Camiones mineros eléctricos: Terex, Komatsu y XCMG afrontan tres caminos hacia la minería sin diésel

Camiones mineros eléctricos: Terex, Komatsu y XCMG afrontan tres caminos hacia la minería sin diésel

La electrificación de la maquinaria pesada ha dejado de ser una promesa lejana para convertirse en uno de los grandes frentes tecnológicos de la minería. El camión de acarreo —uno de los equipos que más combustible consume en una explotación a cielo abierto— está en el centro de esta transformación. Sin embargo, sustituir un vehículo diésel de cientos de toneladas por uno eléctrico no consiste simplemente en instalar una batería más grande: obliga a rediseñar la logística, la red eléctrica, los sistemas de carga y, en muchos casos, la propia operación de la mina.

Las pruebas realizadas durante los últimos años apuntan a una evolución gradual. Las baterías ofrecen ventajas importantes: los motores eléctricos entregan un par elevado desde el arranque, permiten recuperar energía durante las frenadas y reducen tanto las emisiones locales como determinadas necesidades de mantenimiento. El problema está en almacenar suficiente energía sin añadir un peso excesivo y conseguir que el vehículo pueda trabajar durante ciclos largos y exigentes.

Un análisis reciente de la propia industria señala que la electrificación resulta especialmente atractiva en ciclos relativamente cortos y con acceso a electricidad, mientras que las soluciones híbridas o de transición pueden tener más sentido en recorridos largos o terrenos especialmente exigentes.

Terex: un pasado eléctrico, pero sin camiones mineros propios

La comparación entre Terex y sus rivales requiere una precisión importante. Terex ya tuvo una posición destacada en los camiones mineros de accionamiento eléctrico, pero vendió su negocio de minería a Bucyrus en 2010. La operación incluyó camiones de minería eléctricos, excavadoras y actividades de posventa.

Por tanto, no existe actualmente un programa de Terex equivalente al de Komatsu o XCMG para desarrollar una nueva generación de grandes camiones mineros eléctricos. La compañía sí mantiene una estrategia de electrificación en otros segmentos, especialmente en maquinaria para servicios públicos. En 2025 presentó, por ejemplo, una nueva plataforma de camión cesta totalmente eléctrica y continúa comercializando equipos de cero emisiones.

Para los propietarios de maquinaria Terex histórica, el mercado de repuestos sigue siendo relevante, especialmente cuando las explotaciones optan por prolongar la vida útil de sus equipos durante la transición tecnológica. En ese contexto puede encontrarse oferta especializada de Terex Parts.

Komatsu: electrificación gradual y preparada para el futuro

Komatsu está planteando una estrategia diferente. Su plataforma Power Agnostic busca que el mismo concepto de camión pueda evolucionar con la tecnología energética disponible. El 930E probado en la mina Aitik, de Boliden, comenzó como un vehículo diésel con asistencia mediante trole, pero la arquitectura está diseñada para facilitar una futura transición a baterías u otras tecnologías, incluido el hidrógeno.

Esta estrategia tiene una ventaja industrial evidente: no obliga a las compañías mineras a esperar a que exista una solución eléctrica perfecta. Pueden comenzar reduciendo el consumo mediante líneas aéreas de alimentación y, posteriormente, incorporar nuevas fuentes de energía.

En mayo de 2025, Komatsu dio otro paso al operar de forma autónoma un camión de accionamiento eléctrico conectado a una línea de trole dinámica. La combinación de electrificación y automatización es especialmente significativa porque permite imaginar minas en las que los camiones gestionen automáticamente sus recorridos y, al mismo tiempo, optimicen cuándo consumir, recuperar o recibir energía.

XCMG: de los proyectos piloto a las grandes flotas

XCMG representa probablemente la estrategia más agresiva de las tres, aunque parte de una ventaja: el enorme mercado chino de maquinaria eléctrica. En mayo de 2025, la compañía anunció que había puesto en funcionamiento 100 camiones mineros eléctricos y autónomos en la mina de carbón de Huaneng Yimin, en Mongolia Interior.

La apuesta ya se está trasladando al exterior. XCMG ha conseguido un importante pedido de camiones eléctricos de 240 toneladas destinado a Fortescue, compañía australiana que pretende eliminar progresivamente los combustibles fósiles de sus operaciones terrestres.

El calendario resulta especialmente interesante: las primeras unidades eléctricas XDE260 de 240 toneladas están previstas para pruebas en 2027 y para su llegada a Australia en 2028.

La expansión no se limita a los camiones. XCMG está desarrollando cargadoras, motoniveladoras y camiones de agua eléctricos, lo que apunta a una visión más amplia: electrificar el ecosistema completo de la mina y no solamente el vehículo de transporte.

Tres estrategias para una misma transformación

La comparación deja tres modelos claros. Terex representa hoy más bien el legado de una compañía que ya abandonó su negocio de camiones mineros, aunque conserva experiencia en electrificación de maquinaria. Komatsu apuesta por una transición modular, combinando automatización, trole y plataformas capaces de adoptar distintas fuentes energéticas. XCMG, por su parte, está avanzando con mayor rapidez hacia flotas eléctricas de gran tamaño y con una fuerte orientación hacia la producción a escala.

El desafío común será económico tanto como tecnológico. Una flota eléctrica necesita cargadores, subestaciones, almacenamiento y una red capaz de soportar enormes picos de demanda. Además, como advierten las experiencias actuales de las grandes mineras, la electrificación es una transformación del sistema energético de la explotación, no una simple sustitución del motor.

Por eso, el futuro probablemente no estará dominado por una única tecnología. Habrá minas con baterías, otras con troles y sistemas híbridos, y posiblemente operaciones donde distintas soluciones convivan durante décadas. Lo que sí parece cada vez más claro es que el camión minero del futuro tendrá que consumir menos combustible, conectarse más estrechamente con la red eléctrica y trabajar junto a sistemas digitales de automatización.

La carrera ya ha comenzado. La cuestión para la próxima década no será si la minería se electrificará, sino a qué velocidad, con qué tecnología y quién será capaz de convertir esa transición en una ventaja económica.