Primeras declaraciones de Kiko Jiménez tras la detención : "En pijama y esposado"
Kiko Jiménez regresó este viernes al plató de ¡De viernes! (Telecinco) para hablar por primera vez de la detención de su padre, acusado de un presunto apuñalamiento en Linares (Jaén). El colaborador describió el impacto de ver las imágenes de su progenitor esposado y relató, con la participación telefónica de su madre, una infancia marcada por la ausencia paterna y el papel central de su abuelo, fallecido en 2025.
El momento en que estalla la noticia: “Mi madre y yo nos quedamos en shock”
Kiko Jiménez explicó que se enteró de lo ocurrido a través de redes sociales, en un momento cotidiano, mientras viajaba en coche con Sofía Suescun. Según su relato, pararon a repostar y, al mirar el móvil, comenzó a recibir mensajes de personas de su entorno que le iban contando lo que estaba pasando “casi a tiempo real”. La información, insistió, le llegó “a cuentagotas” y con un nivel de tensión que le hizo reaccionar de inmediato: le hablaban de su padre “atrincherado” en casa, con una fuerte presencia policial en el exterior y un clima de alarma en el vecindario.
En ese instante, contó, su cabeza no se fue hacia su padre —con el que asegura no tener relación— sino hacia su núcleo más cercano. “A mí me preocupa mi madre, me preocupa mi abuela, mi familia con la que tengo contacto”, vino a resumir, describiendo cómo esa preocupación fue lo que le dejó bloqueado. Llamó a su madre para comprobar si sabía algo y, al escuchar que tampoco tenía información clara, la sensación de desconcierto creció. “Mi madre y yo nos quedamos en shock”, repitió, explicando que ella tampoco quería precipitarse llamando a vecinos hasta entender qué estaba ocurriendo realmente.
“En pijama y esposado”: la incomodidad de verse expuesto a través de unas imágenes
Uno de los momentos más comentados de la entrevista llegó cuando Kiko se refirió directamente a las imágenes difundidas del arresto. Describió a su padre “con esas pintas”, “en pijama” y esposado, y se preguntó públicamente si era necesario que se le viera la cara. A su juicio, su padre es una persona ajena al mundo televisivo y, por tanto, la exposición le resultó especialmente desagradable.
Aun así, su reacción no fue solo de rechazo por la escena, sino también por lo que implicaba emocionalmente: dijo que al ver a ese hombre en pantalla tenía que “interpretar” que era su padre, porque apenas lo ha visto en su vida y no existe un vínculo cotidiano que acompañe esa figura. En ese contexto, confesó que la situación le provocó impotencia y un sentimiento que verbalizó con crudeza: “Me da vergüenza verle así”. Remarcó que, en su opinión, se “tendría que haber evitado” que todo llegara a un punto tan extremo.
Kiko también subrayó que, más allá de su caso personal, le inquietaba el estado de la persona herida y la dimensión humana del suceso. Se puso —dijo— “en la piel” de la familia afectada y reconoció que no sabía “qué decir” ante algo así, porque la gravedad desborda cualquier explicación televisiva.
Una relación inexistente: “No sé nada de él… solo con ver esas imágenes me es suficiente”
A lo largo de la conversación, el colaborador insistió en marcar una línea clara entre su vida y la de su padre. Aseguró que no ha hablado con él tras la detención, que no sabe nada y que lleva “mucho tiempo” sin tener noticias. En su versión, no existe un contacto que permita siquiera una conversación privada que matice lo ocurrido: “Solo con ver esas imágenes me es suficiente”, dejó caer, dando a entender que no pretende implicarse en el caso.
Ese distanciamiento no fue presentado como una decisión reciente, sino como la consecuencia natural de una historia familiar muy fracturada. Kiko recordó que lo vio en contadas ocasiones y, al evocarlo, describió el tipo de recuerdos que suelen quedarse clavados precisamente por lo excepcionales: la primera vez, dijo, fue cuando tenía alrededor de cinco años y lo vio en prisión; la segunda, ya adolescente, cuando rondaba los 17. En ambos casos, explicó, el encuentro no sirvió para construir relación, sino para confirmar una ausencia.
La llamada de Carmina: “Mi hijo siempre ha sabido toda la verdad”
La entrevista tomó un giro más íntimo con la entrada telefónica de Carmina, la madre de Kiko Jiménez. Ella quiso aclarar detalles del pasado familiar y, sobre todo, poner contexto a una historia que, según admitieron, vuelve a removerse cada vez que el padre de Kiko irrumpe en la actualidad.
Carmina explicó que el padre acudió a ver al niño por primera vez cuando habían pasado unos 15 días del nacimiento. También relató que se separó de él cuando estaba embarazada de apenas dos meses y que, desde el principio, él manifestó que no iba a hacerse cargo porque decía que “no era su hijo”. Ante los comentarios que se han reactivado tras la detención, la madre de Kiko quiso puntualizar un aspecto: afirmó que, aunque se ha hablado mucho de un perfil conflictivo, ella no sufrió maltrato por su parte. “Me separé, nunca me ha maltratado. A la gente de Linares le gusta hablar”, sostuvo, aludiendo al ruido alrededor del caso.
Sobre la visita a prisión cuando Kiko era niño, Carmina justificó esa decisión como un gesto “por humanidad”. En su explicación, no se trató de tender puentes sentimentales, sino de resolver una realidad familiar de la que, remarcó, su hijo siempre ha sido consciente. “Mi hijo siempre ha sabido toda la verdad”, insistió.
El abuelo Paco, la figura paterna: “Era mi todo, era más que un padre”
En paralelo al bloque sobre la detención, Kiko Jiménez habló con emoción de su abuelo Paco, fallecido en 2025 tras una enfermedad, y lo situó en el centro de su historia personal. Dijo que era “su todo” y “más que un padre”, la persona que estuvo a su lado cuando su madre trabajaba para sacarlo adelante. Al ver imágenes de su abuelo en el programa, se derrumbó y confesó que, desde su muerte, no había vuelto a escuchar su voz.
Kiko recordó escenas domésticas y formativas: que su abuelo le enseñó “a todo”, que lo acompañaba al fútbol, que era el apoyo para cualquier duda y que, en gran medida, “todo lo que soy se lo debo a él”. También contó que tuvo la oportunidad de despedirse, algo que considera una suerte, y compartió algunos de los consejos que más le han marcado: aprender a perdonar, saber pedir perdón y cuidar lo que tiene. En ese “lo que tengo”, mencionó de forma explícita su relación con Sofía Suescun, a quien su abuelo apreciaba, según dijo, y a la que le animó a proteger frente a influencias externas.
Un regreso medido tras meses fuera del foco
La entrevista también funcionó como reaparición televisiva después de un periodo en el que Kiko había optado por mantener un perfil más bajo. Su vuelta, sin embargo, no se planteó como un ajuste de cuentas, sino como una respuesta a un impacto que le llegó de lleno por la vía pública: un arresto, unas imágenes en televisión y una historia familiar que, aunque él da por cerrada en lo afectivo, reaparece cada vez que un asunto judicial o mediático coloca a su padre en primer plano.
En ese equilibrio entre distancia y exposición, Kiko trató de sostener dos ideas a la vez: que lo ocurrido le afecta porque está en su biografía, pero que no se siente parte del episodio ni quiere ser medido por él. De ahí la frase que dejó flotando durante toda la noche: el disgusto de ver a un padre al que apenas conoce convertido en noticia, “en pijama y esposado”, y la determinación de seguir mirando hacia su familia más cercana, la que —como repitió— sí forma parte de su día a día.