Gamberros contra la Constitución

Está bien contar en el presente con iniciativas de guerra "cultural" tan esperpénticas como las de Ayuso, porque eso nos permite rememorar aquellos tiempos inefables en los que Teresa de Cepeda y Ahumada, de origen judío, fue declarada la santa de la "raza". Casos en los que tragedia y broma van de la mano. O sea, esperpento.

Digamos de paso que la Inquisición quiso empapelarla, a Teresa, igual que a su admirador Fray Luis de León, también de origen judío.

Lo de la "prioridad nacional" del PPVOX es algo parecido. También nos permite recordar tiempos oscuros y decir "vade retro".

En un caso y en otro, todo se parece bastante a la visita de un museo de arqueología cuyo objetivo didáctico se basa en los efectos del susto y el repelús, parecido al que en ocasiones producen las momias, y muy similar al adiestramiento de los perros de Paulov, de manera que cuando veamos que Ayuso va a decir algo muy importante, muy histórico, y muy nacional, inspirada por su pinganillo, todos salgamos corriendo.

Nuestra Constitución tiene aspectos muy positivos, pero con frecuencia se incumplen y son papel mojado. Y luego otros más averiados (esos sí se aplican) que convendría reformar. Para esto último, la reforma de nuestra Constitución, se necesita iniciativa de utilidad pública y acuerdo político. De los gamberros no podemos esperar ni iniciativa de utilidad pública ni acuerdo político.

Los gamberros contra la Constitución (últimamente PPVOX con eso de la "prioridad nacional"), no son aquellos que quieren reformarla para adaptarla a los tiempos que corren (tiempos de acoso y derribo de los servicios públicos, por ejemplo), sino los que la quieren esclerótica y permanentemente disfuncional.

Estos gamberros contra la Constitución son también frecuentemente gamberros contra la democracia, los cuales no estando suficientemente satisfechos con que los aspectos positivos de nuestra Constitución se incumplan (por ejemplo la igualdad ante la Ley), quieren aumentar en ella el número de aspectos negativos y chungos, como es la discriminación entre ciudadanos, a la que llaman ahora "prioridad nacional". Es su forma de estar en política y de enmascarar sus propuestas xenófobas, racistas, demagógicas, y en último término tóxicas.

Lo de "utilidad pública" como objetivo último de nuestra Constitución proviene de que nuestra Constitución se define como "social". También parece claro que el instrumento de convivencia que llamamos Constitución tiene que ver con la soberanía, y esta procede del pueblo, que es directamente el titular de esa soberanía.

Los problemas y necesidades del pueblo soberano, en este caso el pueblo español, van cambiando y experimentan con el paso del tiempo una mayor o menor concordancia con los principios constitucionales que intentan darles solución. Por eso una Constitución no puede ser inamovible y no puede anquilosarse, sino que debe adaptarse con una cierta periodicidad (y siempre respetando la legalidad internacional y los derechos humanos) al curso de los acontecimientos, en lo que se refiere por ejemplo al mundo del trabajo, de la vivienda, de los servicios públicos, que habría que fortalecer y blindar, etcétera. En esto hay países muy flexibles y luego otros extremadamente rígidos, como el nuestro, que todavía arrastra el privilegio del monarca y de otros privilegiados desiguales ante la Ley, por poner un ejemplo notable de nuestra esclerosis constitucional.

Si nuestra Constitución fuera más flexible y tuviera vocación de utilidad pública, hace mucho tiempo que habría dado una respuesta idónea y desde luego más rápida a la ristra de desastres producidos por el neoliberalismo hegemónico. Pero no ha habido tal respuesta. Aunque la sucesión de desastres con origen en esa ideología extremista ha sido extensa y persistente, nuestra Constitución no ha tenido reflejos suficientes para atajarlos y darles respuesta, y solo se ha abierto sintomáticamente para dar cabida a un principio del catecismo neoliberal, con motivo de la estafa financiera de 2008 (neoliberal) y la imposición por parte de los bancos alemanes a nuestros representantes políticos (un toqueteo por la puerta de atrás), obligándoles a respaldar y dar por buena esa estafa financiera, que remató además su fechoría con aquel famoso y todavía tóxico “austericidio".

Los "mercados libres" descontrolados y desregulados, para los que no existen reglas ni normas, ni Ley ni Derecho, y que parecen diseñados para moverse en medio de la selva y no en el seno de un Estado civilizado, con inusitada frecuencia ocasionan más problemas (como aquella estafa financiera) que soluciones aportan. Quiere decirse que nos están comiendo la soberanía nacional y la riqueza pública, que son base de la democracia. Y todo ello para lograr sus propios objetivos de riqueza corporativa, obscena y excepcional.

