Un placer tranquilo

Habrán observado que caminar, que es una actividad tan antigua como el hombre, se ha puesto de moda. Esto parece una paradoja. ¿Cómo es posible que una actividad tan antigua como el hombre e inherente a su condición natural de bípedo implume se ponga se moda?

Pues parece raro y paradójico pero así es: caminar, que es un placer tranquilo, que otros nombran como senderismo haciendo quizás referencia a una forma específica de caminar, se ha puesto de moda, sea esto o no una paradoja.

De la misma forma que se han puesto de moda los aditamentos de esta práctica, las mochilas, el calzado adecuado, una buena gorra o sombrero, el bastón o los bastones, que pueden ser "nórdicos" o simplemente aquel del que se disponga y sirva, junto quizás a una brújula moderna en forma de GPS (esto depende de la complejidad y distancia del paseo), complementan el ajuar ciertamente económico (si excluimos de este concepto de "económico" el GPS) que nos permiten empezar a caminar o simplemente andar. Lo cual además de rebote favorece y beneficia nuestra salud. O sea, económico, divertido, ansiolítico, y saludable.

Mover las piernas no solo mueve el corazón sino que lo alegra.

Caminar permite gozar del paisaje (sea este urbano o natural) y del mismo transcurso del tiempo, a otro ritmo. Caminando se percibe y se conoce aquello con lo que uno se topa de otra forma. Una forma más pausada, más atenta, más antigua. Una forma de percibir que habíamos olvidado en nuestra era de la velocidad. La vista, el oído, el olfato, se utilizan de forma muy distinta cuando se camina que cuando se va en coche. Ahora que es primavera es un momento adecuado para comprobar esta verdad de perogrullo.

Toda la magia de la naturaleza al alcance de nuestra mano... O de nuestros pies. El aroma de las flores, el canto de los pájaros, el sonido de la brisa o de las olas... Parece romántico y de otro mundo, pero es muy real y de este mundo que todavía habitamos. Que el futuro nos conserve esta dicha sencilla.

Yo veo en algunos que se inician en esta práctica pedestre del senderismo la ilusión y la sorpresa de los niños que aprenden a caminar. ¿Se nos había olvidado caminar y de ahí la paradoja de que caminar se haya puesto de moda y nos resulte tan grato?

Los coches y los trabajos sedentarios son elementos omnipresentes de nuestra civilización. Los que se someten a esas condiciones tan cómodas pero también tan antinaturales de nuestra forma de vida, que nos hacen olvidar y perjudica nuestros cuerpos, quizás luego intentan compensar esos tóxicos mediante la práctica de un deporte. Es un intento válido para encajar y hacer compatible lo artificial de nuestro estilo de vida con la condición natural de nuestra realidad corporal. Quiere decirse que nuestro cuerpo y a pesar del paso de los siglos y los milenios, sigue diseñado para caminar y correr. Nuestros pies no han desarrollado todavía, mediante el proceso evolutivo que describió Darwin, embrague y acelerador, sino que siguen contando con cinco dedos. De la misma forma que nuestras manos, que por cierto no sueltan el móvil, el mando a distancia, y el teclado del ordenador, siguen perfectamente adaptadas para agarrar un bastón -como antiguamente agarraban la rama de un árbol- y ayudar con un movimiento acompasado de balanceo nuestra caminata.

En resumen, nuestra forma de vida actual puede explicar un cierto olvido de una práctica tan antigua y natural como la caminata y el paseo, y su recuperación en forma de moda senderista, que intuyo está destinada a durar y a hacerse cada vez más popular, puede sonar a paradoja. Es muy probable que esta moda, de hecho tan antigua y ahora con un futuro renovado, favorezca la reducción del uso de medicamentos. El sedentarismo es muy perjudicial para nuestra salud, y ese mal puede encontrar alivio en el senderismo. Dos palabras muy parecidas (sedentarismo y senderismo) pero de efectos contrapuestos.

Hay también quizás un aspecto económico o incluso ecológico en esta moda. Si la vida es cada vez más cara y contaminante, caminar sigue siendo barato y ecológico. Cuando caminamos evitamos gastos y otras tentaciones consumistas. Para ponernos en marcha no necesitamos combustibles fósiles y tirar de la billetera, sino solo un buen desayuno y un ánimo dispuesto a gozar de un placer tranquilo. Además, después de la caminata comeremos con mejor apetito y dormiremos mejor.

