IA desregulada

Como ustedes saben el PPVOX es el partido de la desregulación. No les gustan las reglas. Y tampoco ignoran que tras un periodo de soponcio general por la "gran recesión", todo vuelve a girar en torno a este concepto mítico de la "desregulación", que ha tomado la costumbre (ya añeja) de ser el condimento de grandes desastres.
En síntesis: cuando no hay reglas, los malos y los males se desmandan. Existe constancia empírica de este fenómeno.

Si usted por ejemplo relaja (o anula) las reglas alimentarias y de higiene puede acabar favoreciendo un síndrome tóxico. Si relaja las reglas bancarias, puede acabar impulsando una estafa financiera y una gran recesión (o depresión como alternativa). Y si relaja ciertas prácticas de salud pública, como la vacunación, puede acabar con una situación sanitaria descontrolada e insostenible. Otrosí, si desprecia la ecología y sus recomendaciones, se hallará más pronto que tarde con un planeta poco menos que inhabitable.
Si además es usted partidario de los bulos, no le gustará el método científico (un procedimiento reglado) e intentará acabar también con esas reglas.

A pesar de todo ello, "desregulación" es la palabra mágica que utilizan los hechiceros del neoliberalismo a la hora de preparar y vender sus pócimas.

Hay dos grupos humanos con especial aversión a las reglas: los delincuentes y los muy ricos. Trump y sus secuaces pertenecen a los dos grupos.

Los primeros, los delincuentes, porque su oficio es delinquir. Los segundos, los muy ricos, porque consideran que cualquier regulación pública limita el poder extraordinario (tantas veces abusivo) que les otorga su riqueza.

Esa riqueza obscena perjudica su percepción de la realidad y les lleva a la alucinación muy suya de que su poder no tiene límites.

En cuanto que sus deseos pueden entrar en conflicto con el bien común y el interés público, prefieren que no haya reglas que preserven ese interés público, o sea, promueven y financian la desregulación.

¿Cómo la promueven y financian? A través de políticos.

Todo esto ya se vio en los años veinte y treinta del siglo pasado, cuando la desregulación económica y financiera sembró la semilla del crack, del fascismo y la segunda guerra mundial.

Aquel fascismo también se fraguó sobre una ausencia de reglas en la economía, las grandes brechas sociales que produjo ese escenario, y la invención de un culpable y un chivo expiatorio de los males del pueblo: los judíos.

El resultado de todo ello fue muchos millones de muertos a través de la guerra y el Holocausto.

Tras esa catarsis colectiva de muerte y destrucción, renació algo y por un tiempo el sentido común, cobró prestigio el interés de la mayoría y los servicios públicos, y se adoptaron las medidas y las reglas necesarias para que los derechos sociales conquistados con sangre y muchos muertos, fueran lo prioritario. Desde luego más prioritario que el lucro y el lujo de unos pocos.

Veremos cómo en el futuro (que es nuestro presente) el valor de ese sacrificio bélico se olvidó rápido al toque de corneta.

Nos vamos ahora desde ese periodo hoy añorado hasta la caída del muro de Berlín, que probablemente fue el hecho histórico de nuestra Historia reciente peor interpretado y sobre todo peor utilizado. Ya entonces la ultraderecha política y económica, convergiendo en la ola neoliberal, barruntaron "barra libre" para sus desmanes.
En cuanto a la caída del muro de Berlín, nadie discutirá los beneficios de que se hunda un sistema totalitario, como era el soviético, o de que el trío de conceptos de libertad, igualdad, y fraternidad, es de suyo indisociable, pero si esa caída de un totalitarismo sirve de excusa para dar alas a otro totalitarismo de nuevo cuño, más o menos camuflado, y a otra dictadura en forma de plutocracia (que eso es el neoliberalismo), no estaremos ni mucho menos ante un negocio redondo de beneficio colectivo, sino ante un retroceso que nos recuerda a lo ocurrido en los años veinte y treinta del siglo pasado.

Y así ocurrió efectivamente, porque la consecuencia directa de ese nuevo "pensamiento único" y sin alternativa (características de un pensamiento totalitario), con su axioma central de la desregulación, que solo favorece a la plutocracia y a sus delincuentes, fue la estafa financiera de 2008, con su "gran recesión" y su austericidio permanente.
No puede decirse que a esos estafadores desregulados del neoliberalismo se les hiciese pagar la factura de su delito. Antes al contrario fueron las víctimas de esa estafa los que cubrieron y siguen cubriendo todos los gastos.

Ahora ese flujo de sucesos que suele poner en marcha la desregulación en su camino hacia el siguiente desastre, se concreta en lo que está ocurriendo con la Inteligencia artificial, un embrión que apunta maneras de monstruo y cuya gestación se ha dejado en las manos desreguladas de unos pocos milmillonarios de ultraderecha y megalomaníacos, que financian y manipulan el poder político de la plutocracia, que utilizan el saludo nazi, que promueven una ilustración oscura y sueñan con dejar a la Humanidad atrás (empezando por dejar atrás los derechos humanos), para finalmente huir a otro planeta con sus maquinas y robots, dejando tras ellos solo cenizas.
Parece distopía y ciencia ficción, pero es la realidad en la que nos despertamos ya cada día.

Los hay que quieren desautorizar o silenciar las voces que advierten contra este estado de cosas y contra estos avances desregulados y sin control de la IA, y echan mano para ello del ejemplo pretérito de los luditas, que se oponían y destruían la maquinas de la incipiente revolución industrial. Eran aquellos rebeldes por lo general obreros que temían por su trabajo manual y ser sustituidos por máquinas.

Ahora es distinto: más allá de las consecuencias en el mundo laboral y para los trabajadores (de todo tipo), son los propios diseñadores de esta tecnología, que la conocen a fondo, los que protestan y lanzan advertencias tan serias como las que hemos conocido estos días: la Humanidad puede ser destruida por la IA en poco tiempo.