Los remontes de Cuenca se retrasarán tras un hallazgo medieval
La apertura de las escaleras mecánicas que conectarán el centro urbano de Cuenca (Cuenca) con su Casco Antiguo no se producirá antes del último trimestre de 2025. La directora general de Transportes y Movilidad, Lucía Balmaseda, confirmó el retraso durante una visita a las obras esta semana.
El proyecto, que supera los 15 millones de euros y se financia con fondos europeos, ha tenido que adaptarse sobre la marcha a los hallazgos arqueológicos aparecidos en las excavaciones y a las exigencias de seguridad de una infraestructura que salva un desnivel de 55 metros en pleno corazón histórico de la ciudad.
La inauguración de los remontes mecánicos al Casco Antiguo de Cuenca quedó aplazada esta semana hasta el último trimestre del año, según confirmó la directora general de Transportes y Movilidad de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha (JCCM), Lucía Balmaseda, durante una inspección a pie de obra. La apertura, que en un principio estaba prevista para agosto, se ha demorado por una combinación de condicionantes estructurales, medidas de seguridad extraordinarias y descubrimientos arqueológicos de singular valor histórico que han obligado a replantear el proyecto en varias ocasiones.
La obra afronta el reto de conectar el Paseo del Huécar con la plaza de Cecilio Albendea salvando un desnivel de 55 metros en un entorno urbanístico de gran fragilidad. Para garantizar la estabilidad del subsuelo y los inmuebles del entorno, la dirección facultativa ha recurrido a micropilotes y anclajes, técnicas que requieren una ejecución lenta y minuciosa. "Hemos tenido que modificar cimentaciones de las escaleras porque donde iba el sustento había un hallazgo y teníamos que preservarlo", explicó Balmaseda, quien subrayó que toda la actuación está "monitorizada las 24 horas del día" mediante sensores estratégicamente distribuidos que detectan en tiempo real cualquier movimiento o fisura.
A pesar del retraso, la directora general se mostró confiada en los plazos. "Estamos bastante seguros de que en el último trimestre del año podrán estar en funcionamiento", afirmó, y descartó cualquier sobrecoste sobre el presupuesto aprobado. La posibilidad de que emergieran restos arqueológicos ya estaba prevista en el contrato, lo que ha permitido absorber las demoras sin alterar la financiación. La JCCM mantiene, además, "contacto permanente con el Ministerio para explicarles la singularidad de la obra" con el fin de preservar los fondos europeos que sufragan el proyecto.
Una 'dana' medieval bajo las calles de Cuenca
La causa más llamativa del retraso no es técnica sino histórica. Los trabajos en el quinto tramo de escalera han destapado un conjunto de hallazgos que el arqueólogo responsable de la excavación, Michel Muñoz, calificó de "fascinantes": un nevero, un antiguo pozo utilizado para conservar hielo y nieve procedente de la sierra; un muro cerrado; dos superposiciones de suelo; y cerámicas valencianas originarias de los alfares de Manises y Paterna datadas en torno al siglo XV.
El elemento más revelador, sin embargo, fue precisamente lo que no estaba. Donde los arqueólogos esperaban encontrar escombros, solo hallaron una plataforma cubierta de barro, restos de fauna, tablas de carnicería y suelos de yeso deteriorados. "Es como si los escombros hubieran desaparecido tras una avalancha de barro de cuatro metros", describió Muñoz. La ausencia de derrubios en un solar que estuvo densamente habitado apuntaba a una única explicación: un desastre climático de proporciones extraordinarias.
La hipótesis del arqueólogo tomó cuerpo en los archivos históricos. La Crónica de Juan II recoge que entre el 28 de octubre de 1434 y el 7 de enero de 1435 no cesó de llover en toda la Corona de Castilla y Aragón en un episodio conocido como las Lluvias de Todos los Santos, del que hay testimonio en Madrid, Sevilla, Navarra, Zaragoza y Valladolid. La confirmación del impacto en Cuenca llegó desde el archivo de la Catedral: un documento de 1435 en el que el abad de una abadía situada junto al río Huécar solicitaba exención del pago de 8.000 maravedíes anuales "porque tenía que pagar un molino que se lo habían llevado las grandes lluvias del año anterior". La riada, concluye Muñoz, arrasó por completo el barrio de San Martín, algo comparable a lo que hoy se denomina una dana.
Un barrio que dejó de existir
Los hallazgos permiten reconstruir la historia de una zona que estuvo habitada desde, al menos, el siglo X, cuando fue fundada la ciudad, según confirman los restos de época árabe localizados en otros tramos de escalera. En los siglos XIII y XIV, el barrio de San Martín era un enclave económico de primer orden: "La Catedral, entre otras cosas, vivía de las tablas de carnicerías", explicó el arqueólogo, lo que justifica la gran cantidad de restos óseos de cordero recuperados en la zona. La actividad artesanal también debió ser intensa: casi 240 cuernos de cabra, vaca y hueso trabajado dan fe de un oficio de guarnicionero o similares que prosperó en aquellas calles.
La 'dana' del siglo XV lo borró todo. Y la lección quedó aprendida: durante décadas no hubo nuevas construcciones en la zona. Cien años después, cuando se levantó el acueducto de la Cueva del Fraile en una Cuenca superpoblada, el solar seguía siendo un espacio abierto lleno de huertos. "Si no es por la parroquia, el barrio hubiera desaparecido del todo", conjeturó Muñoz.
La documentación de los restos continúa. Lo que no pueda integrarse en el proyecto de los remontes se intentará conservar enterrado. "O tenemos escaleras, o tenemos parque arqueológico", resumió el arqueólogo con pragmatismo. Con la conclusión de los trabajos en el quinto tramo, las excavaciones quedan cerradas, lo que permite, según Balmaseda, "planificar con más precisión" la recta final de una obra que ha resultado ser, además de una infraestructura de movilidad, una ventana abierta al pasado medieval de la ciudad.