No se admiten dudas

Si se prohibiesen las dudas -algo que no puede descartarse en un contexto de fascismos crecientes- se acabaría de un plumazo con la ciencia y con la democracia.

Pensar al dictado del poder, religioso o político, no admite dudas.

Mientras esa prohibición llega, practiquemos libremente la duda razonable.

Cosidó declaró hace unos días en la Audiencia Nacional en el juicio sobre la operación Kitchen. Cosidó era director general de la policía en el tiempo en que esa operación parapolicial de las cloacas del PP se puso en marcha. Cosidó es también ese político del PP que siendo portavoz en el Senado informó a sus colegas senadores (del PP) mediante wasap y como quien está en el ajo, que ellos tocaban o controlaban a los jueces del Tribunal Supremo por la puerta de atrás: "Controlando la Sala Segunda desde detrás y presidiendo la Sala 61. Ha sido una jugada que he vivido desde la primera línea", dice uno de los mensajes.

Lo cual si lo pensamos bien no parece una frase metafórica sino una frase muy directa, muy prosaica, y como de andar por casa.

Y aunque procesalmente no proceda seguramente sacar a colación esa frase en el acto judicial en el que intervino hace pocos días, era sin duda una magnífica oportunidad de oro que quizás no se vuelva a presentar para que los jueces le preguntasen qué quiso decir exactamente con esa frase.

Lo cierto es que muy normal no parece el control y la manipulación de la justicia que esa frase expresa y reconoce, y muchos ciudadanos nos quedamos al conocerla, estupefactos, perturbados, y sobre todo dubitativos por lo que implica sobre la necesaria credibilidad en la imparcialidad de la justicia.

No obstante la experiencia del tiempo y la sucesión de los casos repetidos nos ha venido a confirmar que conviene tener dudas razonables, ser críticos, y estar alerta, porque otras expresiones de políticos o de personas próximas al PP, han venido a dar consistencia sólida a un panorama que parece a todas luces tenebroso.

Esa normalidad tóxica de control por la puerta de atrás de la justicia o desde las cloacas parapoliciales, no solo se utilizó para frenar las investigaciones y las posibles consecuencias judiciales de los casos de corrupción del PP, sino que se llegó incluso a utilizar esas mismas cloacas, en una deriva ya imparable, en la persecución de los adversarios políticos del PP.

Sobra decir que nada de esto es compatible con la democracia ni con el Estado de derecho y que representa una de las más graves amenazas que ha sufrido nuestra democracia.

Y es que aquella confesión que hizo Cosidó a sus colegas del Senado sobre el toqueteo por detrás a los jueces del Tribunal Supremo, parece que hace juego con otras expresiones similares dentro de ese mismo ámbito opaco de las cloacas del PP, tal que: "Esto el fiscal te lo afina"; "El presidente lo sabe"; "La mano derecha desconoce lo que hace la mano izquierda" (algo bastante improbable porque ambas manos están conectadas a una misma cabeza), y expresiones semejantes que luego se complementan con motes en clave tal que "el asturiano", "el barbas", etcétera, y que nos dan la triste impresión de que estuviéramos ante el lenguaje cifrado de una mafia.

De todas formas y como hemos podido comprobar una y otra vez que al final nada de esto tiene consecuencias y se queda "fuera" del escrutinio de la justicia y de lo juzgado, no se puede descartar que esta normalización de lo muy anormal tenga un efecto contagioso y deletéreo que derive en dudas muy crudas sobre el sistema en general y sus verdades oficiales. Como en todo contagio, o se actúa al principio o luego ya no hay nada que hacer.

Y es que al final la consecuencia más visible de todo este panorama deprimente es que parece haber un evidente sesgo que se traduce en frases y que se refiere a actuaciones concretas, al mismo tiempo que se desaconseja desde el propio sistema tener dudas al respecto, quedando de alguna forma prohibidas (o eso se intenta) las dudas y la crítica. Algo que desde luego no conviene suprimir en una democracia que aspire a estar sana y vigorosa.

Si en 2013 se fraguaba la operación Kitchen y en 2018 Cosidó informaba a sus colegas senadores sobre los entresijos y engranajes de la justicia tocada por la puerta de atrás, en 2023 se tuvo conocimiento de los contactos por wasap entre el presidente de la audiencia Nacional y un imputado de la trama Kitchen, Francisco Martínez. Sin duda algo sorprendente y francamente irregular.

A posteriori el juez García Castellón prohibió el acceso a esos mensajes.

¿No es legítimo tener dudas sobre todo este cúmulo de cosas raras que concurren y dibujan todo un paisaje?

De todas formas no todo es oscuro en este ámbito y por fin tenemos una buena noticia.

No se trata de que sepamos por fin quién es el señor X; o de que ahora el rey demérito vaya a ser igual ante la Ley, aunque no coincida con la Navidad y el discurso navideño; ni tampoco se trata de que se aclare definitivamente cuál fue la intervención del monarca y otros líderes políticos de aquel tiempo en el golpe de Estado del 23F; se trata simplemente de que por fin y tantos años después de arrastrar la duda de quién era o es M punto Rajoy, hemos averiguado gracias a la declaración de Bárcenas que M punto Rajoy es Mariano Rajoy, conocido también como "El barbas" o "El asturiano" en determinados círculos muy poco recomendables. Una auténtica sorpresa y algo que nadie habría sospechado, más que nada porque la duda está mal vista y nos han entrenado día tras día para la fe ciega.

Cabe preguntarse si el hecho de que todavía ignoremos quién es el señor X tiene que ver con que hayamos tardado lustros en averiguar quién es M punto Rajoy. De ser así, eso significaría que los vicios que arrastra nuestra democracia son muy antiguos, contagiosos, y duraderos.

Una duda que me asalta (y espero que no esté prohibida) es si la prohibición de tener dudas razonables solo se puede aplicar a los seres humanos o también se puede aplicar a la IA. Y lo digo porque lo cierto y comprobable por cualquiera es que la IA, si se le pregunta sobre ciertas cuestiones polémicas, recoge de aquí y de allá (con bastante eficacia) y luego hace sus análisis (bastante certeros) con una frialdad mecánica que no solo sorprende sino que parece inmune a las pasiones humanas.

¿Veremos a la inteligencia artificial sustituir a los jueces? El tiempo lo dirá.