La izquierda recupera el orgullo

Dice alguna crónica que "la izquierda recupera el orgullo bajo el liderazgo de Sánchez". Nada menos. Y todo ello porque en Barcelona se han reunido, de la mano del temporalmente presidente de la Internacional Socialista, todos los líderes de izquierda que mandan en el mundo. Bueno, faltó el único que manda de verdad, el chino Xi Jinping. Pero como a ese ya ha ido a verle el presidente Sánchez hace unos días, para ellos como si hubiera estado en Barcelona. Todos los lideres de izquierda que mandan hoy en el mundo son: Sánchez, Lula, Petro, Sheinbaum y Ramaphosa, es decir los que gobiernan en España, Brasil, Colombia, México y Sudáfrica. Eso sí, todos ellos están en "el lado correcto de la historia" frente a todos los demás. No voy a decir que la representación fuera pobre, pero sí manifiestamente mejorable. Todos ellos sostienen que "se acaba el tiempo de la ultraderecha" pero, entre tanto, son lo que son y representan un poder limitado aunque no renuncian a dictar lo que está bien y lo que está mal. Izquierda de libro.

Es fácil compartir algunas de las ideas de esta izquierda de hoy, todavía en el fondo de la fosa a la que les ha llevado la pérdida de una ideología clara, el abuso de la mentira y el uso de políticas alejadas de los problemas ciudadanos. Cuando un líder de izquierdas critica un pacto que pone como objetivo prioritario "la prioridad nacional", es fácil decirle que, efectivamente, eso es ilegal e inconstitucional y no se puede aplicar. Pero cuando ese mismo líder defiende y aplica como "prioridad nacional" el acuerdo con Bildu que permite el excarcelamiento de asesinos etarras sin haber cumplido su condena y sin arrepentimiento, ignorando y burlándose de las víctimas de ETA, hay que decirle que, además de ilegal, eso es inmoral. Y si permite los homenajes a los asesinos de ETA mientras prohíbe cualquier discurso favorable a la memoria de Franco, eso es indecente. Sin olvidar que consideraron una "prioridad nacional" amnistiar a los golpistas catalanes y asociarse con ellos para mantener el poder.

Si un dirigente de un Gobierno progresista critica, con razón, el incumplimiento de los más básicos derechos humanos por parte de Israel y del presidente de Estados Unidos en Gaza, Líbano o Irán, hay que recordarle que China es el campeón mundial en la transgresión de los derechos humanos y que el régimen iraní encarcela y mata a inocentes todos los días por el mero hecho de defender los derechos humanos o por rechazar llevar un velo. Y que mientras Estados Unidos, no Trump, invirtió 10.000 millones de euros en España el año pasado, China sólo puso 600 millones. Y ahí manda mucho el presidente chino. Y que nuestra balanza comercial con China es cada vez más deficitaria. Hay que cuidar los intereses de España.

A estos líderes de izquierdas hay que recordarles cada día que María Corina Machado es un defensora de la libertad y que Delcy Rodríguez, sostenida por Trump, ha sido y es una pieza clave de la represión y de la corrupción en Venezuela, un país del que se han tenido que exiliar ocho millones de ciudadanos. Cuba, a la que siguen apoyando, es una de las peores dictaduras y sus ciudadanos lo pagan desde hace casi 70 años. Como Nicaragua. Y China es, también, una dictadura. Deberían saber que no hay ninguna dictadura buena y que defender los derechos humanos de verdad no es inclinarse respetuosamente ante los dictadores poderosos.

Deberían saber que la corrupción es una vergüenza y un delito, la practique quien la practique y que hay que perseguirla siempre.

Que la justicia es justicia cuando te dan la razón, cuando procesal al rival o cuando te procesan a ti o a los tuyos y que hay que preservar siempre su independencia y nunca tratar de controlarla.

Que todas las guerras son injustas y que no se puede jugar con ello sólo para ganar votos.

Que no se puede generar, con razón y justicia, una regularización de medio millón de inmigrantes irregulares y mantener a miles de menores en Canarias durante casi dos años sin solucionar su problema ni tampoco abrir las puertas sin mecanismos de integración efectivos y firmes.

El lado correcto de la historia es defender la verdad, los derechos de los ciudadanos y hacerlo siempre en la dirección de la razón y la justicia. Lo otro es simple populismo.