¿Qué cabe esperar?

Se habrán dado cuenta que últimamente hay un grupo de chiflados con poder que puestos a normalizar cosas (incluidos genocidios, todavía impunes) andan dándole vueltas a normalizar también el uso efectivo y casi rutinario de bombas atómicas.

O sea que la pregunta básica es: ¿Qué cabe esperar, aparte del fin del mundo?

La verdad, no sé cómo funciona esto del botón rojo del armamento nuclear, ni si hay controles suficientes para impedir que un presidente loco de atar (que eso es Trump) lo apriete. Sabemos, eso sí, que en la famosa democracia norteamericana los controles para que el poder del dinero determine de forma notoria quién llega a la presidencia, son inexistentes, de forma que aquel sistema que nos vendieron como el mejor, resulta ser claramente una plutocracia. Si los controles que funcionan en torno al famoso "botón rojo" son del mismo tipo y calidad, apañados vamos.

Ahora bien, a este grado elevado de normalización de lo anormal se llega por pasos sucesivos. Quiero decir que se empieza por los escalones más bajos en esta escala monstruosa y se va ascendiendo poco a poco hasta llegar a un estado de insensibilidad y ceguera frente a la anormalidad en el que ya todo es posible.

Veremos en qué acaba y cómo acaba la era trumpiana. Nada es fiable de un día para otro. En todo caso hay un rayo de luz: varios congresistas estadounidenses, incluso del grupo MAGA, califican ya abiertamente a Trump de perturbado peligroso, y además afirman que en su gobierno lo saben y que deberían actuar en consecuencia.

Se baraja una tal "enmienda 25" para poner fin a su mandato por incapacidad evidente y por el peligro que representa para todo el planeta.

Cambiando de escenario y ateniéndonos ahora al ámbito local pero sin perder de vista esos escalones inferiores en los que las grandes anormalidades toman impulso, fijémonos en como se juzga estos días el caso de la policía "patriótica" del

PP. O sea, el caso de la policía partidista y delincuente del PP.

¿Qué cabe esperar?

Podría pensarse que en una democracia de verdad, la justicia del PP se juega el tipo a la hora de juzgar a la policía del PP, pero en una democracia averiada todo es mucho más relajado. De hecho nuestra historia reciente, o sea nuestra historia desde la transición hasta acá, abunda en tantos casos inverosímiles respecto a la actuación sesgada de la justicia, que ya hemos caído en una especie de rutina modorra y nada nos sorprende. Hemos normalizado lo anormal y ya estamos curados de espanto, se trate del señor X, del 23F, del rey demérito, de la policía del PP, o del mismísimo M punto Rajoy.

Y esto a pesar (por lo que se refiere a este caso pero también por lo que se refiere a otras actuaciones similares y anexas, como es la persecución antidemocrática de adversarios políticos) de las famosas y muy sugerentes expresiones utilizadas por Fernández Díaz, el exministro de Interior de Rajoy. Expresidente a su vez este M punto Rajoy que nadie sabe quién es, del gobierno de España, que también dejó huellas notables de su implicación directa en sus wasap con Bárcenas, extesorero del PP.

Un lío fenomenal y vertiginoso con una dinámica en espiral, o sea alucinante y todo dentro del PP, con el añadido acre de un comisario Villarejo-Torrente, colaborador del PP (también interviene un secuestrador armado y disfrazado de cura) que nos puede llegar a marear tanto como un tiovivo, si no tenemos un asidero que favorezca el equilibrio y evite la náusea.

Eso sí, al fenómeno mareante Villarejo-Torrente-Fernández Díaz-M punto Rajoy se le encuentra un parecido llamativo y espectacular con el fenómeno Koldo-Ábalos- Aldama, tal que parecen sacados de la misma fábrica.

Pero en todo caso y en lo que se refiere a aquellas expresiones concretas y famosas de Fernández Díaz, debemos recordar por ejemplo aquella cuyo objetivo era dejar claro que "El presidente lo sabe", refiriéndose a ese tipo de manejos ocultos e ilegales que se gestionan desde la oscuridad de las cloacas.

O aquella otra en la que declaraba, el mismo Fernández Díaz, que "la mano izquierda desconoce lo que hace la mano derecha”, para dar a entender que ambas están conectadas a una cabeza que lo sabe y decide todo.

En fin, más de lo mismo y que nos vuelve a confirmar que nuestra democracia nació y sigue averiada en aspectos esenciales como el de la justicia.