Polémica en Zarzuela: las fotos prohibidas de Sofía con sus dos nietas
Según recoge Esdiario, en Zarzuela hay gestos que pesan más que mil comunicados oficiales. Y fotografías que dicen más que cualquier discurso institucional. Es el caso de las imágenes que durante años estuvieron vetadas, casi prohibidas, por la propia Reina Sofía: las de sus nietas, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía, viviendo a escasos cien metros de ella, en el mismo complejo residencial del Palacio de la Zarzuela.
La publicación de esas fotografías, ahora recuperadas, reabre una de las grandes incógnitas de la Familia Real: la distancia emocional —y protocolaria— entre la Reina Emérita y las hijas de Felipe VI y Letizia. Una distancia que no se mide en metros, sino en silencios, decisiones estratégicas y una política de imagen férreamente controlada desde Palacio.
Las imágenes, tal y cómo recuerda la revista Lecturas, muestran algo aparentemente banal: dos generaciones de Borbones compartiendo espacio físico en Zarzuela. Pero en Casa Real nada es casual. Que esas fotos no vieran la luz en su momento no fue fruto del azar ni de una casualidad editorial, sino de una decisión calculada para evitar lecturas incómodas.
Porque, según fuentes cercanas a la institución, la relación de la Reina Sofía con sus nietas siempre estuvo marcada por una prudente distancia, en parte por la férrea voluntad de los entonces Príncipes de Asturias de controlar el relato y la exposición mediática de sus hijas. El mensaje era claro: la nueva Casa Real debía ser una institución separada simbólicamente del pasado, incluso cuando ese pasado seguía viviendo puerta con puerta.
La figura de Letizia aparece inevitablemente en este episodio. Desde su llegada al trono, la reina consorte impulsó una política de comunicación radicalmente distinta a la de Don Juan Carlos y Doña Sofía: menos espontaneidad, más control, menos familia extensa y más núcleo reducido.
Las fotos de Leonor y Sofía tan cerca de su abuela desmontaban, en cierto modo, la narrativa de una ruptura simbólica total entre la nueva y la vieja monarquía. Y eso, en determinados círculos de Zarzuela, no convenía.
La estrategia era proyectar una monarquía renovada, sin nostalgias ni sombras del pasado, y con una imagen casi corporativa de la Corona. En ese contexto, la Reina Sofía quedaba en una especie de limbo institucional: presente, pero cada vez más desplazada del foco.
Convivencia incómoda en Zarzuela
Que las nietas del Rey Juan Carlos vivieran prácticamente al lado de la Reina Sofía y que eso no se mostrara públicamente dice mucho sobre las tensiones internas de Palacio. En privado, la convivencia era cordial, pero en términos de imagen se optó por una separación.
La monarquía española lleva años gestionando una paradoja: necesita la estabilidad que representa Sofía, pero también la ruptura simbólica con todo lo que representa la etapa anterior. Y en esa ecuación, las fotografías eran una bomba silenciosa.
No es casualidad que estas imágenes resurjan en un momento en el que la Casa Real busca reforzar la figura de Leonor como futura Reina y recuperar el prestigio institucional. Mostrar una continuidad familiar —aunque controlada— sirve para enviar un mensaje de estabilidad frente a la creciente presión política y mediática.
Pero también hay un efecto colateral: estas fotos recuerdan que, pese al discurso oficial, la monarquía es una familia con tensiones, estrategias y decisiones internas que nada tienen que ver con la imagen edulcorada que se proyecta al exterior.
Las fotos prohibidas son, en realidad, un documento político. Un recordatorio de que la transición dentro de la monarquía no fue solo institucional, sino también familiar y mediática.