Tremendo
Si nos ponemos tremendistas tenemos que sospechar que esta vez el "sistema" se va a pique sí o sí. El "sistema" es el que arranca con aquella transición tan alabada y ya tan lejana, y que luego ha sufrido distintas apoplejías con secuelas de distinto grado. Entre esas apoplejías figuran incluso golpes de Estado, que en nuestro país siempre es una posibilidad muy real y muy a tener en cuenta.
Y sospechamos que esta vez el sistema se va a pique sí o sí, porque si Zapatero resulta culpable (esperemos y confiemos que no), el sistema se va a pique. Y si resulta inocente y se comprueba que esto ha sido una segunda edición de las famosas cloacas de M punto Rajoy, con origen en el mandato "El que pueda hacer que haga", también se va a pique.
Se va a pique en el primer caso, por el efecto sumatorio de la corrupción en el caso de que haya condenas firmes. Y se va a pique en el segundo caso, porque implicaría un nuevo intento golpista. O sea que se va a pique sí o sí, por activa o por pasiva. Más tarde o más temprano.
Existe una tercera vía para el hundimiento definitivo del "sistema", que sería el descrédito absoluto de la justicia, para el que ya hay muchos pasos dados.
Quizás lo más deprimente es que estas vías para que el sistema se suicide y se vaya al garete no son excluyentes, de manera que pueden compartir algunos tramos del proceso y concurrir a un mismo desenlace final: el acabose del sistema tal y como lo hemos conocido. Lo cual a lo mejor no es una mala noticia sino todo lo contrario.
Sin embargo el tremendismo no está bien visto en los círculos políticos ni tampoco ya en los literarios. La posmodernidad nos aconseja moderación en estos y otros temas porque es la filosofía (si es que la posmodernidad es filosofía) que mejor se acopla con el neoliberalismo y sus desastres.
De manera que antes de decidir cuál de estas opciones se llevará por delante el "sistema", conviene distanciarse un poco, darse un paseo o una caminata, relajarse y pensar que en el fondo todos somos humanos y frágiles, y no como esos titanes de la tecnología tecnofascista que están preparando un taxi en forma de cohete para fugarse a Marte con el botín.
Bienvenida sea por cierto la nueva encíclica de León XIV ("Magnífica Humanitas"), un aviso para los que adoran a Trump y sus socios tecnofascistas.
Aún así se ha sabido (o eso cuentan) que en los días previos a conocerse la imputación de Zapatero, el trio Abascal, Feijóo, y Ayuso (que no es el trio de las Azores sino el trio PPVOX), se pasaron por la embajada estadounidense de Donald Trump, criminal de guerra y empresario corrupto. Sobra decir que para encajar dócilmente estos enjuagues diplomáticos -en caso de que sean reales-hace falta mucha posmodernidad.
Ignoro si esto es así, y también ignoro si se pasaron de forma simultánea o por separado. E ignoro igualmente cuál fue el motivo de esa asistencia concurrente. Hay quien propone (Enrique Santiago, líder de izquierda unida) preguntarles a ellos por esta cuestión y así salir de dudas.
Y luego está la pregunta que algunos se hacen y que yo mismo me hago, porque es legítima: ¿Está coordinando la embajada de Trump en España una especie de "golpe" en nuestro país, un empujoncito desde arriba inspirado por el proverbial carácter vengativo de Donald Trump, una operación para hacer caer al actual gobierno de España y de la que el PPVOX tendría información privilegiada y adelantada?
¿Sería esto una simple fantasía paranoica o tan real como las cloacas fétidas de M punto Rajoy?
Lo más directo -ya digo- sería preguntarles a ellos. Y lo más indirecto sería mandar a la guardia civil o al CNI para investigar el tema y lo que allí se dijo o se tramó.
Siempre y cuando la CIA les deje.
Investigar ese asunto es lo que haría cualquier país que estime en algo su soberanía. Si no lo averiguamos ahora, lo sabremos en el futuro, cuando ya sepamos quién pilotaba los ovnis.
Claro que para entonces hasta los ovnis estarán privatizados y a lo mejor ya no existe ningún ente público. Ni siquiera el CNI. Vete tú a saber.
La conclusión que debemos extraer de toda esta ristra de sucesos -una historia ya dilatada- es que nuestro Estado fallido comenzó a fallar en la misma Transición o inmediatamente después. Las causas solo pueden ser dos, o disyuntivas o coadyuvantes: un mal diseño y/o una mala ejecución.
Sin ponerse tremendista y afrontándolo con tranquilidad y sosiego, esa es la dura realidad. La solución solo puede ser más democracia, más ágil y más amplia. O sea, más de verdad.
Bien curioso que este escenario, que no es de final de legislatura y eventual cambio de gobierno (algo periódico, relativamente superficial, y seguro en sus plazos legales), sino de final de régimen (algo más profundo y serio), se presente a los pocos días del aniversario del 15-M.
La Historia -que no se detuvo- reclama volver sobre aquel capítulo mal cerrado y mal resuelto.
Puede que Aznar al ordenar aquello de "El que pueda hacer que haga" se haya dado un tiro en el pie, porque algunas de las cosas que puede hacer legítimamente un ser racional es recordar, comparar, y sacar conclusiones. Ejercicios de racionalidad que a Aznar y sus colegas no les interesa. De ahí que contraten a mamporreros como Vito Quiles, experto en bulos (como los que se vertieron en torno a la dana) y algaradas. Muy desesperados tienen que estar.
¿Se imaginan que al abrir la caja fuerte de Zapatero encuentran el avión de lujo que Qatar regaló a Trump (al que la justicia española ha pedido ayuda para combatir el tráfico de influencias), o un paquete de Jeffrey Epstein y el pago de una agencia de viajes por el mismo financiero a nombre de José María Aznar?
Pero ya digo: relajarse y darse un paseo, y a la vuelta reflexionar sobre estos temas.