A propósito de Trump

Solo hay que sentarse ante la pantalla de la televisión y escuchar lo que dice y cómo lo dice para seguir comprobando que Donald Trump es un personaje atrabiliario. De nuevo ha azuzado la guerra contra Irán, y ahí está bombardeando el estrecho de Ormuz. Mañana se le puede ocurrir cualquier otra cosa. Hoy puede echar “pestes” contra cualquier líder que no le haga la ola y mañana se declarará amigo suyo.

Su reciente “actuación” en la cumbre de la OTAN en Ankara no ha sido una excepción. Antes de la cita renegaba de Pedro Sánchez, pero ha cambiado de opinión después de que ambos intercambiaran comentarios sobre futbol y golf.

Pero Trump también pasará. Es lo bueno de las democracias, que los ciudadanos cada cierto tiempo tienen la última palabra.

En Estados Unidos incluso muchos de los suyos le critican abiertamente. Y es que la politica económica que ha puesto en marcha le está beneficiando a él y a sus amigos, pero empobreciendo a los ciudadanos de a pie. En Europa, después del desconcierto, los líderes europeos ya le han cogido la “medida” y le tratan como a un niño caprichoso y maleducado, de esos que tienen rabietas cuando no les dan lo que quiere.

O como a alguien desequilibrado al que se procura no alterar. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, es quien mejor “borda” el papel de “pelota”.

Pero más allá de esto, que es importante pero no lo que más, es evidente que la posición política de Trump respecto a la OTAN tiene su parte positiva y es que obliga a la Unión Europea a tomarse en serio su propia defensa sin estar a expensas del “primo de Zumosol”, es decir, de Estados Unidos.

Eso no significa que se deba dar por superada la “alianza” entre Estados Unidos y Europa; al revés, hay que seguir trabajando en el mantenimiento de esa alianza, pero al mismo tiempo dotar a la UE de una fortaleza militar propia.

España es un viejo país al que Trump no puede dar lecciones de nada. De manera que sus diatribas y amenazas a quien dejan en evidencia es a él.

Lo decía hace unos días la ministra de Defensa, Margarita Robles, en una entrevista publicada en El País: “La OTAN sabe que España cumple”. Y así es, Pedro Sánchez durante su intervención en Ankara, puso en valor que nuestro país está “cumpliendo” con los objetivos que le han pedido. Y lo demostró dando datos y cifras precisas.

Dicho esto, es evidente que a Pedro Sánchez le venía mejor que Trump se “metiera” con él, que recibir sus halagos, pero también ha sabido sacar rédito del “cambio” del norteamericano.

Pero volviendo a la cuestión de fondo, resulta incomprensible que un presidente de Estados Unidos se venga comportando como viene haciendo Trump. Un comportamiento que nada tiene que ver con la ideología.

Estados Unidos ha sido gobernado por buenos presidentes republicanos al igual que lo ha sido por buenos presidente demócratas. Tambien ha tenido presidentes de uno y otro lado cuya gestión política fue un fiasco. Pero hasta ahora todos se habían comportado acorde a las pautas que requiere el cargo.

Pero Trump se comporta como un caprichoso maleducado al que el resto de los líderes políticos le “aguantan,” por ser el presidente de una gran potencia.

Estados Unidos es una gran potencia, sin duda, pero España tiene su propia historia, y a estas alturas de esa historia no nos pueden achantar las declaraciones groseras y atrabiliarias de un presidente como Donald Trump.

Bien es verdad que el mérito de nuestro presidente ha sido encargar la política de Defensa a Margarita Robles. En vista de como a Sánchez le han salido sus colaboradores de confianza, buena parte de ellos acusados de corrupción en los tribunales, al menos no se ha equivocado en la elección de la ministra de Defensa.

Y mientras tanto Trump ahí sigue. Aún le quedan dos años para dar unos cuantos espectáculos. Pero también él pasará.