Pedro Sánchez o el caos
España tiene un rumbo claro. A Pedro Sánchez se le podrán reprochar muchas cosas, pero jamás que él o sus ministros se escondan. Ante cada crisis, el Gobierno ha dado la cara, solicitando comparecer en el Congreso de los Diputados siempre que los hechos lo requerían. Hemos visto al Presidente rendir cuentas tras cada Consejo Europeo o protagonizar plenos monográficos para explicar medidas anticorrupción. Es, sencillamente, el ejercicio de la transparencia en nuestra cámara de representación.
Sin embargo, frente a esta gestión, nos encontramos con una oposición incapaz de articular una alternativa de gobierno creíble. Y, por si fuera poco, vemos de nuevo a Felipe González en la palestra, despotricando contra el actual Secretario General como si su palabra fuera la única verdad absoluta en el PSOE.
Yo no milité en el partido hasta el año 2001, pero tengo memoria y he leído suficiente historia de nuestra organización. Por eso, me cuesta encontrar una frase más autoritaria que aquel “quien se mueve, no sale en la foto” de Alfonso Guerra. Yo les pregunto a ambos: ¿se creen más que nadie? Un político en democracia no es nada sin los votos de la gente y el respaldo de la militancia.
Al escribir estas líneas, no puedo evitar recordar a los millones de españoles que confiaron en ellos durante catorce años. Pienso en mis abuelos maternos, que sentían verdadera veneración por quienes, aquel 28 de octubre de 1982, se asomaron al balcón del Hotel Palace para celebrar una victoria histórica de 202 diputados. Fue la mayor mayoría en escaños de nuestra democracia; la mayor en votos, por cierto, la consiguió Zapatero, aquel a quien Guerra despreció llamándole “Bambi”.
Dicho esto, vuelvo a Pedro Sánchez. Un presidente envidiado que ha situado a España en el centro de la geopolítica mundial. Lo ha hecho con la declaración del Estado de Palestina, con la Excepción Ibérica que abarató la luz y con el impulso de los Fondos Next Generation EU, ese "Plan Marshall" que él mismo propuso durante lo más duro de la pandemia.
¿Por qué hablo del caos? Porque, aunque les irrite a algunos, la alternativa es la entente del odio y los bulos que encarnan PP y VOX.
Por eso, el Presidente debe seguir. Debe recordar el aliento de quienes le dicen por la calle: “¡Pedro, aguanta!”. El camino es abrupto, pero su gestión le avala. España no puede permitirse retroceder.