Paquito D'Rivera reivindica en Cuenca el valor de los inmigrantes
El saxofonista y clarinetista cubano Paquito D'Rivera, ganador de 7 Premios Grammy y 11 Grammy Latinos y uno de los máximos exponentes del jazz a escala mundial, actuará el jueves 2 de julio en el Escenario Solán de Cabras del Parador de Cuenca en el marco de la 15ª edición de Estival Cuenca. En esa misma velada recibirá el Premio a la Trayectoria Musical que otorga la empresa Mahou-Alhambra-Solán de Cabras.
En una entrevista concedida a Europa Press, D'Rivera aprovechó su inminente visita a España para defender la migración: "Los inmigrantes contribuyen a la economía y a las artes del país que han escogido para vivir. Y hay una cantidad de gente con talento". El músico, que lleva más de siete décadas recorriendo escenarios de todo el mundo, descartó además cualquier intención de retirarse.
Paquito D'Rivera (La Habana, 1948) llegará a Cuenca el próximo 2 de julio para actuar en el Escenario Solán de Cabras del Parador de Cuenca, una de las sedes emblemáticas de la 15ª edición de Estival Cuenca, el festival de jazz que consolida año tras año a la capital conquense como referente musical del interior peninsular. Le acompañarán sobre el escenario el pianista cubano Pepe Rivero y el percusionista colombiano Sebastián Laverde, una formación que el propio artista define como "la gente perfecta" para el tipo de música que interpreta.
El concierto coincidirá con la entrega al músico del Premio a la Trayectoria Musical que concede la empresa Mahou-Alhambra-Solán de Cabras, un reconocimiento que se suma a una carrera que acumula 7 Premios Grammy y 11 Premios Grammy Latinos y que arrancó, literalmente, en la infancia. D'Rivera comenzó a estudiar música con tan solo 5 años, hijo del saxofonista y director de orquesta cubano Tito D'Rivera, y a los 7 ya actuaba ante el público. Con esa trayectoria a sus espaldas, el músico es hoy considerado uno de los máximos exponentes del jazz y del jazz latino en el mundo.
De Cuba a Nueva York pasando por el mundo
La biografía de D'Rivera es, en sí misma, un relato de migración y de apertura cultural. Formado en Cuba, donde tocó el clarinete y el saxofón con la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba siendo aún un niño prodigio, su nombre se hizo internacional junto a la legendaria formación Irakere, en la que compartió cartel con maestros como Chucho Valdés y Óscar Valdés. Fue ese trampolín el que le lanzó definitivamente hacia los grandes escenarios. En los años 80 recaló en Nueva York, la ciudad que, según ha reconocido, siempre fue su gran sueño: "Aunque no me gusta el frío, me encanta su movimiento cultural".
Ese vínculo personal con la experiencia migratoria impregna también su lectura del jazz como género. En conversación con Europa Press, D'Rivera sostuvo que el jazz "se ha convertido en la música del mundo" y que su desarrollo está íntimamente ligado a Nueva York. "Forzosamente es una música de inmigrantes", afirmó, haciendo referencia a la naturaleza misma de Estados Unidos y, en especial, de su gran metrópolis.
"Los inmigrantes contribuyen a la economía y a las artes"
La defensa de la inmigración fue uno de los ejes más rotundos de la conversación. D'Rivera extendió su reflexión más allá de Nueva York y puso el foco en Madrid, ciudad en la que también subrayó la presencia mayoritaria de inmigrantes. "Los inmigrantes contribuyen a la economía y a las artes del país que han escogido para vivir. Y hay una cantidad de gente con talento", sostuvo con convicción.
El músico también valoró la escena jazzística española en particular: a su juicio, en España hay "una cantidad de gente haciendo buen jazz", un reconocimiento que llega de alguien cuya vida entera ha transcurrido entre culturas, idiomas y tradiciones musicales diversas.
Terror escénico y vida sobre el escenario
Tras más de 70 años viajando entre continentes, D'Rivera aseguró que las giras no le representan ninguna dificultad especial. El secreto, dijo, es sencillo: le "gusta mucho viajar" y sigue teniendo interés en "conocer gente" y relacionarse con otras personas. Lo que no ha desaparecido con los años, en cambio, es el pánico escénico que le asalta antes de cada concierto.
"Tengo entendido que yo no estoy solo. Eso le pasa también a Martha Argerich, la gran pianista clásica. Yo no la conozco personalmente. Pero sí, yo tengo terror escénico antes de entrar", admitió con franqueza. Describió esa sensación como una montaña rusa: la angustia crece mientras el momento se acerca, pero se disuelve en el instante en que la música comienza. Para ilustrarlo, recurrió a las palabras del legendario pianista cubano Bebo Valdés: "La pesadilla termina cuando comienza la música".
Sin planes de retiro: la lección de Celia Cruz
Preguntado por su posible retirada de los escenarios, D'Rivera la descartó con una anécdota que habla de su filosofía vital. Recordó que a Celia Cruz, la gran diva de la salsa cubana, le formularon la misma pregunta en su día, y que ella respondió: "Yo en la ducha canto. Entonces, en vez de cantar en la ducha, canto en el escenario y me pagan". Una respuesta que D'Rivera hace suya sin necesidad de añadir nada más.
Música sin fronteras en Cuenca
Para su actuación en Cuenca, D'Rivera ha elegido a dos músicos con los que comparte una visión de la música radicalmente abierta. De Pepe Rivero y Sebastián Laverde destacó que son gente "muy útil" y "todo terreno", capaces de moverse con naturalidad entre géneros y tradiciones sin que su origen geográfico sea un condicionante. "Yo necesito rebotearme de gente positiva, de gente que tenga deseo de hacer las cosas", explicó.
Ese espíritu ecléctico es, para D'Rivera, una exigencia profesional irrenunciable. Necesita artistas "que no se asusten con la música de tango sin ser argentino ni con la música de Mozart sin ser austriaco". Gente que, en definitiva, tenga "deseo de aprender de otras culturas". Con esa premisa sobre el escenario del Parador de Cuenca, el 2 de julio promete ser una noche de jazz sin fronteras.