La religión adulterada

El concepto de religión, si lo pensamos bien y en términos avanzados, parece que casa más y mejor con reunión, reconocimiento, unión, cooperación, convivencia, simbiosis, respeto, elevación por encima de las diferencias, que no con enfrentamiento, raza, o con guerras. En el teórico "pueblo de Dios" no hay extranjeros y desde un principio todos somos hijos de Adán.

Lo que pasa es que la religión tiene un origen tan antiguo, en el tiempo de los mitos, que surge mezclada con instintos muy básicos, los cuales mediante el estudio y la meditación se pueden ir depurando. Es posible que ese proceso de depuración fuera lo que hizo surgir a la filosofía y a la ciencia de una primera y más primitiva fase religiosa o mitológica.

En nuestro presente posmoderno, agitado y convulso, ocurre todo lo contrario a ese proceso de depuración: el concepto religión está involucionando y retrocediendo en algunos ámbitos, sobre todo desde la instrumentalización política, a fases y periodos muy arcaicos, que creíamos superados más que nada porque causan vergüenza ajena e incurren una y otra vez en incoherencias muy bastas.

En esta oferta posmoderna de teocracias violentas, con rasgos primitivos, probablemente no hay una mitología más tóxica y perjudicial que la que gira en torno al concepto de "pueblo elegido". "Elegido" por Dios, se sobrentiende. Esto es tan primitivo y arcaico como representar a Dios con barba.

Si fuera representado hoy por los machos alfa de la "manosfera", le plantarían a su Dios particular unos cuantos tatuajes y también unas cuantas letras, al parecer simbólicas, en cada uno de los dedos del puño cerrado. Un puño cerrado y listo para golpear e incrustar los mensajes divinos en la cara del infiel. Y aquí el infiel incluye al extranjero, al inmigrante, al progresista, al que tiene otro color de piel, y también a todo aquello que tildan de "woke" y que nadie tiene idea exacta de qué es, pero que equivale más o menos al "heterodoxo" que antaño iba directo a la hoguera.

Heterodoxos que Marcelino Menéndez Pelayo clasificó en un libro muy sesudo cuyo objetivo era denigrarlos y repelerlos, pero con el extraño efecto de que muchos que leímos su obra, tomamos interés en sus vidas y les cobramos un indudable afecto. Y es que "heterodoxos" eran por ejemplo Spinoza, que fue excomulgado de la grey judía por librepensador y panteísta, pero también Giordano Bruno, insigne pensador muy adelantado a su tiempo y que acabó en la hoguera de la Inquisición católica.

Toda esta violencia ortodoxa y tatuada (es la moda) de ahora mismo tiene una denominación común y antigua: primitivismo y barbarie.

Lo del "pueblo elegido" les pasó o les pasa a algunos judíos, los más confundidos, desde tiempo inmemorial. Desde luego no es el caso de Spinoza o de otros judíos heterodoxos de antes y de ahora.

Les pasa también a algunos norteamericanos de hoy, y a toda la banda teócrata que revolotea en torno a Trump. Oligarcas, tecnócratas, milmillonarios y supremacistas, que practican la imposición de manos y que se consideran el "pueblo elegido" para dominar la tierra y una vez explotada esta hasta sus mismas cenizas, emigrar unos pocos (los "elegidos") a la tierra prometida de Marte.

Y les pasa o les pasó en algún momento de su Historia y en mayor o menor medida a países que se autodefinen como cristianos y occidentales.

Vemos por tanto que aunque este concepto de "pueblo elegido" es un concepto muy grosero, es un dislate muy ubicuo.

Es más grosero si cabe hoy en día por el conocimiento acumulado y la consciencia ecológica que se tiene de la realidad natural, que es nuestra realidad y en la que estamos inmersos como el pez en el agua. El conocimiento empírico de la mutua dependencia entre todos nosotros, y la de todos respecto el medio que habitamos (una pura filigrana de equilibrios venerables), debería hacernos más prudentes y más sabios.

El Papa Francisco, que tomó su nombre de Francisco de Asis y que algo tiene que ver con la religión, fue plenamente consciente y lúcido para esa realidad natural y esa dependencia ecológica, como se demuestra en su encíclica "Laudato si".

Probablemente sea esta una encíclica que no guste a la derecha más rancia, que sigue siendo decididamente "depredadora", pero de esa clase de depredadores que arruinan todo el nicho ecológico hasta acabar con su propia existencia.

Es esta una derecha mal informada a la que le gusta burlarse mediante chistes malos del cambio climático y más ampliamente de la cuestión ecológica. Así que no creo que esa encíclica ecologista del Papa Francisco les guste o les diga mucho.

Si aspiramos a un conocimiento más elevado, no solo resulta vanidoso y absurdo el concepto de "pueblo elegido", que parece ser contagioso entre distintos pueblos de antes y de ahora, sobre todo en momentos de ofuscación y delirio, sino que deberíamos percatarnos de que la especie humana es algo más que un depredador en la cúspide de su pirámide. Deberíamos considerarla (o considerarnos) una pieza más del engranaje, que puede rular bien o desencajarlo todo. Somos por tanto un componente más de una realidad natural más amplía, sin duda seres complejos y capaces de percibir e indagar "misterios", hábiles para crear culturas y trasmitirlas con suma eficacia, pero con insoslayables dependencias naturales.

Una especie que ha sido y sigue siendo posible solo con la condición necesaria de su integración en las muy variadas redes biológicas y humanas, estas últimas a su vez con sus variadas culturas, tantas veces complementarias.

La civilización humana es un intercambio mutuamente enriquecedor de culturas diversas, de la misma forma que la vida se basa en un intercambio enriquecedor de biodiversidad. Y en ese sentido la cultura en su dinámica imita a la vida. Es plástica, flexible, y evoluciona. Los monocultivos y la endogamia son malos en uno y otro ámbito, en el de la vida y en el de la cultura.

Lo reaccionario que propende al monocultivo y la endogamia al final resulta tóxico.