María rompe su silencio sobre la muerte de su madre, Verónica Forqué
Según recoge Lecturas, la mañana del 13 de diciembre de 2021, Verónica Forqué era encontrada muerta en el baño de su casa. Fue Menuka, la mujer nepalí que se encargaba de sus cuidados, quien se topó con el terrible hallazgo. La actriz, incapaz de soportar las tormentas que asolaban su mente, se suicidó colgándose de un radiador con un pañuelo. Llevaba meses, años, dando señales de alarma y su paso por 'Masterchef' terminaría de destruirla. Su hija, María Iborra, trató de animarla y sacarla del bucle destructivo en el que se encontraba, pero no pudo hacer nada.
Ahora, María narra de forma cruda y valiente el sinuoso camino que recorrió su madre hasta decidir acabar con su vida. La artista y DJ ha plasmado su dolor, su sentimiento de culpa y el recuerdo a su madre en el libro ‘No soy Verónica Forqué’, unas memorias que rinden homenaje a la actriz, pero que también evidencian con crudeza todo lo que falló antes del triste final.

Las depresiones de Verónica Forqué
En el libro, del que ‘ABC’ adelanta algunos fragmentos, María cuenta cómo la salud mental de su madre se fue mermando a lo largo de los años. Con 59 años padeció su primera depresión, pero la medicación, el trabajo y el apoyo de su marido, Manuel Iborra, la ayudaron a superarla.
Aquel año llegaría otro gran revés con la repentina muerte de su hermano Álvaro. La actriz, no obstante, se repuso rápidamente del duelo y se refugió en su trabajo. “Esa obligación de no rendirse jamás, de ver siempre el lado positivo de las cosas, acabó pasándole factura”, lamenta ahora su hija.
Tras aquel suceso, Verónica empezó a fumar marihuana, hábito que también había tenido su hermano. “Solía decir que eso la mantenía cerca de él”, cuenta María. Tres años y medio después, la actriz sufriría otro varapalo con la muerte de su madre, con quien había tenido una relación de amor-odio. Sin embargo, la DJ asegura que “pese a las catástrofes de los últimos años, se sentía fuerte y tenía ganas de seguir trabajando”.
Problemas mentales
En 2020, Verónica Forqué protagonizaría la que resultó ser su última obra de teatro, ‘Las cosas que sé que son verdad’. La actriz seguía entregada a su trabajo y con una actitud positiva, pero su “comportamiento estrambótico, extraño” en los ensayos y las funciones empezaba a dar señales de alarma.
En marzo llegaría el confinamiento por la pandemia, una época que Verónica y María pasaron juntas en su casa de Pozuelo de Alarcón, en Madrid, junto al entonces novio de la joven y uno de sus mejores amigos. Fueron unos meses de calma para la actriz, pero su hija detectó nuevas alertas: padecía un trastorno alimentario y compraba compulsivamente, llegando a recibir hasta cinco paquetes al día. “A veces cosas pequeñas, como toallas, pero en otras ocasiones eran muebles. Y siempre de dos en dos”, describe en el libro.
Tras el confinamiento, se retomó la gira teatral y volvieron los problemas. La actriz protagonizaba constantes conflictos con el equipo, acusando a sus compañeros de menospreciarla. Fue entonces cuando comenzó a aislarse: “Llegaba al hotel y se encerraba allí. El exterior, seguramente, le resultaba amenazador. Ya no le gustaba que la reconocieran por la calle. Estaba harta de Verónica Forqué. Superharta”.
‘MasterChef’, el golpe final
En junio de 2021, Verónica Forqué decidió unilateralmente dejar la gira teatral. Había firmado el contrato con ‘MasterChef Celebrity’, el programa que la acabaría arrastrando a los infiernos, tal y como cuenta María.
Pese a que las grabaciones del talent fueron “extenuantes”, la experiencia fue positiva para la actriz. Sin embargo, la emisión del programa arrasó su maltrecha salud mental. El odio irracional y desmedido de los espectadores la obsesionó, la hundió en un pozo del que no pudo salir: “No lo aguantó. Se convirtió en una zombi. Ya ni siquiera se levantaba de la cama. ¿Para qué? Sentía que lo había echado todo a perder. Se pasaba las noches dándole vueltas al coco, mirando el móvil y leyendo las cosas horribles que alguna gente decía sobre ella. En bucle”.

La joven trató de acompañar y ayudar a su madre, pero verla en su estado era “doloroso y horrible”. Comenzó a turnarse con Menuka para no dejarla sola. “Estábamos en el infierno. Sus ojos perdieron las chiribitas. Su brillo. Se empezó a quedar muy delgada, cada vez más y más pequeña. Luego llegó a un estado casi vegetal. Sin embargo, la mente seguía torturándola. Me decía: 'Yo estoy fatal, solo estoy estorbando; si me quito de en medio es mejor para todos, también para ti'. Como si estuviera preparándome para ello”, escribe.
María tuvo que esconder los cuchillos y objetos cortantes cuando su madre amenazó con cortarse las venas. Pero fue inútil. La actriz no quería seguir viviendo y, aquel fatídico 13 de diciembre, sacó todos sus pañuelos y los extendió sobre la cama, como un macabro preludio de su final. “Ahora sabemos la causa: mi madre estaba valorando cuál de ellos sería el más adecuado. Un casting de pañuelos”, relata la artista.
El suicidio de Verónica Forqué
Horas antes de su muerte, María salió de casa y se despidió de su madre sin saber que sería la última vez que la viera con vida. “Le di un beso y salí. Ahora me pregunto si, cuando yo salí de casa, ella ya había decidido que iba a ser ese día”.
Más tarde, llegaría la llamada que nunca habría querido recibir. “María, your mother... She is hanging, she is hanging…”, le dijo Menuka al otro lado del teléfono. Verónica se había suicidado ahorcándose con un pañuelo. Su hija lo describe con extrema crudeza: “Era un pañuelo de seda, gris azulado con flores azules y granates, que se llevaron los forenses como un elemento de prueba, o por lo que fuera, y nunca me lo devolvieron. Se hizo un nudo en la garganta, ató el extremo del pañuelo en el radiador que había encima del váter y se dejó caer. Enfrente de ella había un espejo, y seguramente se miró en él, y respiró profundamente, como para coger fuerzas, antes de dejarse caer para ahorcarse”.
Después de su terrible muerte llegaron las preguntas, el dolor y la culpa. Todos se plantearon su papel en aquel triste final. Manuel Iborra, completamente roto, le dijo a su hija que nada de eso habría pasado si no se hubiera ido de casa. “Mi padre tenía un carácter firme y la protegía, era como un dique entre ella y el mundo, y cuando ese dique se rompió... ¡Plof!”, narra la DJ.
Ella misma también se preguntó si podía haber hecho más. Y tiene clara la respuesta: “Sí, muchísimo más. O sea, sobre eso no tengo dudas. Pero esto no va de buscar culpables. ¿De qué sirve?”.
A pesar de todo, María celebra que nada pudo empañar el legado de su madre, que recibió el multitudinario adiós que merecía una figura de su talla, una actriz que acabó con su vida, pero no con su trayectoria ni con el cariño con el que nunca dejó de contar: “La Verónica Forqué que te habías labrado durante décadas era mucho más poderosa que la Verónica Forqué que quiso destruir a Verónica Forqué”, escribe su hija. Y concluye: “No lo conseguiste, mami, me alegro de poder decir que no lo conseguiste”.
