Once meses de mentiras

Hace casi once meses que España sufrió el gran apagón. Desde el primer día los expertos tuvieron clara la causa, aunque hoy seguimos sin un informe oficial ni de la Vicepresidenta Tercera y ministra para la Transición Ecológica ni de la presidenta de Red Eléctrica.

Ahora, gracias a los audios aportados por algunas de las compañías eléctricas en la Comisión del Senado sobre el apagón y publicadas por "El Mundo", se ha podido comprobar que ambas mintieron y que la causa estuvo clara desde el principio. En esas conversaciones entre Red Eléctrica y las compañías privadas se evidencian anomalías persistentes en la red: oscilaciones inusuales, tensiones mal gestionadas y desequilibrios causados por el peso de la energía fotovoltaica sin el respaldo suficiente de la nuclear.

Estos registros son especialmente reveladores porque no se refieren a un incidente aislado sino que apuntan a problemas estructurales detectados mucho antes del apagón y que se intensificaron en los días previos. La falta de capacidad de respaldo, tradicionalmente cubierta por tecnologías como la nuclear, aparece como un factor clave en la inestabilidad del sistema. Los audios cuestionan la gestión técnica, pero también que la magnitud del problema era conocida y, sin embargo, minimizada públicamente.

La cuestión no es confrontar tecnologías sino mejorar la operativa del sistema y dejar de lado la ideología. La transición energética exige planificación, inversiones y, sobre todo, realismo. España ya ha experimentado episodios de tensión en la red antes y después del gran apagón. En más de una ocasión, incluso hace unas semanas, la solución de emergencia ha pasado por pedir a la industria que detenga su actividad para aliviar la demanda, una medida que evidencia la fragilidad del sistema y la falta de soluciones estructurales.

Este recurso constante a parches coyunturales revela que los problemas de fondo no se han resuelto y que la gestión sigue siendo nefasta. Tampoco se han asumido responsabilidades, lo que erosiona la confianza en los encargados de garantizar el suministro. Hay una cosa que sí hemos sabido con certeza antes incluso de estos audios: el coste de estas malas decisiones lo estamos pagando los ciudadanos en la factura de la luz.

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