Un negocio redondo

Se extiende la impresión (y no es de ahora) de que ser empresario corruptor en España es un buen negocio, o incluso un negocio redondo.

Lo ocurrido con el empresario corruptor Aldama en la reciente sentencia del Tribunal Supremo, da más consistencia si cabe a esa impresión.

Pero existen otros casos y algo así como una tendencia general en la que parece que el peso de la Ley se afloja bastante al caer sobre aquellos empresarios corruptores que impulsan el acto de la corrupción, en comparación con el político corrupto que cede a la tentación de caer en ella.

Sobre este hecho tan paradójico puede desplegarse toda una lista de casos, y así lo ha hecho, poniéndoles nombre y etiqueta empresarial, alguna política progresista. O sea, que efectivamente parece que es tendencia o sesgo que caracteriza a nuestra justicia, que ahora en el caso de Aldama, ha alcanzado ya la categoría de escándalo. Y no es para menos.

Veamos:

Ser empresario corruptor en España, y de forma más consistente a partir de este caso Aldama, es un negocio redondo, porque si no te pillan te forras, y si te pillan delatas a aquel o aquellos a los que has corrompido y te libras tú.

Igualmente, sí o sí, te forras y te sigues forrando gracias a tu acción corruptora. O sea, un juego de corrupción en el que es imposible perder, un auténtico chollo y una ganga.

Conclusión: ser empresario corruptor en España es un negocio redondo y sin aristas, sin riesgos, que invita a practicarlo y que es ejemplo para emprendedores presentes y futuros.

O sea, Aldama como ejemplo y héroe al que todo el mundo quiere saludar en la discoteca de moda y al que se invita como personaje honorífico en algunas manifestaciones raras. Y se lo ha llevado crudo.

Veo y escucho unas declaraciones de Jon Sistiaga en que lo explica muy bien: que no te pillan, te forras. Que te pillan, "te haces un Aldama". Y te sigues forrando.

Ignacio Escolar lo ha expresado también con un cierto humor sarcástico, que es el que se requiere para dar color a nuestra figura nacional del esperpento.

Ha dicho Escolar que en este caso, al empresario corruptor Aldama, su acción corruptora “le sale a devolver”. Imagínense lo contento que se ha puesto Aldama. Con eso está dicho todo.

Pudiera interpretarse este aspecto de la sentencia (Dios no lo quiera) casi como una invitación al delito y una promoción del oficio -bien remunerado- de empresario corruptor, ya que de lo que aquí resulta es un negocio redondo y casi una promoción social.

El ejemplo ("hacerse un Aldama") que está sentencia lanza al gremio potencial, es tóxico. Una nota más en nuestro esperpento nacional.

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