Zapatero, sin pena ni gloria

La expectación ante la entrevista del expresidente Rodriguez Zapatero en TVE era máxima y las expectativas de los socialistas sobre un resultado brillante de la misma han resultado estar muy por encima de la realidad.

Al expresidente le asiste el derecho a la presunción de inocencia, le asiste su derecho a que su vida privada (las famosas agendas) no aparezca a la luz pública y tiene derecho a a toda su cada una de las garantías constitucionales y procesales que asiste a cualquier ciudadano. Bueno, sería establecer algún criterio de prudencia antes de que se dicte sentencia y esto vale y debería valer lo mismo para el expresidente como para González Amador, por poner un ejemplo conocido.

Rodriguez Zapatero no ha aportado nada especialmente diferente a lo dicho en su día en Onda Cero y, naturalmente, ha declarado con énfasis su inocencia en todo lo relacionado con el rescate de Plus Ultra. Tiene derecho a proclamarse inocente y por derecho le asiste incluso el derecho a mentir, extremo este que solo se sabrá con certeza cuando acabe el procedimiento judicial. Será entonces cuando, por ejemplo, tengamos una explicación fehaciente de ese medio millón de euros coincidente con el polémico rescate de Plus Ultra.

Con todo, la expectativa, sobre todo de sus compañeros socialistas, estaba en el tema de las joyas que tienen su origen "en un regalo de cortesía personal". Nada ha aclarado. Este punto ha sido el punto más débil de su intervención que haciendo un balance frío de la misma, no es exagerado convenir que nada ha aportado. En nada hubiera influido en el proceso si sobre este extremo hubiera sido un poco más locuaz.

No lo ha hecho, remitiéndose siempre a su presencia ante el juez. Los primeros decepcionados han sido, son, sus compañeros de partido que, en cualquier caso, iban a seguir apoyando porque si algo era seguro es que la entrevista no estaba pensada para reconocer supuesto delito alguno. Se pretendía, pretendía el expresidente y supongo que también el Gobierno, no sólo lavar su imagen, también dar un respiro a un PSOE que hoy como ayer continúa perplejo aunque no lo reconozca.

Habría que testar con precisión si la entrevista ha tranquilizado a los socialistas que, a día de hoy, como nos ocurre a muchos, no acaban de creerse que el expresidente pueda verse inmerso en asuntos raros que está por ver si son delitos o no. En cualquier caso, y visto el panorama con frialdad, el expresidente ha perdido una oportunidad de oro para, por lo menos, dar alguna explicación, aunque fuera mínima, sobre el origen de las joyas, más allá de que se trata de un regalo de cortesía personal y que guardó en una caja fuerte y sobre las que no tenía el menor interés económico ni de "destino".

El drama de Zapatero en términos políticos es que su imagen de idealismo y benefactor de la humanidad, cuando menos, está en duda pero, eso sí, en términos penales es inocente mientras no se demuestre lo contrario. De momento, su aparición pública ha sido una aparición sin pena ni gloria.

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