Al constituirse de hecho como norma la Ley del más fuerte, y ser ellos, esos mercados desregulados, los más fuertes (porque lo permitimos), nuestra soberanía se ha convertido en papel mojado y nuestra Constitución adopta en algunos de sus planteamientos y resultados el aspecto de farsa.

Sin que la soberanía que dirige e inspira la utilidad pública de nuestra Constitución sea real y efectiva, cunde el descrédito de la democracia. Pero no es que esta no sea creíble ni eficaz, sino que es atacada sistemáticamente por sus enemigos (que no creen en ella) y los ciudadanos no la defendemos con suficiente aplomo.

Quizás por ello si leemos con atención el reciente "Manifiesto de PALANTIR" a cargo de algunos de los sacerdotes de la "Ilustración oscura", financiadores de Trump, comprobamos un claro y decidido desprecio a la democracia.

Obviamente esta gente no busca la utilidad pública sino su propio beneficio personal, y sobre todo busca (y lo están consiguiendo) abarcar todos los resortes del poder, como aquellos villanos de cómic, protagonistas de un futuro distópico, que nunca nos creímos del todo, pero que de hecho ya están aquí, a los mandos del planeta.

Siendo así de inquietante el panorama actual (esos gerifaltes y villanos que piensan de forma tan averiada tienen ya en sus manos mucho poder y aspiran al poder absoluto), solo nos faltaban para completar el cuadro unos gamberros contra la Constitución que les hagan el juego y les sigan la chifladura. Por ejemplo con eso de la prioridad nacional, que no es otra cosa que un lema trumpiano trasplantado aquí, y que tiene el mismo objetivo que allí, en USA: engañar a los incautos y seguir engordando el poder y la riqueza de esa élite supremacista, racista, tecnofascista, y defensora de la Ilustración oscura.

Por ejemplo es evidente que Trump interpreta lo de "prioridad nacional" como el enriquecimiento corrupto de su propia familia en primer lugar, y de sus amigotes tecnofascistas en segundo orden de prioridades. A los que están fuera de esos círculos restringidos de su muy particular "prioridad nacional", directamente los ignoran y los desprecian. Los trumpianos de aquí siguen ese mismo guión.

Una chifladura que lejos de ser cómica resulta extremadamente trágica y peligrosa.

Así como es perversa y rechazable esta idea de la "prioridad nacional" en cuanto que se basa en principios antidemocráticos, xenófobos, racistas, y quien sabe si incluso no están inspirados en algunos casos por el fanatismo religioso (en un estado laico), sí sería válido estudiar la aplicación de un principio de postergación o incluso de exclusión de los beneficios de pertenencia al Estado español en determinadas situaciones, como por ejemplo (y aquí continuamos el argumento en modo de ironía muy sería) el caso del rey demérito, que tiene demostrada su falta de arraigo físico, fiscal, y moral. Así como también en todos aquellos casos de sujetos que protagonizaron o protagonizan aún episodios de fraude y evasión fiscal, por iguales motivos. También se aplicaría esta exclusión de los beneficios de pertenencia al Estado español a los que practicaron o siguen practicando con una constancia que sorprende el deporte de la "caja B". Otrosí aquellos otros implicados en casos de corrupción en la contratación pública. Quedarían también excluidos de los beneficios de pertenencia al Estado español aquellos que explotan a los trabajadores de fuera, que suelen ser los mismos que explotan a los trabajadores de dentro. Igualmente serían excluidos los beneficiados por el uso de puertas giratorias, que pensaron más en su propio interés y el beneficio de algunas empresas privadas (que luego les compensarían a ellos a través de esas puertas giratorias) que no en los intereses de su propio país.

También serían postergados o excluidos de los beneficios de pertenencia al Estado aquellos que se pusieron al servicio de líderes de otros países para perjudicar al nuestro. Y en esta categoría entrarían todos los trumpianos locales, empezando por Abascal y siguiendo por Ayuso.

Debería valorarse incluso la postergación o la exclusión de aquellos que se rigen por la idea thatcheriana y ultraliberal de que "No existe la sociedad, solo el individuo", ya que ellos mismos se autoexcluyen y prefieren vivir en su selva. Con su pan se la coman y que la disfruten.

Y hasta aquí el modo ironía seria, o broma trágica, que nos permite reflexionar de aquella manera pero correctamente sobre estos asuntos turbios.