Luces y apagones
Es sabido que el fascismo y los partidos fascistas están experimentando un auge extraordinario en todo el mundo. Es sabido también que los nuevos reaccionarios, multimillonarios y tecno-oligarcas, que desprecian la democracia y alientan una suerte de "Ilustración oscura", han establecido alianzas de apoyo mutuo con esos partidos fascistas para hacerse definitivamente los amos del mundo, e imponer urbi et orbi su versión de Occidente, una versión neofeudal que no incluye la democracia ni el Estado de Derecho, sino que se rige por la Ley del más fuerte y la dictadura de los multimillonarios.
Es conocido igualmente que en nuestra parte del mundo, la llamada "ultraizquierda" no ha ocupado ningún puesto de poder desde por lo menos el final de la segunda guerra mundial, es decir desde mediados de los años cuarenta del siglo pasado, el siglo XX.
Aún así, hay "ilustrados" contemporáneos que de todo esto que constituye nuestro escenario actual y nuestra Historia reciente, o incluso remota (hasta mediados del siglo XX), lo que más les preocupa es el peligro que representa al día de hoy la "ultraizquierda", desaparecida desde entonces. Lo cual como poco resulta chocante.
¿Están despistados? ¿Están ciegos? ¿Su sesgo se debe a su colaboración con determinados intereses económicos y políticos?
Paradójicamente y por contraste, el Vaticano con el Papa León XIV al frente, ha comunicado recientemente a los obispos españoles que lo que más le preocupa en este momento de nuestro país es el auge de la ultraderecha y su posible mala influencia sobre los creyentes católicos. Esto sugiere que el Vaticano tiene mejor biblioteca o está más al tanto de las cosas que algunos de nuestros ilustrados nacionales.
Parece en todo caso que los últimos Vaticanos (al menos el de Francisco y el de León XIV) consideran que no es bueno para la religión que la teocracia que promueven los nuevos reaccionarios, regrese. No es bueno para la religión y tampoco para la democracia. Ese parece ser su criterio firme, muy alejado de las nuevas corrientes ultras.
Quizás por eso, Steve Bannon, personaje oscuro, ideólogo de ultraderecha y que afirmó que Trump era un "instrumento de la divina providencia", luego dijo también en conversación con Jeffrey Epstein (el de la isla privada de los horrores) que el objetivo era derribar al Papa Francisco. "Derribaremos al Papa Francisco", dijo muy seguro de conseguirlo, y de hecho se implementó una campaña muy potente en ese sentido a la que la ultraderecha global (también la española) se aplicó con furibundo odio.
Recordemos que Steve Bannon y Trump son colegas de Abascal y Ayuso, y todos ellos cabalgan en la misma ola. Una ola que intenta arrasar Occidente.
No ignoran tampoco estos ilustrados que decimos, que debido a desplazamientos tectónicos en nuestro espectro político (desplazamiento hacia la derecha neoliberal), junto a la caída positiva del muro de Berlín, interpretada por algunos como vía libre para un extremismo de signo contrario, y el deslizamiento estratégico y pautado de la ventana de Overton, el resultado final de todo ello es que lo que hoy se llama por algunos despistados (o interesados) la "ultraizquierda", son en realidad los restos de la socialdemocracia, que hasta hace poco todo el mundo consideraba una opción política más que moderada.
En cuanto a la ventana de Overton: "Análisis posteriores postulan además técnicas para mover la ventana, por ejemplo promoviendo deliberadamente ideas «radicales» con la intención de hacer parecer más moderadas, y por lo tanto más aceptables aquellas ideas que ya se encuentran fuera de la ventana". Lo cual si lo pensamos bien se parece mucho al juego de los trileros.
Quizás todo esto explica que los bizarros ilustrados que nos alertan sobre los peligros de la ultraizquierda en nuestros días, vean con indulgencia, normalidad y parsimonia el auge del fascismo, el genocidio en Gaza, el triunfo de la plutocracia, el acoso y derribo de los Tribunales internacionales de justicia, la xenofobia y la persecución de los inmigrantes (defendidos por el Vaticano), las amenazas y acciones imperialistas de Trump, o incluso la creación de una ONU paralela y privada, llena de malhechores y cuyo dueño absoluto es precisamente Donald Trump.
Miren esa escena en la nueva ONU de Trump, en la que Milei, fuera de sí, se abraza a Viktor Orbán y le canta al oido. Incluso Orbán, con todo lo que es, no sabe si reír o llorar ante esta manifestación de locura.