Apicultores de Guadalajara alertan por pérdidas de hasta el 50 %
Los apicultores de Guadalajara registran pérdidas de entre el 10 y el 50 % de sus colmenas en cada campaña, una sangría que amenaza tanto la producción de miel como el equilibrio de los ecosistemas donde las abejas son insecto polinizador clave.
La varroa —parásito sin cura conocida aunque sí con tratamientos— y el cambio climático se combinan como los principales responsables de esta crisis, según explicó el presidente de la Asociación de Apicultores de Guadalajara, Ángel Marco, con motivo del Día Mundial de las Abejas.
El presidente de la Asociación de Apicultores de Guadalajara, Ángel Marco, denunció el agravamiento de las pérdidas de colmenas que sufre el sector apícola provincial, con mortalidades que han pasado de ser "normales" en torno al 10 % por campaña a alcanzar el 50 % en los peores episodios, como el registrado este año en Extremadura. Marco, apicultor profesional con treinta años de experiencia al frente de 1.400 colmenas repartidas en cuatro explotaciones familiares —donde se contabilizan cerca de medio millón de abejas—, realizó estas declaraciones a EFE coincidiendo con la celebración del Día Mundial de las Abejas.
"Tenemos muchas bajas. Lo normal antiguamente era que un 10 % de las colmenas se murieran en cada campaña, es decir zanganeras, que no son la madre, pero ahora llegamos al 50 %", subrayó Marco, que recurrió a una comparativa para ilustrar la gravedad de la situación: "Imagina cómo lo podría soportar una ganadería que tiene 500 ovejas y se le mueren 250; la apicultura es diferente y a veces lo puede soportar, pero no sin resentirse."
Los dos enemigos: varroa y clima
Las causas de esta mortalidad se concentran en dos factores principales. El primero es la varroa (Varroa destructor), un ácaro parásito que ataca a las colonias de abejas melíferas y para el que no existe una cura definitiva, aunque sí tratamientos que permiten mantenerlo bajo control. El segundo es el cambio climático, responsable de un aumento sostenido de las temperaturas y de la aparición de episodios meteorológicos extremos que alteran los ciclos de floración y comprometen la supervivencia de las abejas.
La combinación de ambos factores está generando un efecto territorial que preocupa especialmente a los profesionales del sector. "Hay muchas zonas que ya no son atractivas para los apicultores y que van a desaparecer, porque no hay abejas. No es como antiguamente que había abejas en casi cualquier lugar", advirtió Marco.
Pérdida de biodiversidad, la amenaza mayor
Más allá del impacto económico sobre la producción de miel, el apicultor alertó de las consecuencias que la desaparición de las abejas tendría sobre los ecosistemas. "Vamos a perder biodiversidad, es decir, vamos a perder plantas. En algunas zonas vamos a ver el déficit de plantas, porque no hay abejas, sobre todo", señaló.
Las abejas son responsables de la polinización de una parte determinante de la flora silvestre y de los cultivos agrícolas. Su desaparición progresiva de determinadas zonas implica no solo la reducción de la producción apícola, sino el deterioro de la capacidad reproductora de especies vegetales que dependen de su labor.
Guadalajara, capital apícola con La Alcarria como emblema
La provincia de Guadalajara ocupa un lugar destacado en el mapa apícola nacional. Cuenta con más de 43.000 colmenas censadas y alrededor de 1.200 explotaciones apícolas, con una concentración especialmente relevante en La Alcarria, donde municipios como Pastrana, Peñalver y Budia se han consolidado como referentes de la cultura apícola y de la promoción de la Miel de La Alcarria.
Esta miel goza de un reconocimiento institucional único: es la denominación de origen protegida de miel más antigua de España. Fue reconocida como Denominación de Origen en 1992 y registrada como D.O.P. en la Unión Europea en 1996, y se produce y envasa en la comarca natural de La Alcarria, que abarca territorios de las provincias de Guadalajara y Cuenca. La crisis de mortalidad que atraviesan las colmenas pone en riesgo directo no solo la continuidad de este producto emblema, sino la viabilidad de un tejido productivo que ha dado forma durante décadas al paisaje agrario y cultural de la comarca.