Castilla-La Mancha alcanza su mayor envejecimiento histórico con una red líder de cuidados
Castilla-La Mancha ha entrado de lleno en una nueva etapa demográfica. El envejecimiento de su población, una tendencia que se viene acentuando desde hace décadas, ha alcanzado en 2025 su máximo histórico, situando a la comunidad ante uno de los grandes retos estructurales del presente y del futuro inmediato. Sin embargo, este fenómeno convive con una realidad menos visible pero igualmente determinante: la región ha desarrollado en paralelo una amplia red de atención a las personas mayores, con niveles de cobertura, financiación y capacidad de respuesta que la sitúan entre las comunidades líderes del país.
El índice de envejecimiento de Castilla-La Mancha se ha situado en el 136%, lo que equivale a 136 personas mayores de 64 años por cada 100 menores de 16. Se trata del dato más elevado de toda la serie histórica y del mayor incremento interanual jamás registrado, con 4,6 puntos porcentuales más que en 2024. En apenas cinco años, el envejecimiento se ha incrementado más de un 23%, reflejando una aceleración del proceso que ya no admite lecturas coyunturales.
Un cambio estructural que redefine la pirámide poblacional
Aunque el envejecimiento es un fenómeno común a toda España, Castilla-La Mancha lo experimenta con particular intensidad en términos de velocidad. La región se mantiene aún por debajo de la media nacional, situada en el 148%, y figura como la séptima comunidad más joven del país. Sin embargo, el ritmo de crecimiento del indicador evidencia que la transición demográfica avanza de forma sostenida y progresiva.
Este proceso se explica por la combinación de dos factores estructurales: una natalidad persistentemente baja, que reduce la base de la pirámide poblacional, y una esperanza de vida en aumento, que amplía los tramos superiores. El resultado es un desequilibrio cada vez más acusado entre generaciones, con implicaciones directas sobre la planificación de servicios públicos, el mercado laboral y la sostenibilidad del Estado del bienestar.
El impacto del envejecimiento no es uniforme dentro de la región. Cuenca presenta el índice más elevado, con un 185,3%, seguida de Ciudad Real (157,1%), Albacete (149,3%), Toledo (117,5%) y Guadalajara (109,3%). Estas diferencias reflejan tanto la despoblación en zonas rurales como la concentración de población joven en áreas urbanas o con mayor dinamismo económico, acentuando los contrastes territoriales.
Envejecimiento y mercado laboral: un desafío añadido
Más allá de su dimensión social, el envejecimiento plantea importantes desafíos para el mercado de trabajo. La reducción del relevo generacional anticipa una disminución de la población activa en los próximos años, al tiempo que aumenta el peso de los trabajadores sénior. Sin embargo, esta realidad convive con un mercado laboral que sigue penalizando a los mayores de 45 años, especialmente en situaciones de desempleo prolongado.
El paro de larga duración afecta de forma desproporcionada a este colectivo, convirtiéndose en muchos casos en un tránsito forzado hacia la jubilación anticipada o la inactividad. Este fenómeno no solo supone una pérdida de talento y experiencia, sino que intensifica la presión sobre los sistemas de protección social, en un contexto de envejecimiento acelerado.
Segunda comunidad con más plazas residenciales por habitante
Frente a este escenario demográfico, Castilla-La Mancha ha reforzado de manera sostenida su modelo de atención a las personas mayores, especialmente en el ámbito residencial. La comunidad se sitúa como la segunda de España con más plazas por habitante en residencias de mayores, con un índice de cobertura del 6,42%, muy por encima de la media estatal, que se sitúa en el 3,95%.
La red regional cuenta con 29.075 plazas residenciales, una ocupación cercana al pleno (98,9%) y un superávit estructural de 7.740 plazas respecto a la ratio de referencia de cinco plazas por cada 100 personas mayores de 65 años. Estos datos confirman que el sistema no solo está ampliamente dimensionado, sino que ha logrado mantenerse estable durante más de una década, incluso en un contexto de fuerte presión demográfica.
Castilla-La Mancha es además la comunidad que más plazas públicas aporta al conjunto del sistema nacional y la segunda en número total de plazas, sumando públicas y privadas. El tamaño medio de los centros —78,7 plazas por residencia, por encima de la media nacional— evidencia una estructura sólida, capaz de ofrecer servicios continuados y estables en un territorio extenso y con elevada dispersión geográfica.
Mientras gran parte del país afronta un déficit cercano a las 100.000 plazas residenciales, Castilla-La Mancha forma parte del reducido grupo de comunidades con superávit, junto a Castilla y León y Extremadura, consolidándose como una excepción positiva en un sistema nacional tensionado.
Un modelo con fuerte peso de la financiación pública
Otro de los rasgos distintivos del sistema castellanomanchego es el peso de la financiación pública. La región lidera el porcentaje de plazas residenciales financiadas con fondos públicos en España, un factor clave para garantizar el acceso equitativo y la sostenibilidad del modelo. Esta apuesta ha permitido consolidar una red amplia y estable, incluso en un contexto de envejecimiento acelerado y aumento de la demanda.
El liderazgo en financiación pública sitúa a Castilla-La Mancha entre las comunidades con mayor cobertura, junto a Castilla y León, Extremadura y Aragón, reforzando un enfoque de cuidados basado en la cercanía, la cohesión territorial y la igualdad de oportunidades.
Los mejores datos de dependencia de la historia
A la fortaleza del sistema residencial se suma un tercer pilar: la atención a la dependencia, que ha cerrado 2025 con los mejores datos de su historia en la región. El sistema atiende ya a más de 82.000 personas beneficiarias, cerca de 4.000 más que el año anterior, y ha reconocido alrededor de 118.000 prestaciones y servicios, lo que supone 11.000 más que en 2024.
El crecimiento del sistema no se ha limitado al volumen de atención, sino que ha ido acompañado de una mejora significativa en la agilidad administrativa. Los tiempos medios de resolución se han reducido de forma continuada, situándose en 166 días en el conjunto de la región. En provincias como Guadalajara, el plazo se ha rebajado hasta los 114 días, apenas un tercio de la media nacional, tras encadenar casi tres años de reducción sostenida.
Esta mejora tiene un impacto directo en la vida de miles de familias, al reducir los tiempos de espera y garantizar una respuesta más rápida y eficaz ante situaciones de dependencia.
Un equilibrio clave ante el reto demográfico
El avance del envejecimiento coloca a Castilla-La Mancha ante un reto de largo recorrido, pero los datos muestran que la región ha sabido anticiparse reforzando su capacidad de atención y cuidados. El contraste entre una población cada vez más envejecida y un sistema de servicios sociales robusto dibuja un escenario de equilibrio posible, basado en planificación, inversión pública y colaboración institucional.
El desafío de los próximos años pasará por mantener este esfuerzo, adaptarlo a nuevas necesidades y complementarlo con políticas orientadas al empleo sénior, la prevención de la dependencia y el apoyo a la vida autónoma. En un contexto demográfico complejo, Castilla-La Mancha ha logrado situarse como referente nacional en atención a las personas mayores, demostrando que el envejecimiento, cuando se afronta con recursos y estrategia, no tiene por qué traducirse en fragilidad social.