Hay probablemente también una variable demográfica en todo esto: cada vez hay más gente de cierta edad que quizás no puede coger el coche o correr, pero que sí puede caminar o pasear.

Hay quien prefiere caminar solo y quien prefiere caminar en compañía. Aunque en esto también influye la circunstancia y el momento.

Cuando se camina en compañía, se dialoga y se piensa al modo antiguo, al modo de los filósofos peripatéticos. Cuando se camina en soledad también se piensa mucho y de manera profunda. Se piensa bien o incluso mejor caminando que al modo sedentario. Caminando se aclaran dudas, se resuelven problemas, se descubren pensamientos insospechados. Y aunque esta concentración reflexiva surge de manera espontánea y es uno de los atractivos de la caminata, conviene no olvidar que la caminata es también la ocasión perfecta para salirse de sí mismo y olvidarse de los problemas cotidianos, para aumentar la percepción de lo que nos rodea y empaparse del entorno, sobre todo cuando este entorno es bello o interesante. La naturaleza, que tenemos tan olvidada, siempre lo es, bella e interesante.

Quien prefiere caminar solo, probablemente ha descubierto que ese es el modo en que todos sus sentidos están disponibles y abiertos, y la forma de caminar en la que la percepción del entorno se hace más intensa. Sin embargo cuando se camina en compañía, además de socializar de forma muy grata, el detalle que no advierte uno sobre el entorno o sobre el paisaje, lo advierte otro y lo comunica al resto de los caminantes. Caminando en soledad uno adopta su propio ritmo de caminata. Caminando en compañía debe adoptar un ritmo más solidario, aunque siempre existe cuando el grupo es amplio, un margen de flexibilidad.

Se camina de manera distinta en primavera, verano, otoño, e invierno, pero en todas las estaciones se puede caminar y puede resultar muy placentero. 

Hay rutas espectaculares que aspiran al premio Nobel del senderismo, y rutas más humildes, como por ejemplo las famosas "rutas del colesterol" de las que hasta el pueblo más humilde hace gala y costumbre. Los médicos aconsejan caminar.

Hay rutas nuevas para el descubrimiento y rutas ya conocidas para el recuerdo nostálgico y gratificante. Los caminantes nos vamos haciendo un mapa mental de las rutas y paseos que hacemos. Sus detalles y sus hitos se nos hacen familiares. Regresar es recordar. En nuestra era digital se registran también y se comparten rutas a través de apps específicas. Todo un mundo este del senderismo y la caminata. La España vacía también atrae a los caminantes, y esperemos que de ese encuentro surja una atención, un cuidado, y una esperanza.

Yo diría que las instituciones son conscientes de esta tendencia y ponen su granito de arena favoreciendo y acondicionando senderos, rutas verdes, paseos fluviales, paseos marítimos, etcétera. La "vía de la Plata", la "vía de la Jara", las vías verdes... Todo eso es de agradecer y muy positivo. Las barreras que se oponen a esta actividad pacífica no son deseables, pero las hay.

Deben respetarse, y cuidarse, y mantenerse accesibles los caminos públicos y abrir los que estén cerrados. Para caminantes y bicicletas. Dos placeres tranquilos que van de la mano y son respetuosos con el medio ambiente.

La bibliografía sigue de cerca este auge del paseo y la caminata, y entre obras clásicas y obras nuevas, uno encuentra alimento espiritual suficiente para ponerse en marcha.

He aquí algunos de estos libros:

"Caminar", de Henry David Thoreau; "Caminar", de Robert Louis Stevenson; "Caminar", de Erling Kagge; "Andar por andar", de Adriana Herreros; "Elogio del caminar", de David Le Breton; "El caminante", de Hermann Hesse; "Andar, una filosofía", de Frédéric Gros; "El arte de caminar", de Thich Nhat Hanh... son algunos ejemplos.

"Se hace camino al andar", dijo Antonio Machado, y es muy cierto que aquellos senderos por los que camina la gente, no se borran. Aunque siempre hubo alguien que fue el primero.

En definitiva, caminar tiene mucho de aventura y mucho también de placer tranquilo. Caminar es cultura, y de la buena.

Acabo con unas palabras de Adriana Herreros en su libro "Andar por andar”:

"Pasear por los senderos y por las calles porque sí, sin que medie nada productivo ni eficiente. Vagabundear por gusto. Este libro es una llamada a renovar la curiosidad de forma serena, humana. A pie."

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