Política ultra: probar antes de consumir

Lo único bueno de contemplar a diario y en tiempo real las acciones enloquecidas de Trump, sus disparates y sus vaivenes, sus locuras y sus crímenes, es que son un anticipo y un aviso que nos permiten saber cuáles serían las acciones gemelas de sus correligionarios de aquí, Feijóo, Ayuso, Abascal, y demás trumpianos locales, en caso de hacerse con el gobierno de España. O sea, permiten probar el producto antes de adquirirlo.

Nuestros trumpianos de aquí no tendrían por supuesto la capacidad de Trump para extender el daño que aspiran a provocar a amplias zonas del planeta, sino que en la medida de sus fuerzas, concentrarían ese daño sobre los propios españoles (nos ha tocado la china), recibiendo para ese objetivo un apoyo sin fisuras de Trump y sus colegas MAGA.

Y en ese sentido y a poca imaginación que le echemos, visto lo visto, podemos calibrar de forma virtual y en modo experimento cómo estaríamos ahora los españoles, de gobernar aquí los trumpianos ya, plenamente implicados como país con nombre propio, España, en una guerra ilegal contra Irán y colaborando en sus consabidos daños “colaterales”. Incluidos crímenes de guerra contra la población civil, como ha sido el caso, inaugurando esa operación demente denominada "Furia épica", la matanza de niñas en una escuela de primaria.

Poca épica y sí mucha furia cobarde tiene ese crimen.

Y también en esa línea imaginativa, siendo ya virtualmente y en modo experimento futurible España un país trumpista bajo las riendas del PPVOX, estaríamos colaborando ahora mismo, codo con codo con Trump y sus colegas, al hundimiento de la economía mundial y a su deriva hacia algo que roza plenamente la categoría de catástrofe.

Ha salido Von der Leyen, cabeza visible de esta Europa echada a perder, en su último discurso, escandaloso de nuevo, pelín ultra otra vez, y que la vuelve a desacreditar como líder europea, la que ha hecho la observación innecesaria de que no hay que derramar lágrimas por el régimen iraní (que nadie derrama por cierto), pero lo ha hecho con tan mal influjo ideológico, decididamente trumpiano, que lo que ha venido a decir en el fondo y el trasfondo de su discurso es que tampoco hay que derramar lágrimas por un mundo sometido a reglas al que entre Trump, Putin, y Netanyahu, han dado la puntilla.

Ahora bien, la democracia son reglas y el Estado de derecho también. Y los derechos humanos más de lo mismo. Y la responsabilidad ecológica igual. O sea, que la palabra "reglas", que parece muy sería y conservadora, esconde en realidad cosas muy joviales, positivas, y revolucionarias, que favorecen la vida individual y comunitaria.

El Derecho internacional, el "Derecho de gentes", fue en su día una apuesta revolucionaria de un puñado de sabios en torno a la "Escuela de Salamanca” acuciados por un problema de conciencia.

Esta gente libresca y revolucionaria tenía a sus espaldas mucha biblioteca, mientras que lo que Trump tiene a sus espaldas es mucha corrupción y mucho fraude empresarial.

Por tanto lo que Von der Leyen, líder europea, está proponiendo ahora en la estela de Trump es que no derramemos lágrimas por la democracia y el Estado de Derecho que un puñado de criminales (y entre ellos Trump) han decidido aniquilar en un pispás.

La alternativa que ella propone al parecer no puede ser otra que la Ley de la selva, regresando sin lágrimas y sin aspavientos a un pasado oscuro que creíamos haber dejado atrás. Pues vale.

Y esto lo dice una política alemana que además recibe también la etiqueta de democristiana.

Si los profesores no saben Historia ¿Cómo van a saberla los alumnos? Si hasta esta señora alemana y democristiana se nos ha vuelto ultra y trumpiana ¿Qué futuro nos espera a los europeos y por extension al resto del mundo?

En esa decisión servil y nihilista de asumir la Ley de la selva que predican y aplican con bombas aquellos tres superhombres del nuevo orden mundial, Trump, Putin, y Netanyahu, encaja perfectamente esa indiferencia fría y sin lágrimas de algunos líderes europeos sobre el genocidio ocurrido en Gaza o la matanza de niñas en una escuela de Irán.

Nada de eso merece su compasión y menos sus lágrimas y colaborarán dócilmente con todas las matanzas que Trump o Netanyahu les propongan.

Si estas declaraciones de Von der Leyen no merecen una moción de censura y una acción enérgica para contradecirlas a través de los hechos y no solo de las palabras, es que el proyecto europeo ya está muerto y enterrado.

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