Reaparece el hermano de Joaquín Prat y lo que dice destroza a su familia
Según recoge CHIC, la tragedia personal de Federico Prat, el tercer hijo del legendario presentador Joaquín Prat y Marianne Sandberg, ha vuelto a situarse en el foco mediático, revelando una fractura familiar que parece irreconciliable. A pesar de pertenecer a una de las sagas más queridas y respetadas de la comunicación en España, Federico vive hoy una realidad que contrasta brutalmente con el éxito de sus hermanos Alejandra y Joaquín Prat. Desde la localidad gaditana de La Línea de la Concepción, Federico ha alzado la voz para denunciar su situación de absoluta precariedad y desmentir la versión que sus allegados han mantenido durante años. En una desgarradora entrevista concedida al diario Área Campo de Gibraltar, el que fuera marino mercante de profesión ha sido tajante al afirmar que se encuentra en una situación de abandono total: "No tengo ninguna ayuda de mi familia, ahora duermo en un cajero de La Línea".
Esta crisis no es nueva, sino el resultado de un proceso de deterioro que comenzó hace doce años. El origen de su caída en el pozo de las adicciones tiene un punto de partida: su etapa en la marina mercante. Según relató en su día su madre, Marianne Sandberg, fue un superior quien le introdujo en el consumo de estupefacientes en alta mar para soportar las largas jornadas de soledad y trabajo. "Una noche el capitán puso cuatro rayas en el barco y preguntó: '¿Quieres probarlo?'. Y probó", explicó Marianne con amargura, llegando a maldecir a aquel hombre por arrastrar a su hijo al abismo: "Maldito capitán. Que se lo tome él, pero que no meta a los demás". Federico, un joven que su entorno define como educado y extremadamente sensible, no pudo gestionar aquel contacto y su vida se descarriló, alejándolo de la protección de su apellido.
A pesar de que Joaquín y Alejandra Prat han manifestado públicamente y en repetidas ocasiones que la familia ha hecho todo lo humanamente posible por ayudarle, Federico ofrece una versión radicalmente opuesta desde su retiro en el sur. Con una mezcla de reproche y resignación, el hermano del presentador de Telecinco niega que se hayan agotado los recursos para ayudarle: "No, no es verdad que lo han intentado todo. Si lo hubieran intentado todo, no me hubieran dejado en la calle con la situación que estoy pasando". Según su testimonio, su llegada a la zona del Campo de Gibraltar fue motivada por una relación sentimental en Campamento hace más de una década, y decidió establecerse allí por la calidez de sus vecinos, a quienes agradece su supervivencia diaria. "Me vine hace 12 años gracias a un amor en Campamento y decidí quedarme porque la gente de La Línea es muy buena y me ayudan día a día. Ningún día me ha faltado nada y me dan para comer. Me han dado ropa y abrigos", asegura, poniendo de relieve que encuentra más amparo en los desconocidos que en su propio círculo de sangre.
En su esfuerzo por limpiar su imagen y buscar una oportunidad de reinserción, Federico Prat insiste en que su etapa de adicciones ha quedado atrás, desmintiendo informaciones que se habrían vertido en programas de televisión sobre su estado actual. "Yo ya no tengo ningún contacto con las drogas como se dijo en el programa de Ana Milán en el canal Cuatro. Hace bastante tiempo dejé la adicción porque no llevaba a nada", sentencia con firmeza. Sin embargo, este paso adelante en su salud no ha venido acompañado de una mejora en sus condiciones de vida. La crudeza de dormir al raso conlleva riesgos que Federico no oculta, describiendo la inseguridad de las noches en el cajero automático donde busca refugio: "Lo estoy pasando bastante mal. Hay peligro porque hay gente que no es de La Línea y me viene a robar". Su petición a la familia es básica: solicita una ayuda económica que le permita alquilar una habitación para poder dormir en una cama y asearse con normalidad, necesidades fundamentales que hoy le son esquivas.
La versión de sus hermanos
El contexto de esta ruptura familiar está marcado por el agotamiento y el dolor de décadas. Alejandra Prat ha compartido recientemente el calvario que ha supuesto para su madre, Marianne, lidiar con las consecuencias colaterales de la adicción de Federico. Según la periodista, Marianne ha tenido que enfrentarse a situaciones límite: "Mi madre ha sufrido muchísimo. Desde tener que ir a pagar a gente y a distintos sitios, hasta pensar a qué lugares tendría que acudir para saldar lo que mi hermano había consumido y le habían fiado. Que te desvalije la casa, que venda tus recuerdos... ha ocurrido de todo". Esta perspectiva explica el muro que sus hermanos han levantado como medida de autoprotección.
Joaquín Prat, visiblemente afectado cuando ha tratado el tema en televisión, ha reconocido que la situación llegó a un punto de no retorno para evitar el hundimiento de todo el núcleo familiar: "La adicción le ha destrozado la vida a mi hermano, casi se lleva por delante a mi familia y llega un momento en el que no puedes permitir que haya ese efecto contagio y tienes que decir: 'hasta aquí'". El presentador ha llegado a confesar que ya no tiene fuerzas para seguir llorando por un hermano que parece haber elegido un camino distinto al que ellos le ofrecían.
La historia de los Prat Sandberg es la de una familia que ha vivido bajo el foco desde que el patriarca, Joaquín Prat Carreras, se convirtiera en una leyenda de la radio y la televisión española con programas icónicos como El Precio Justo. Tras su primer matrimonio con Anne McKiernan, con quien tuvo dos hijas, Prat formó una nueva familia con Marianne Sandberg en 1984, naciendo de esa unión Joaquín, Alejandra, Federico y Andrea. Lo que parecía una dinastía de éxito y armonía se ha visto fracturada por la realidad de las adicciones, un drama que no entiende de clases sociales ni de apellidos ilustres. Mientras Joaquín y Alejandra continúan con sus carreras en la pequeña pantalla, Federico permanece en el sur, reclamando una mano tendida que sus hermanos, por agotamiento o por principios de "amor duro", parecen no estar dispuestos a ofrecer de nuevo bajo las condiciones actuales. Por ahora, el hijo del recordado locutor sigue buscando la redención entre las calles de La Línea de la Concepción, a la espera de un cambio de rumbo que le permita abandonar el cajero automático y recuperar, al menos, la dignidad de un hogar.