El cohete vaga a la deriva
El Gobierno insiste en vender la imagen de que la economía española va como un cohete, pero los datos, a pesar de que en este país se discutan, son tozudos y el cohete de Sánchez se dirige derechito a la Tierra. Primero, la Encuesta de Población Activa del primer trimestre deja un retrato preocupante: el paro aumentó en 231.500 personas, hasta 2,7 millones, y la tasa de desempleo regresó a los dos dígitos, situándose en el 10,83%. Fue el peor arranque de año desde 2013. La ocupación cayó en 170.300 personas. El deterioro se concentró en el empleo privado, con 191.400 puestos menos, mientras el empleo público volvió a ganar peso. También descendió el trabajo a tiempo completo y aumentaron los hogares con todos sus miembros en paro.
Después vino el dato de crecimiento de la economía de enero a marzo que se ralentizó, con el consumo y la inversión dando señales de enfriamiento y el sector exterior perdiendo impulso. El PIB per cápita sigue estancado y hasta Taiwán nos ha superado. Por si fuera poco, Bruselas ha levantado la voz y ha advertido al Gobierno de problemas estructurales que el relato oficial no puede ocultar: pobreza infantil, acceso cada vez más difícil a la vivienda, desigualdad y presión inflacionista. De hecho, Eurostat asegura que el IPC de abril subió hasta el 3,5% y no el 3,2% como se había adelantado desde el INE.
Mientras tanto, el salario más frecuente se aproxima ya al salario mínimo, con impuestos escandalosos que merman la capacidad de los hogares para hacer frente a sus gastos, sin que los servicios públicos hayan mejorado. España sigue funcionando con unas cuentas públicas elaboradas con parámetros de 2022, en un contexto económico muy distinto al actual y no solo por las guerras en curso. Si como asegura el INE solo en 2023 y 2024 llegaron a España 2,3 millones de inmigrantes y ahora se van a regularizar a cientos de miles, la presión sobre los servicios públicos se va a tensionar aún más, creando una sensación de caos y de alarma social.
Tampoco el mundo empresarial está para tirar cohetes, a pesar del discurso de los sindicatos y la extrema izquierda, ya que el 40% de las empresas o está en pérdidas o no tiene beneficios por los márgenes cada vez más estrechos que dejan los costes regulatorios, laborales y energéticos. Sobre esto último, hay que apuntar la desidia con la que el Gobierno se está tomando la saturación de la red eléctrica que nos está haciendo perder inversiones millonarias y miles de empleos. La realidad frente al relato interesado es que el país navega con los motores gripados y con un presidente al mando a quien solo le preocupa seguir en el poder al precio que sea.