación no tuviera consecuencias penales por las prescripciones habituales con que se premia a algunos personajes poderosos, al menos serviría de ejercicio teórico para saber de que estamos hablando cuando hablamos de tráfico de influencias y así mejorar nuestra democracia.
¿Es esto posible? ¿Podemos pedir -ya puestos- para ese objetivo ambicioso de transparencia la colaboración de Trump y de la CIA? ¿Podrá permanecer el sistema en pie si no se persigue y se logra ese equilibrio del foco?
En cuanto a pedir ayuda a la CIA, admito que nos arriesgamos a un nuevo sesgo, porque obviamente la CIA no va a perjudicar a nadie que se declare de derechas y vasallo de Trump.
También podría servir el KGB. Lo digo porque si la justicia española no ha podido averiguar después de muchos años quién se esconde detrás de la anotación "M punto Rajoy", es obvio que necesitamos ayuda externa especializada.
Resumiendo: pensábamos que nuestro escándalo ciudadano por las corrupciones nacionales (esta es nuestra "prioridad nacional"), andaba desgastado y exhausto desde el inicio de su alocada carrera con el pistoletazo de la Transición. Esa Transición que heredó poder y heredó corrupción.
Pensábamos con cierta lógica que tantas décadas conviviendo y coexistiendo con pelotazos y mordidas, comisiones monárquicas y puertas giratorias, nos habrían inmunizado y convertido en amebas indiferentes, aunque solo fuera por puro cansancio. Pero no.
Estas cosas aún escuecen, y más cuando la vida se torna cada vez más complicada y difícil.
Quiero acabar esta reflexión con una transcripción amplia (disculpen) de algunos párrafos de un articulo que sin duda viene al pelo. El artículo se titula "Aburrimiento" y fue publicado por El País el 15 de enero de 2014. Lo firma Jorge
M. Reverte. Y dice entre otras cosas:
"Felipe González ha dicho que se aburre en el Consejo de Administración de Gas Natural, una de las mayores empresas de este país".
"González se expresó así para mostrar su desdén por el dinero que recibía de la empresa, unos 125.000 euros anuales por asistir a una docena de aburridas sesiones. En un país con seis millones de parados y un 25% de personas en la pobreza o en riesgo de alcanzarla, decir que se aburre de ganar dinero es un insulto a la ciudadanía. Una exhibición de poderío más propia de un banquero de los que van de cuando en cuando al talego que de un expresidente de Gobierno. Porque, además, sabemos que González ha estado acudiendo a reuniones que no deben estar mal remuneradas. Como las del grupo de Carlos Slim".
"Todo eso afecta a la estética. Pero hay otro aspecto que puede hacernos ver el asunto como una muestra de una dudosa actitud ética. Porque González ha estado aconsejando a empresas particulares en terrenos que afectan al país. Defendiendo sus intereses en sectores estratégicos, como las telecomunicaciones o la energía". "Gerhard Schröder, ahora alto ejecutivo de la poderosa Gazprom de Vladímir Putin; José María Aznar, que casi no tiene tiempo para asistir a consejos de administración; Pedro Solbes, que cobra de Barclays Bank o la energética Enel. Otros".