La Cátedra del Tajo pide prudencia ante un nuevo trasvase máximo

En la imagen de archivo el embalse de Entrepeñas en la cabecera del río Tajo en la provincia de Guadalajara - EP/Rafael Martín Solano

Las lluvias elevan las reservas de Entrepeñas y Buendía por encima del umbral del nivel 1 del Trasvase Tajo-Segura.

El organismo advierte de que no es momento de “precipitarse” y reclama planificación a largo plazo para evitar repetir errores en futuras sequías.

La Cátedra del Tajo UCLM-Fundación Soliss ha pedido “no precipitarse” ante la posibilidad de trasvasar el máximo permitido tras el aumento de la capacidad de los embalses de la cabecera del Tajo gracias a las lluvias registradas por segundo año consecutivo. El organismo académico recuerda que la activación del nivel 1 del Trasvase Tajo-Segura es una categoría administrativa que no garantiza estabilidad futura y reclama una gestión preventiva que evite repetir errores cuando regresen los periodos de sequía.

Las precipitaciones acumuladas en la cabecera del río han permitido que los embalses de Entrepeñas (Guadalajara) y Buendía (Cuenca) alcancen un volumen suficiente para activar el nivel 1 de las Reglas de Explotación del Trasvase Tajo-Segura, lo que autoriza derivaciones máximas hacia las provincias de Murcia, Alicante y Almería.

Según explica la Cátedra en nota de prensa, el umbral que activa este nivel máximo de trasvase se sitúa en 1.300 hectómetros cúbicos, cifra que representa algo más del 50% de la capacidad total conjunta de ambos embalses. “Dicho de otro modo: el grifo se puede abrir al máximo cuando los depósitos están a la mitad”, subrayan.

Pese a reconocer que la situación actual es “en cierta medida” una buena noticia, el organismo insiste en que “no es motivo de alarma, pero tampoco de complacencia”. A su juicio, el nivel 1 es simplemente una categoría administrativa que describe un momento puntual, pero no una tendencia consolidada. “Puede reflejar que este año ha llovido bien en Guadalajara y Cuenca. No dice nada sobre lo que ocurrirá en los próximos tres o cuatro años”, advierten.

La Cátedra lamenta que exista una dinámica recurrente: “Cuando llega la sequía, cunde la alarma; cuando vuelven las lluvias, el alivio borra rápidamente el recuerdo del problema y se vuelve a gestionar como si la abundancia fuera la norma”.

Planificar con anticipación

El organismo recuerda que los Planes Especiales de Sequía obligan a las cuencas hidrográficas a planificar con antelación y a no esperar al desastre para actuar. Sin embargo, considera que esa lógica preventiva no se aplica con coherencia al régimen del Trasvase.

En este sentido, señalan que los años húmedos tienen una “propiedad política muy conveniente”: hacen innecesario actuar. “Si los embalses están razonablemente llenos y el trasvase fluye sin incidentes, reformar las Reglas de Explotación parece urgente solo para quien piense en términos de décadas, no de legislaturas”, sostienen.

La Cátedra subraya además que los ciclos hidrológicos y los ciclos electorales no comparten calendario. Adaptar hoy los umbrales del trasvase a las exigencias del Plan Hidrológico del Tajo de 2023 implicaría una decisión cuyos beneficios se percibirían en la próxima sequía severa —que podría llegar en tres o en quince años—, pero cuyos costes políticos serían inmediatos, al reducir el volumen trasvasado en los años húmedos.

“Habrá menos agua trasvasada en los años buenos, y alguien tendrá que explicarlo en el Sureste”, critican.

Finalmente, la Cátedra plantea la cuestión de fondo: si el diseño actual del sistema favorece la estabilidad a largo plazo o, por el contrario, incentiva agotar rápidamente cada episodio favorable sin permitir que las reservas se reconstruyan de verdad.