Lo de Shakespeare

Para empezar, una pregunta suelta:

¿Puede un loco a los mandos del mundo enloquecer a todo el planeta? Respuesta rápida: si le dejan, sí.

Se ve que el nobel de la paz regalado por Corina Machado a Trump, junto a la medalla madrileña de Ayuso, también regalada a este energúmeno, ha enloquecido a este un poco más si cabe y le ha dado alas para seguir ejecutando su política de bombas y mamporro limpio. Al igual que Hitler, no conoce otra. ¡Viva la paz!

O sea, tenemos a un niño malcriado que solo aprendió el lenguaje de las amenazas, degenerado ya en loco adulto y matón a los mandos del planeta, y a este abducido en su estela tóxica y a rebufo de sus caprichos y disparates. Es decir, aquello de Shakespeare: nuestra Historia es ya una historia contada por un idiota (Trump), llena de ruido y furia y que no significa nada.

¿Como salirse de ese relato sin sentido, de ese cuento malvado, sin que las bombas, los aranceles, o los mamporros de Trump nos caigan encima?

O lo que es lo mismo: ¿Como mantener al mismo tiempo la razón y el orgullo, ejes de la vida, y la Ley, eje de la civilización?

O visto desde la perspectiva del contagio: ¿Cómo mantener la razón cuando tantos enloquecen o como salirse de la fila india del flautista de Hamelin antes de despeñarnos todos juntos por el abismo?

Ya avisaron algunos en su momento que las bases americanas en nuestro territorio nos traerían disgustos.

En recientes palabras enloquecidas como son casi todas las de Trump, este ha venido a decir, más o menos, que él en España y en el territorio español hace lo que le da la gana, y que si el presidente del gobierno español establece que las bases americanas en nuestro territorio no se pueden utilizar para cometer una agresión ilegal y sus respectivos crímenes de guerra en otro país, él hará en nuestro territorio lo que se le antoje. O dicho en otros términos: el poseer bases militares en nuestro territorio le da derecho -según él- a no reconocer nuestra soberanía nacional y le mueve a amenazarnos con todo tipo de castigos si no obedecemos como hacen dócilmente y servilmente otros.

Está convencido, en su locura insana, que cualquier presidente de España o de cualquier otro país de su entorno (y su entorno es muy amplio), será en cuanto él lo ordene y exija, tan dócil y servil como Blair o el presidente pelele Aznar, y que mirará más por los intereses de Estados Unidos que por los de su propio país. La medalla de Ayuso le ha convencido de esto un poco más.

Siendo este el panorama y el orgullo uno de los rasgos del carácter español, junto a la razón que nos aconseja no seguir la estela de la locura, conviene plantearse una vez más y esta vez en serio y en defensa de nuestra soberanía, mandar a los militares americanos de nuestras bases, de vuelta a su casa para que allí manden lo que quieran.

En España y sobre España, deciden los españoles y sus representantes legales en un país que aspira a ser democracia plena.

Ya no somos una dictadura bananera a la que se le perdona la vida a cambio de.

Todo esto nos ayuda a considerar que la diferencia entre un gobierno progresista y un gobierno trumpiano en España (este último representado por el PPVOX de Feijóo, Ayuso y Abascal), es que el primero pondrá de su parte para que el dinero de los españoles destinado a centros de salud, hospitales, escuelas, universidades, pensiones, residencias de ancianos, etcétera, no se desvíe hacia la compra de armas americanas y a mejorar las finanzas de Trump. Y mucho menos a sostener sus caprichos bélicos.

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