Votamos al puño y la rosa

Votamos al puño y la rosa: contra el mesianismo en Castilla-la Mancha de Emiliano García-Page

Los resultados electorales del pasado domingo en Andalucía exigen reflexión colectiva dentro del PSOE. Sin embargo, algunos han tardado apenas unas horas en utilizar la derrota para beneficio propio. Escuchar a Emiliano García-Page señalar exclusivamente a Ferraz y a Pedro Sánchez no sólo resulta desleal, sino profundamente hipócrita. 

Conviene recordar una verdad incómoda: el PSOE no gana por caudillismos territoriales ni por liderazgos mesiánicos. Gana porque miles de militantes y votantes seguimos creyendo en unas siglas históricas y en un proyecto socialdemócrata común. Cuando Pedro Sánchez ganó las primarias de 2017 lo hizo gracias a esas mismas bases que Page desprecia cada vez que busca un titular amable en la prensa conservadora.

Y precisamente sobre coherencia política conviene refrescar la memoria. Tras el Comité Federal de octubre de 2016, García-Page aseguró públicamente que si Pedro Sánchez ganaba las primarias él no volvería a ser candidato en Castilla-la Mancha. Sánchez ganó de forma contundente y, sin embargo, Page no tuvo inconveniente en incumplir su palabra y seguir encabezando las listas autonómicas del PSOE. 

La misma contradicción aparece cuando habla de pactos. Si tanto le incomoda la izquierda y tanto insiste en reclamar abstenciones al PSOE para facilitar gobiernos del Partido Popular, ¿por qué él no hizo lo mismo en 2015? La realidad es que llegó a la Presidencia de Castilla-la Mancha gracias a un acuerdo con Podemos, formación que incluso acabó entrando en su Gobierno. Lo que hoy critica a Ferraz fue exactamente lo que él practicó aquí para gobernar. 

Esa doble vara de medir define su funcionamiento interno dentro del partido. García-Page critica constantemente a la Ejecutiva Federal y cuestiona los perfiles elegidos por Pedro Sánchez, pero en Castilla-la Mancha aplica un férreo control orgánico donde sólo tienen espacio quienes forman parte de su círculo político. Cualquier sensibilidad próxima a Pedro Sánchez ha sido sistemáticamente apartada de puestos de responsabilidad y de candidaturas electorales. 

El problema es que ese modelo empieza a mostrar claros síntomas de desgaste. Aunque Page presume de mayoría absoluta, la realidad es que en 2023 la retuvo por un margen mínimo, perdiendo poder municipal e institucional durante los últimos años. 

A ello se suma una gestión con importantes sombras, especialmente en materia sanitaria, donde persisten listas de espera inaceptables, colapso en urgencias y conflictos laborales enquistados. Frente a esos problemas, Page parece más preocupado por ejercer de verso suelto permanente contra el Gobierno de España que por reforzar la acción política progresista en la región.

El mayor riesgo de esta estrategia no es sólo orgánico, sino electoral. Cada vez son más los votantes progresistas de Castilla-la Mancha que sienten una profunda desconexión con un discurso que asume marcos ideológicos de la derecha y que parece avergonzarse de la propia identidad de izquierdas del PSOE. Y cuando la izquierda se desmoviliza, quienes avanzan son el PP y VOX.

Si en 2027 la derecha termina gobernando Castilla-la Mancha, la responsabilidad será evidentemente de quienes recorten derechos y servicios públicos. Pero también de quien lleva años debilitando la identidad política del socialismo castellanomanchego mientras busca el aplauso de quienes nunca votarán al PSOE. 

El PSOE sólo será fuerte si sigue siendo reconocible para su gente. No necesitamos dirigentes obsesionados con gustar a la Derecha mediática. Necesitamos un partido orgulloso de sus valores, de su militancia y de su proyecto progresista.