Una moda feroz

Hay modas alegres y modas feroces. La actual es una moda feroz.

Se ha puesto de moda decir que la democracia está acabada. Y también se ha puesto de moda decir que el derecho internacional, y con él otros derechos, incluidos los humanos, ya no rigen.

Se ha puesto de moda también afirmar que todo esto no tiene remedio ni vuelta atrás, de manera que en esto consistía la Historia detenida aquella que nos dijeron que se paraba en su éxito final.

Pero resulta que no se detenía, como dijeron aquellos profetas turbios, sobre la democracia "liberal" y la paz perpetua de Kant, sino que en realidad aspiraba a detenerse y plantarse sobre la guerra perpetua, en un mundo sin reglas y bajo la bota de un capitalismo depredador, comandado de facto por milmillonarios facciosos y tecno-oligarcas supremacistas.

Lo cual, digan lo que digan, es una moda feroz que desprecia la libertad y la democracia, y venera la fuerza. De la misma forma que el fascismo clásico veneraba la violencia, las máquinas, y la velocidad.

Quieren que todo este proceso destructor de reglas, democracias, planetas y personas, se acelere (de nuevo la velocidad) tanto como nuestras propias vidas. Que el cambio hacia el nihilismo y la nada sea rápido y letal. Y mientras tanto van diseñando, algunos financiadores de guerras rápidas y preventivas, cohetes veloces para huir a otros planetas.

Es obvio que están chiflados y son peligrosos. Es obvio que estamos viviendo ya en su distopía, y solo de nosotros depende despertar de esta pesadilla.

Porque digan lo que digan sus patrocinadores y apologistas, esta moda feroz es una moda que pasará (como otras) gracias a nuestra solidaridad, ganas de vivir, y buen juicio.

Lo peor es que mientras nos demoramos en abrir los ojos y despertar de esta pesadilla, paralizados y fascinados por el espectáculo, la distopía sigue su curso y el número de sus víctimas (de toda edad y condición), sigue aumentando.

Esas víctimas ya no despertarán de esta distopía.

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