Vuelve 'la pinza'
Los veteranos del lugar aficionados a seguir el acontecer de la vida política española no necesitarán mayor aclaración a la hora de establecer el significado polisémico del término que encabeza este apunte. En el universo de la crónica política "la pinza" evoca un episodio que en su día hizo correr ríos de tinta y en sustancia remitía a la sorprendente colaboración política entre el Partido Popular e Izquierda Unida, que operaba como marca blanca del PCE y estaba liderada por Julio Anguita.
José María Aznar, al frente del PP, acabaría siendo presidente del Gobierno tras vencer en reñida disputa electoral al PSOE que, con Felipe González a la cabeza, llevaba ya más de una década en La Moncloa. Anguita defendía que "en política había que ser laicos". Dicha alianza tenía como objetivo acabar con un PSOE que atravesaba por una fase muy tocada por diversos escándalos. En un libro de memorias, el carismático líder comunista desmentía la existencia de la famosa "pinza". Pero los hechos parecían corroborar la mencionada alianza táctica: 16 alcaldes de IU le debían su puesto al PP y 61 del PP al apoyo de IU.
Sobre lo dicho se colige que José María Aznar sabe algo de "pinzas" y es por eso que han llamado mucho la atención unas palabras suyas en las que dice tener constancia de la existencia de contactos habituales entre Moncloa y dirigentes de Vox, entre "el populismo de izquierdas y el populismo de derechas", en referencia al Ejecutivo de Pedro Sánchez y el partido que dirige Santiago Abascal. De ser así estaríamos asistiendo a una suerte de alianza funcional, no estructural. La forma radical de hacer política por parte de Abascal alimenta y presta el argumento de fondo al discurso apocalíptico de Sánchez, que apela a la unidad de las izquierdas para frenar a la "extrema derecha y la derecha extrema".
En esa hipotética "joint venture" política, llamativa unión temporal desde luego, el perjudicado sería el Partido Popular. "Yo afirmo que el señor Aznar miente"- ha dicho Santiago Abascal por toda aportación al asunto en términos de desmentido. Así las cosas, cabría preguntar por qué iba a mentir José María Aznar cuando, en su condición de expresidente del Gobierno, se sabe que es una persona bien informada. ¿Para ganar un titular? No es su estilo.