Alba Flores destapa la verdad tras la herencia de Lola: "No vivimos de las rentas"
Durante décadas, el apellido Flores ha sido sinónimo de la "aristocracia del arte" en España. Desde que Lola Flores, "La Faraona", dominara los escenarios del mundo, se dio por sentado que su descendencia heredaría no solo su duende, sino también un imperio económico inexpugnable. Sin embargo, Alba Flores, la nieta más internacional de la mítica artista, ha decidido echar por tierra esta creencia popular. En una serie de intervenciones recientes que han sacudido el mundo del entretenimiento, la actriz ha puesto cifras y realidad a la situación financiera de su familia: "No vivimos de las rentas; trabajamos como cabronas".
La herencia que nunca fue: Deudas y Hacienda
Para entender las palabras de Alba, es necesario retroceder al origen del mito. Lola Flores fue una de las artistas mejor pagadas de su época, pero su relación con el fisco marcó el destino financiero de la familia. En 1989, el proceso judicial por cuatro delitos fiscales contra la artista sentó un precedente histórico en España. "No sabía que esto me podía pasar", decía entonces una Lola Flores que pedía una peseta a cada español para saldar su deuda.
Aquel episodio no fue solo un bache, sino el inicio de una gestión económica compleja para sus hijos. Lolita Flores, tía de Alba, ha sido la más vocal al respecto durante años. En diversas entrevistas, Lolita ha confesado haber pasado por periodos de "asfixia económica", llegando a admitir en el programa de televisión Sábado Deluxe que en ciertos momentos de su vida no tuvo dinero para pagar la luz. "He tenido que vender mis casas, mis recuerdos y hasta mis muebles para pagar a Hacienda", confesaba la mayor de las hermanas Flores. Esta realidad choca frontalmente con la imagen de opulencia que el público asocia a la saga.
Alba Flores: El éxito en Netflix vs. la cuenta corriente
Alba Flores ha alcanzado una fama que su abuela difícilmente habría imaginado en términos de alcance global. Gracias a su papel de Nairobi en La Casa de Papel, su rostro es reconocido desde Tokio hasta Buenos Aires. No obstante, Alba ha querido puntualizar que el éxito en el streaming no equivale a las fortunas que amasan las estrellas de Hollywood.
En su reciente paso por el programa La Revuelta, bajo la conducción de David Broncano, Alba fue sometida a la clásica pregunta sobre su patrimonio. Su respuesta fue un ejercicio de transparencia y, para muchos, un "baño de realidad" sobre el mercado inmobiliario actual: "Tengo el dinero justo para no estar preocupada, pero no me da ni para comprar un piso en Usera y reformarlo". Usera, un barrio obrero de Madrid, ha visto cómo sus precios subían, pero la declaración de Alba sitúa su capital líquido en una franja muy alejada de los millones de euros que se le presuponen a una estrella internacional.
La actriz enfatiza que, aunque ha trabajado en grandes producciones, su principal fuente de ingresos es el teatro y proyectos de cine independiente, donde los márgenes son mucho más estrechos. Su estilo de vida, alejado de los lujos ostentosos y las urbanizaciones exclusivas como La Moraleja (donde vivió su familia en el pasado), es una elección consciente y, en parte, una necesidad de mantener los pies en el suelo.
El esfuerzo de la tercera generación
La situación de Alba se extiende a otros miembros de la familia. Elena Furiase, prima de Alba e hija de Lolita, también ha hablado abiertamente sobre la intermitencia del trabajo actoral. "Hay meses en los que no suena el teléfono y tienes que tirar de ahorros", ha declarado en sus redes sociales. Esta precariedad, común en el sector artístico, afecta incluso a quienes llevan apellidos ilustres.
Alba Flores defiende que la verdadera herencia que ha recibido no está en una caja fuerte, sino en el "capital cultural" y la resiliencia. La actriz explica que creció viendo a su padre, Antonio Flores, y a su abuela trabajar incansablemente, entendiendo el arte como un oficio y no como un privilegio. "En mi casa se nos ha enseñado que el dinero va y viene, pero que el respeto por el escenario es lo que te mantiene viva", comenta.
El peligro de la imagen pública y las estafas
Esta vulnerabilidad financiera, paradójicamente, se ve agravada por la imagen de riqueza que proyecta el clan. Recientemente, Alba tuvo que denunciar públicamente que su imagen estaba siendo utilizada en estafas de inversión con criptomonedas. Los delincuentes aprovechaban su fama para inventar entrevistas donde ella supuestamente revelaba un sistema para ganar dinero fácil.
"Es peligroso que la gente crea que nado en el oro, no solo porque es mentira, sino porque facilita que los estafadores engañen a personas humildes usando mi nombre", advirtió la actriz. Con esta denuncia, Alba no solo protegía su imagen, sino que reafirmaba su posición como una trabajadora más del sector servicios, cuyo producto es el entretenimiento.
Conclusión: Una saga de "currantes"
La narrativa de Alba Flores busca humanizar a una familia que ha sido tratada casi como una casa real en España. Al admitir que no viven de las rentas y que el patrimonio de Lola Flores se diluyó entre deudas, repartos y la propia vida, Alba se posiciona como una voz honesta en un mundo de apariencias.
El clan Flores sobrevive hoy gracias a la voz de Rosario, al talento escénico de Lolita y a la capacidad actoral de Alba. No hay un colchón de millones, sino un legado de esfuerzo. Como bien resume la propia Alba: "La gente ve el brillo de la alfombra roja, pero no ve las facturas que se pagan al día siguiente. Somos una familia de artistas, pero ante todo, somos una familia de currantes".