Orban y los espejos

Vivimos entre espejos virtuales que nos miran y donde nos miramos. Así nos vamos abriendo paso entre la maleza. A escala planetaria, continental, nacional o local. De ahí que el juego de espejos sea una inagotable fuente de analogías y carreras de sacos, solos o acompañados, por salir ganando en las comparaciones.

La digresión se inspira en la onda expansiva generada por lo ocurrido el domingo pasado en un país tan distinto y distante como Hungría. Nada extraño en la dinámica democrática de la UE. Allí se codea con otros veintiséis países. Entre ellos España, donde hemos venido amplificando el minuto y resultado del antes y después de las elecciones.

Y así, hasta el desenlace del domingo pasado, recibido como agua de mayo entre los analistas que nos habían puesto sobre aviso sobre lo que Europa se jugaba en un país gobernado por un autócrata euroescéptico, Viktor Orban, vendido a dos cabestros planetarios, Putin y Trump, unidos por su común aversión a las urnas, las leyes y los derechos humanos.

La contundente derrota de Orban (Fidesz) cursa en el espejo español como castigo a los cabestros y a los grupos de ultraderecha europeos. Números cantan: los resultados del domingo pasado en las elecciones generales de Hungría han dado una holgadísima victoria al también conservador, pero de confesada profesión europeísta, Péter Magyar (Tisza).

Eso explica la celebración de un higiénico final a los dieciséis años de reinado de la ultraderecha populista, nacionalista, xenófoba, racista, reaccionaria, con casos de corrupción y nepotismo, que habían alertado a la opinión pública húngara. Ergo, bienvenida sea su derrota y pongan sus barbas a remojar sus correspondientes de Vox (forman parte del mismo grupo en el Parlamento Europeo), cuyo sueño de reemplazar al PP como grupo hegemónico de la derecha.

Candidato prorruso frente a candidato europeo. Ese era el esquema de vísperas. Y el desenlace es la victoria del segundo por goleada. Todo lo demás cuelga de ahí. En resumen, excelente noticia que Hungría vuelva al pacifico redil de la Europa de valores, como el de la solidaridad para el progreso, una vez cancelada la deslealtad de Orban. Véase su aversión a la causa de Ucrania frente al oso ruso.

Ahora toca esperar que Magyar, el nuevo presidente, una vez que tome posesión, desmonte con mano firme el sistema personalista e iliberal de Viktor Orban, que en otro tiempo fue su espejo político, del mismo modo que en España Santiago Abascal fue en otro tiempo espejo político de Macarena Olona, Espinosa de los Monteros, Rocio Monasterio, Ortega Smith.

¿Se estará fraguando algo parecido entre los ex del personalista líder de Vox?