El fuego arrasó 14.000 hectáreas en Castilla-La Mancha en 2025

El fuego arrasó 14.000 hectáreas en Castilla-La Mancha en 2025

La región registró 242 incendios y 1.364 conatos en un año marcado por condiciones meteorológicas extremas.

El informe de Infocam sitúa 2025 como el segundo año con más incidentes de la última década, con especial impacto en Toledo y Ciudad Real.

Castilla-La Mancha registró 242 incendios forestales y 1.364 conatos durante 2025, sumando un total de 1.606 siniestros que afectaron a 7.473 hectáreas de superficie forestal y 6.802,45 hectáreas no forestales, según el informe anual del Plan de Prevención y Extinción de Incendios Forestales (Infocam). El documento sitúa además el ejercicio como el segundo con mayor número de incidentes del último decenio, en un contexto climático especialmente adverso.

El balance, consultado por EFE en la web de Infocam, revela que el 84% de los siniestros fueron conatos —incendios inferiores a una hectárea—, aunque el comportamiento del fuego estuvo condicionado por episodios meteorológicos que provocaron “saltos cualitativos” en su evolución, impulsados por la acumulación y transformación del combustible vegetal.

Durante la primavera, calificada como “muy húmeda” por la Agencia Estatal de Meteorología, se registraron anomalías pluviométricas muy positivas, especialmente en la mitad occidental de la región. Este fenómeno favoreció un crecimiento excepcional del combustible herbáceo, creando un escenario propicio para incendios posteriores, con especial incidencia en Ciudad Real y Toledo.

De la humedad al riesgo extremo

El informe detalla que a finales de mayo se produjo un episodio de temperaturas anormalmente elevadas, que aceleró el secado de la vegetación. Este proceso convirtió la hierba en un elemento altamente inflamable y facilitó la propagación de los incendios.

El inicio de la época de peligro alto —entre el 1 de junio y el 30 de septiembre— estuvo marcado por la alternancia de masas de aire frío con tormentas secas y entradas de aire cálido, lo que generó condiciones inestables. En la primera mitad de junio predominaron incendios en combustible fino muerto, principalmente en terrenos no forestales.

Sin embargo, en la segunda quincena, coincidiendo con la primera ola de calor (del 18 de junio al 4 de julio), comenzaron a registrarse incendios de mayor entidad como el de Chinchilla de Montearagón (Albacete), con 231 hectáreas calcinadas, o el de Burujón (Toledo), con 478 hectáreas afectadas.

Julio y agosto: grandes incendios y propagación extrema

Durante la primera quincena de julio no se detectaron comportamientos especialmente relevantes, aunque se consolidó el secado masivo del combustible herbáceo, sobre todo en la mitad occidental. Esta situación preparó el terreno para un cambio significativo en la segunda mitad del mes.

Fue entonces cuando aumentó la disponibilidad de combustible y se produjo un salto en el comportamiento del fuego, con mayor facilidad para afectar a vegetación viva y propagarse incluso sin condiciones extremas. Destacó el incendio de Méntrida (Toledo), que arrasó 3.240 hectáreas y donde el viento impulsó el avance del fuego, afectando a zonas agrícolas, forestales y de interfaz urbano-forestal, superando los límites de extinción.

En agosto, la segunda ola de calor (del 3 al 8 de agosto) —una de las más intensas en España— incrementó aún más la disponibilidad de combustible. Sus efectos se prolongaron durante semanas, favoreciendo incendios como el de Navalmoralejo (Toledo-Cáceres), con 2.978 hectáreas quemadas, o el de Anchuras (Ciudad Real), con 75 hectáreas, caracterizados por propagaciones rápidas y saltos a media distancia.

Septiembre y extensión del riesgo hasta noviembre

El mes de septiembre estuvo marcado por una elevada carga de combustible forestal. Tras una breve mejora inicial, a partir del día 11 se produjo un repunte de incendios con la llegada de una masa de aire cálido y seco.

En esta fase se detectó por primera vez una participación activa del combustible vivo incluso sin presencia de material muerto, junto a focos secundarios a media y larga distancia, con incendios fuera de capacidad de extinción. Ejemplos de ello fueron los incendios de Polán (Toledo), con 314 hectáreas, y Cardoso de la Sierra (Guadalajara), con 2.410 hectáreas, este último especialmente significativo por su alta intensidad en una zona no habituada a estas condiciones.

El informe también subraya un cambio relevante: mientras que en 2023 y 2024 no hubo incendios significativos fuera del periodo de alto riesgo, en 2025 estos episodios se prolongaron hasta noviembre. De hecho, el 5 de noviembre se registró un incendio en Pozuelo de Calatrava (Ciudad Real) que afectó a 66 hectáreas.

Causas: predominan las desconocidas, pero los rayos arrasan más superficie

En cuanto a la causalidad, el informe de Infocam indica que el 31% de los incendios tuvo origen desconocido, seguido de los intencionados (24%) y los derivados de negligencias (20%). Las causas accidentales y naturales tuvieron menor incidencia en número de siniestros, mientras que los incendios reproducidos fueron residuales.

No obstante, las causas naturales —principalmente rayos— fueron responsables del 42% de la superficie forestal quemada, un dato especialmente relevante. Este aumento está directamente vinculado al incendio de Cardoso de la Sierra (Guadalajara), originado por causas naturales y favorecido por la elevada carga de combustible.