Dictadura progre

Sí usted defiende los servicios públicos y aboga y clama para que se conserven y se fortalezcan frente a las privatizaciones y el saqueo neoliberal, es porque es partidario de una "dictadura progre". Así de simple. O así de simple en la cabeza de los reaccionarios.

"Dictadura progre" es una de las expresiones tipo matraca que más utiliza la propaganda idiota e idiotizante de la ultraderecha. Y lo hace casi en cualquier contexto que haga referencia a lo "público" o lo "social".

Para esta ultraderecha cavernaria, lo "público" y "dictadura progre" vienen a ser la misma cosa. Por eso Díaz Ayuso que cabalga en esa misma ideología ultraderechista ve fantasmas sociales y socialistas por todos lados, y si se trata de conceder la nacionalidad española a los descendientes de los exiliados de la dictadura franquista, en un acto de pura justicia, dice que de lo que se trata aquí es de "nacionalizar socialistas", en vez de decir que lo que se pretende es conceder la nacionalidad española a descendientes de españoles. Precisamente a los descendientes de aquellos españoles que defendieron la legalidad democrática frente el fascismo de aquellos tiempos, representado en forma de triunvirato por Hitler, Mussolini, y Franco.

Resulta bastante disparatado, por no decir otra cosa, que hablen de "dictadura progre" aquellos que políticamente se caracterizan por venerar la dictadura franquista o varias de ellas indiferentemente.

Al hilo de esta cuestión celebremos que el gobierno actual haya retirado una condecoración y los honores correspondientes a quien fue el teórico y defensor de una suerte de "racismo franquista", el doctor Vallejo Nájera, apodado por algunos como el "Mengele español".

Afirmaba este teórico que las ideas izquierdistas y todas aquellas que defienden los avances sociales y los servicios públicos, radicaban en un gen que había que extirpar.

Si a esto le unimos que Santa Teresa (Teresa de Cepeda y Ahumada) fue declarada por aquel régimen franquista y racista como la "santa de la raza", aún siendo de origen judío, acabamos de razas y de disparates hasta el moño.

Recordemos de paso que el concepto de raza referido al ámbito humano no es de aplicación. No existen tales razas y su realidad carece de base científica.

Esto ya lo sabía Unamuno, que en aquel celebre artículo titulado simplemente con el símbolo de la esvástica y publicado en el diario El Sol (30 de junio de 1932) ya dejó escrito que este es un concepto del ámbito ganadero pero no del ámbito humano.

Fijémonos en un detalle que no es indiferente: La inquina contra lo público de esta ultraderecha echada al monte, no se distingue en nada de la inquina contra lo público que predica el catecismo neoliberal. ¿Pura casualidad?

Conviene percatarse por tanto de que el disfraz populista que utilizan estos líderes ultraderechistas (Abascal, Ayuso...) para atraer votos, como si sus intereses y objetivos políticos estuviesen cercanos al pueblo, no es capaz de ocultar su verdadero papel como instrumentos mamporreros del proyecto neoliberal, muy alejado por supuesto de los intereses populares o de las clases medias, y muy cercano a los intereses de los milmillonarios que jalean y financian a Trump. Y desde luego muy distante (por dar un dato canónico) de las encíclicas sociales de la Iglesia.

En más de una ocasión y sin necesidad de que fueran lapsus inconscientes, estos líderes no han podido ocultar que uno de sus objetivos prioritarios es acabar con todos los servicios públicos y los derechos sociales (solo conservarían como instrumentos del Estado las fuerzas represivas), en cuanto que los únicos intereses que les importan son los de una minoría muy selecta y adinerada.

Su supremacismo se basa en la supuesta raza (como decimos, una realidad fantasiosa y no verificada por la ciencia), pero también en la posesión de dinero. Es aquí donde plutocracia, racismo y supremacismo, coinciden.

Otras veces, y ante el temor de que ese proyecto neoliberal descarado contra los servicios públicos les haga perder votos, intentan taparse y ocultarse un poco. O bien se sacan un conejo de la chistera para distraer al personal, como es el caso de la "prioridad nacional", que tanto Ayuso como Abascal predican ahora, y que Moreno Bonilla acaba de suscribir en un pacto con VOX, uno más de la serie.

Con esta maniobra de ocultación de las auténticas intenciones (acabar con los servicios públicos para abrir las puertas de par en par al lucro privado), dicen ahora que los servicios públicos se reservarán solo para un grupo específico de ciudadanos, segregando al resto, según el esquema de lo que han dado en llamar, para camuflarlo, "prioridad nacional".

Para no caer en el engaño y puesto que su objetivo último de acabar con todos los servicios públicos afecta a todos los ciudadanos y no se le oculta a nadie (de la misma manera que a nadie se le oculta lo que significa y persigue la motosierra de Milei), cuando escuchemos "prioridad nacional", traduzcamos correctamente por "prioridad neoliberal" como meta final del trayecto. Y a partir de ahí imaginemos nuestro país sin servicios públicos ni derechos sociales, pero lleno, eso sí, de pelotazos, corrupción, privilegios, y miseria.

Otro ejemplo de lo que estos insensatos entienden por "dictadura progre" es cuando dijeron que los avisos de alerta a los teléfonos móviles de los ciudadanos en situaciones de catástrofe son (literalmente) "pitidos orwellianos de una dictadura progre". A partir de esa idea disparatada se entiende que algunos responsables políticos durante la Dana de Valencia no supieran (o eso afirman) lo que es el sistema ES-Alert, y al no saberlo no se pudo utilizar correctamente y a tiempo para salvar vidas.

Claro está que entre poner fondos para la tauromaquia o ponerlo para un servicio público de emergencias eficaz, optaron por lo primero, porque todo lo "público" les huele a "dictadura progre".

Pensemos que si un mensaje de alerta en los teléfonos móviles procedente de Google y que llegó unos segundos antes del temblor, ha salvado vidas en el reciente terremoto de Venezuela, un mensaje de alerta lanzado con un margen de muchas horas de antelación en la catástrofe valenciana de la Dana podría haber salvado también muchas vidas.

Todo esto no ocurre por casualidad, sino que empieza por el disparate de llamar "pitido orwelliano de una dictadura progre" a esos mensajes de alerta que salvan vidas. O llamando "dictadura progre" a toda defensa de los servicios públicos.

En resumen, hay siglas políticas como las del PPVOX que se han especializado en coleccionar disparates, bien sea negando el cambio climático que ahora mismo nos achicharra, bien sea fabricando bulos en medio de una pandemia para generar confusión, o diciendo que los mensajes de alerta en los teléfonos móviles que salvan vidas, son "pitidos orwellianos" de una dictadura progre. Ellos tan libertarios, y en el fondo tan mequetrefes.

Un disparate según como se gestione puede causar risa o causar muchos muertos. Estos últimos, los muertos, sin duda no dan ninguna risa.

Con este marco referencial no debe extrañarnos esta noticia:

"Las claves del acuerdo PP-Vox en Andalucía: “prioridad nacional”, rechazo al reparto de menores migrantes y no al Pacto Verde" (El País 02 JUL 2026).

La insensatez avanza y ya suscribe pactos en muchas comunidades autónomas.