Aldeas Infantiles pide más protección a los jóvenes tras cumplir 18
El presidente de Aldeas Infantiles, Pedro Puig, reclama a las administraciones que extiendan la protección a los jóvenes tutelados más allá de los 18 años y que impulsen el acogimiento familiar como alternativa real a los centros residenciales. La organización atiende a más de 25.000 niños y familias al año en España con una plantilla de 1.500 trabajadores y 300 voluntarios.
Puig, natural de Cuenca y al frente de la entidad desde hace casi 15 años, advierte de que "casi 4.000 jóvenes salen al año del sistema de protección" sin red de apoyo y pide planes individualizados para una salida que, a su juicio, llega demasiado pronto. La organización prepara además varias acciones en el Congreso y el Senado a lo largo de 2026 para aumentar su incidencia política.
El presidente de Aldeas Infantiles, Pedro Puig, reclamó a las administraciones públicas que sean "mucho más flexibles" en la salida de los menores del sistema de protección y que elaboren "planes individualizados" para cada joven, en una entrevista concedida a Europa Press en la que repasó los principales retos de una organización que en 2027 cumplirá seis décadas de presencia en España y que atiende cada año a más de 25.000 niños y sus familias a lo largo de todo el territorio.
La reivindicación central de Puig apunta a uno de los vacíos más reconocidos del sistema de protección a la infancia: el abandono institucional al cumplir la mayoría de edad. "El sistema de protección sabe que a los 18 años uno es mayor de edad, pero un chaval de 18 años no está preparado para independizarse, sobre todo si no tiene una red de apoyo familiar", subrayó. El dato que maneja la organización es elocuente: "Casi 4.000 jóvenes salen al año del sistema de protección con 18 años, y todos ellos siguen necesitando ayuda". La solución que propone no pasa por una medida uniforme, sino por reconocer que "los jóvenes no son iguales": "Hay chicos sin nivel de maduración suficiente a los 18 años. No puedes dejarlos en la calle".
Aldeas Infantiles mide el éxito de su intervención en el largo plazo. Puig sitúa la "prueba del éxito" en el momento en que los niños a los que la entidad ha acompañado forman su propia familia y cuidan de sus hijos, sin perder por ello el vínculo con la organización.
El acogimiento familiar, asignatura pendiente
Junto a la extensión de la protección, el otro gran eje de la agenda de Puig es el impulso al acogimiento familiar, al que definió como "el gran desconocido" en España. El presidente de Aldeas Infantiles consideró que los sistemas de protección deben ser "más amables" para que los niños que entren en ellos "puedan vivir en sitios lo más parecidos a una familia". A lo largo de 2026, la organización tiene previstas varias acciones en el Congreso y el Senado para trasladar esta demanda a los grupos parlamentarios.
Otro frente que señaló Puig es el del estigma que acompaña a quienes han pasado por el sistema de protección. "Tener una etiqueta condiciona tu vida y no es justo. Chicos que han vivido una infancia tremenda, que se han esforzado para salir adelante, que están consiguiendo éxitos, que quieren incorporarse a la sociedad... y que tienen ese estigma de que les consideran personas complicadas, cuando no delincuentes", lamentó.
Polarización política y pobreza infantil
El presidente de Aldeas Infantiles aprovechó la entrevista para hacer una valoración sobre la situación política española, marcada a su juicio por "una polarización tremenda" de la que "los niños no tienen la culpa". Puig apeló a los actores políticos de "uno u otro color" para que "se sensibilicen de que los niños han de estar por encima de todo" y se pongan de acuerdo en atacar una estadística que calificó de alarmante: "uno de cada tres niños está en situación de exclusión social y el 12,5% en pobreza severa", con consecuencias directas en el fracaso escolar, el acceso a la salud y la formación.
En ese mismo plano reivindicativo, Puig reclamó mejores condiciones para los trabajadores del Tercer Sector, un colectivo que consideró "muy poco reconocido" pese al impacto social de su labor. "Pedimos que se aumenten los presupuestos para que quienes trabajan aquí puedan tener una vida digna", afirmó, rechazando la idea de que quienes se dedican a este sector no tienen las mismas necesidades que el resto de la ciudadanía.
"Los niños no miran el pasaporte"
Puig reservó una reflexión específica para la integración de los niños migrantes, respaldada, dijo, por la experiencia directa de Aldeas Infantiles. "Nuestra experiencia de convivencia juntos entre niños de fuera y de aquí es que la integración es natural. Cuando un niño juega con otro no le pregunta de dónde es. No le mira el pasaporte. Y eso es lo que nos falta a los adultos", sostuvo. A su juicio, la sociedad adulta "solo integra bien a los migrantes que vienen con dinero", mientras que quienes llegan en situación de dificultad son vistos con recelo. "Hay mucha falsedad e hipocresía", sentenció.
Frente a la imagen de gueto que en ocasiones se proyecta sobre sus centros, el presidente de Aldeas Infantiles destacó que los niños "comparten vida en colegios, van a campamentos, hacen actividades y participan en sus barrios". Como ejemplo, citó la escuela infantil para niños de 0 a 3 años abierta en las Aldeas de Cuenca, cuyas instalaciones acabaron beneficiando al conjunto de la comunidad.
Seis décadas de historia y retos futuros
Aldeas Infantiles opera en España con una financiación en la que tres de cada cuatro euros proceden de fuentes privadas, aunque mantiene acuerdos institucionales con administraciones de todos los niveles. La organización da empleo a 1.500 personas y cuenta con 300 voluntarios adicionales.
De cara a la efeméride de 2027, Puig remarcó que "las necesidades de los niños de ahora nada tienen que ver con las de hace diez o veinte años" y señaló la formación continua del personal como clave de la adaptación: la entidad dispone de una academia propia con "más de cien cursos anuales". La filosofía, sin embargo, se mantiene intacta desde que la organización arrancó en 1967 en Barcelona: facilitar que cada niño pueda "vincularse afectivamente con alguna persona", porque "un niño siempre necesita un adulto de referencia".