Memoria y censura

Quizás lo más triste de la cancelación de nuestra memoria, una censura que a veces dura décadas pero en otras dura siglos, es que en demasiadas ocasiones al final triunfa el olvido más cruel.

Esa fue la sensación que tuve -de crueldad e injusticia- cuando recientemente El País nos informó que muchos jóvenes españoles (quizás no ocurra igual con los jóvenes extranjeros) desconocen quién fue Federico García Lorca y cómo murió, y sin embargo esos mismos jóvenes españoles sí conocen el nombre de Franco y además tienen una imagen positiva y favorable de él, como un auténtico benefactor y no como un dictador fascista responsable de innumerables muertes.

Algo ha fallado de manera muy notoria y desgraciada en nuestra educación pública y en nuestra memoria histórica para que ocurra algo así, el olvido de García Lorca y la exaltación de Franco entre nuestros jóvenes. Y no hay excusa posible para estos hechos vergonzosos porque desde la muerte de Franco -el enemigo más interesado de la verdad y de la memoria histórica- ya ha llovido.

Se dirá sin embargo, intentando la excusa, que el desastre fue mayúsculo y que los resultados de aquella guerra civil, desencadenada por un golpe de Estado fascista, fueron muy parecidos a los del caballo de Atila. Esa era la intención: arrasar.

Se dirá también que la mortandad y el exilio, junto a los campos de concentración y los fusilamientos una vez acabada la guerra sin que empezara la paz, cortaron de raíz tantas flores que el jardín se secó y se convirtió en un páramo.

Todo ello es cierto, pero como decimos no sirve de excusa porque desde la muerte de Franco ya ha pasado un tiempo más que dilatado y por tanto no se comprende el estado de nuestra memoria histórica a nivel institucional y la deprimente situación educativa de nuestros jóvenes sobre estos temas.

En este contexto yo entiendo perfectamente la postura y la actitud de David Uclés, la actitud valiente de este joven escritor que ha sorprendido con sus recientes libros, decidido a denunciar este estado de cosas y también a los que se niegan frontalmente a recuperar la memoria, la dignidad y los restos de los vencidos y asesinados, incluido García Lorca (olvidado ya por muchos de nuestros jóvenes), y de todos aquellos que perdieron la guerra civil, guerra que desencadenó un golpe de Estado con Franco al frente.

Hay quien sostiene que en lo sucedido estos días en torno al debate de "Letras en Sevilla" se ha producido una censura o una cancelación que partiría de este joven escritor, David Uclés. Nada más falso. David Uclés lo único que ha hecho es excluirse él mismo y negarse a participar en ese evento junto a quien apoyó y colaboró con crímenes de guerra en Irak, y junto a quien se opone de forma cruel a la recuperación de la memoria de los vencidos en la guerra civil, y que al mismo tiempo niegan y conculcan hoy todavía derechos humanos básicos. Una actitud coherente y valiente que yo apoyo. Y no es esta una actitud agresiva o de odio, o de censura, sino de resistencia civil.

Lo que yo he visto ha sido a este joven escritor exponiendo con serenidad y educación en un comunicado sus razones para no asistir a ese acto y enseguida a los organizadores del acto descargando con agresividad impropia de intelectuales y adultos sus insultos de odio sobre él e invitando a no leer sus obras, o sea a cancelarlo.

El 25 de enero El País informó de una nota o comunicado que los organizadores Pérez-Reverte y Jesús Vigorra sacaron contra David Uclés. Ese comunicado, según informó El País en esa fecha (25 de enero), acababa así:

“Confiamos en que los posibles lectores presentes o futuros de David Uclés tomen buena nota de todo esto”.

Este párrafo con el que acaba el comunicado de Pérez-Reverte y Jesús Vigorra en la reciente polémica ¿Es una invitación a no leer los libros de Uclés? Es decir ¿Es una invitación a cancelarlo?

Además según reconoce ahora Pérez-Reverte (en El País 2 FEB 2026) parece que lo de los interrogantes del título polémico del debate, se los sacó de la chistera a última hora para hacer frente a la polémica surgida:

"Sin embargo, hoy ha dicho que los signos de interrogación se le ocurrieron hace poco, para intentar rebajar la polémica" (El País 2 FEB 2026).

Cualquier invitado que quisiera participar en ese evento, era muy libre de hacerlo, nadie se lo iba a prohibir, como es obvio en una democracia. Así que de censura o cancelación, nada de nada. Pero dentro de esa misma libertad, está también la libertad de David Uclés de no asistir. Y a juicio de muchos, esa actitud le honra por lo que tiene de denuncia y de acto de resistencia contra una desmemoria y una injusticia que ya dura demasiado y que todavía arrastramos, si no en el ámbito académico, sí en el ámbito institucional. Todavía hoy se prodigan los ataques contra quienes intentaron o intentan revertir esa injusticia y esa desmemoria, incompatible con una democracia de verdad.

Quizás si estas cosas nos las tomáramos más en serio (como ha hecho David Uclés) no sería tan fácil y posmoderno seguir calificando de ilegítimo a un gobierno legítimo (como hacen Trump y la derecha española), o intentando todavía hoy dar golpes de Estado, como Trump y Bolsonaro (ídolos de Ayuso y Abascal) en sus respectivos países, o cometer genocidios, como el de Gaza, justificado por Aznar, como justificó y apoyó en su día los crímenes de guerra en Irak.

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