Estalla todo entre Kiko Rivera e Irene: el giro más amargo en su separación

En la imagen de archivo Irene Rosales y Kiko Rivera
El hijo de la tonadillera busca una presencia equitativa en el día a día de las pequeñas, abriendo un litigio por las pensiones y la vivienda.

Según recoge CHIC, lo que nació como una ruptura ejemplar ha terminado saltando por los aires. Según publica en exclusiva la revista Lecturas este miércoles, la paz entre Kiko Rivera e Irene Rosales es ya cosa del pasado. Seis meses después de que confirmaran el fin de su matrimonio, la expareja se prepara para un divorcio contencioso que promete convertirse en una de las batallas judiciales más mediáticas de la temporada.

El detonante de este enfrentamiento, tal como detalla la citada publicación ha sido la decisión de Kiko Rivera de solicitar la custodia compartida de sus dos hijas, Ana y Carlota. Hasta el momento, ambos mantenían un pacto verbal de visitas que funcionaba con aparente fluidez y que permitía a las menores residir de forma estable con su madre en la casa familiar de Castilleja de la Cuesta. Sin embargo, la entrada de nuevas personas en sus vidas ha dinamitado este equilibrio.

La revista señala que la aparición de Lola García, la actual pareja del DJ, ha sido el factor que ha precipitado el conflicto. Kiko Rivera habría intentado que su novia fuera incluida en las autorizaciones del centro escolar para recoger a las niñas, una propuesta a la que Irene Rosales se habría opuesto tajantemente. Esta negativa, sumada al deseo de Kiko de tener una presencia más equitativa en el día a día de sus hijas, le ha llevado a romper el acuerdo amistoso inicial para poner el asunto en manos de un juez.

Irene Rosales, por su parte, no se ha quedado de brazos cruzados. Tras conocer las intenciones de su exmarido, la que fuera colaboradora de televisión ha decidido contratar a su propio abogado, abandonando la estrategia de compartir el mismo representante legal que el hijo de Isabel Pantoja. Según el entorno de Irene, ella considera que la estabilidad de las niñas debe prevalecer por encima de los cambios sentimentales de su padre, y no está dispuesta a ceder en un régimen que, según su criterio, ha funcionado perfectamente hasta ahora.

El distanciamiento entre ambos es total. Lo que en agosto de 2025 se anunció como una separación marcada por el cariño y el respeto mutuo, ha derivado en una relación gélida. Fuentes cercanas aseguran que ya no existe comunicación directa más allá de lo estrictamente necesario para la logística de las niñas, y que los encuentros en la puerta del colegio son el reflejo de una tensión creciente que solo parece tener solución en los tribunales.

Este nuevo escenario legal no solo afecta a la custodia, sino que abre la puerta a una revisión de las pensiones alimenticias y el uso de la vivienda familiar. Con Kiko Rivera decidido a no dar un paso atrás y una Irene Rosales blindada legalmente para proteger lo que considera el bienestar de sus hijas, el proceso de divorcio se encamina hacia un juicio que marcará un antes y un después en la historia de la familia Pantoja.

Una entrevista inédita de Irene desmiente cualquier conflicto

En una entrevista inédita hasta ahora de Europa Press, una Irene Rosales visiblemente molesta negaba con rotundidad cualquier conflicto con Kiko Rivera. El detonante de los rumores —el supuesto malestar de Irene porque Lola, la pareja del DJ, recogiese a las niñas del colegio— fue desmentido por ella punto por punto: "Es totalmente mentira. Si la noticia es falsa, los detalles que estáis dando lo son todavía más", aseguraba tajante ante las cámaras de Europa Press.

En aquel momento, Irene no solo defendía que la relación familiar era buena, sino que incluso se deshacía en halagos hacia Lola, calificándola como una "chica estupenda" y celebrando la felicidad de sus hijas. "Estamos todos muy bien", sentenciaba, insistiendo en que se estaba intentando convertir una invención en una verdad a medias.

Sin embargo, el escenario ha cambiado drásticamente. Aquellas palabras de calma han quedado en papel mojado tras conocerse que Kiko Rivera ha solicitado formalmente la custodia compartida de las pequeñas. Un movimiento legal que no solo contradice el discurso de Irene, sino que dinamita definitivamente la paz familiar que ella tanto se esforzó en aparentar.