Opinión

Falsa dimisión

Desde el principio, alrededor de Yolanda Díaz todo fue una impostura. Un trampantojo político. Desde su designación a dedo por Pablo Iglesias (carné de profeta) para encabezar a las siempre enfrentadas tribus de la izquierda española. Hasta el final ha estado vendiendo humo apuntándose a la mala costumbre de las comparecencias sin preguntas para, en la última, anunciar que deja la presidencia de Sumar pero sin renunciar a la encomienda ministerial.

Visto que ha ido perdiendo una tras otra todas las elecciones: desde las celebradas en Galicia, su tierra natal, en las que no consiguieron un solo diputado, hasta las del domingo en las que Sumar se quedó en tres escaños dejando fuera al candidato de Izquierda Unida que iba el número cuatro en la lista, si sigue en el ministerio cabría preguntarse ¿a quién representa?

Con ella al frente de Sumar todo fue un ir cuesta abajo. Una simulación entre constantes puestas en escena de aplausos, besos y proclamas diciendo que todo iba bien porque ella estaba en el secreto de las esencias de la verdadera izquierda. Pero la realidad iba por otro lado. En los años que llevan de socios en el Gobierno de Pedro Sánchez, Sumar y Podemos fueron empujando al centenario PSOE que un día lideró Felipe González a defender causas tan socialmente lesivas como la ley del "solo sí es sí" (copyright de Irene Montero) que ha facilitado la excarcelación o la rebaja de penas a delincuentes sexuales; o iniciativas absurdas como el lenguaje inclusivo o tensar las relaciones con Israel. Por no hablar de la reforma del Código Penal para favorecer a los golpistas catalanes del "procés" y apoyar la infame Ley de Amnistía.

Yolanda Díaz renuncia a liderar un engendro político que era muy jaleado por algunos medios pero que era despreciado por los votantes en cada ocasión en la que se presentaba a las elecciones. Anuncia ahora que renuncia a lo que en términos de estructura política ya no era nada. Al no dejar el Gobierno -situación que conviene a Pedro Sánchez vista la extrema debilidad política tanto de Sumar como de Podemos- lo que evidencia es que quienes llegaron al poder denunciando a la "casta" han descubierto que es más confortable la poltrona ministerial que las sillas de "ikea" de los despachos de sindicalista.

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