Y le llaman contundencia

En cada tiempo político hay términos, vocablos que se ponen de moda. Se utilizan de manera sistemática como ocurre ahora con la llamada contundencia. La contundencia tiene como fin, cuando se utiliza en el discurso político, económico o social, convencer de manera rotunda con los argumentos esgrimidos.

Vistos los debates en los que navega la vida política española, cabe preguntarse si la tan traída y llevada contundencia, esgrimida por el Presidente y sus portavoces más cualificados, ha brindado a la opinión pública y al propio Congreso argumentos suficientes para despejar las dudas que razonablemente se le plantearon al Presidente en el que ha sido el último pleno hasta después del verano.

En un principio todo eran bulos, inventadas y conspiraciones. El resultado, de momento, es que los dos hombres que le ha facilitado de manera extraordinaria ser Presidente del Gobierno están en la cárcel después de un juicio minucioso aunque el señor Ábalos considere que estaba condenado de antemano.

¿Alguien podía esperar que después de su moción de censura contra Mariano Rajoy y los discursos que acompañaron esa decisión que Pedro Sánchez se sintiera satisfecho con la contundencia? ¿Cómo es posible que, a la hora de la verdad, pareciera que él pasaba por ahí sin enterarse de nada?

A lo largo de estos años, se ha dulcificado el Código Penal para el delito de malversación y lo de la ética y la estética son conceptos ignorados porque aquí o hay delito o todo está bien. A lo largo de estos años se han traicionado buena parte de los principios de los que la izquierda ha venido haciendo gala y esta izquierda deja la puerta abierta a que, llegado el caso, Feijóo no se entere de nada aunque los encarcelados fueran sus hombres o mujeres de confianza. Si Sánchez no sabía nada por qué tendría que saberlo Feijóo. Le llaman contundencia pero en el fondo es manga ancha mientras no entres en la cárcel y es presunción de inocencia, esa que negaron, por ejemplo a Campos y ahora niegan a Isabel Díaz Ayuso como si ella estuviera imputada por algo... y le llaman contundencia.

Y mientras los procesos judiciales se sustancian nada más aconsejable que la prudencia. Prudencia por parte de la Oposición porque se sabe cuando uno se sienta en el banquillo pero no cómo se levanta y más prudencia todavía al Presidente y sus portavoces porque saben cómo han empezado estos tiempos descorazonadores pero no saben cómo van a finalizar. De momento no pueden echar campanas al vuelo.

A los grupos de investidura no hay que pedirles prudencia. No hay que pedirles nada. Nos inflarán a discursos más o menos indignados. Argumentarán que como lo que viene es terrible se ponen de perfil pero no podrán nunca hablar de contundencia. Bueno, sí, lo harán si algún día llega la derecha a Moncloa, entonces sí y a esta derecha, desde ya mismo, hay que exigirle que, llegado el caso, menos contundencia y más asunción de responsabilidades que en democracia se llama dimisión.

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