Las Tablas de Daimiel se inundan sin que el acuífero se recupere

Imagen de archivo del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel - SEO/BIRDLIFE

El Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel acumula alrededor de 1.500 hectáreas encharcadas tras un invierno extraordinariamente húmedo, pero los especialistas advierten de que la imagen resulta engañosa: el acuífero del Alto Guadiana, del que depende la viabilidad ecológica a largo plazo del parque, no está recuperando sus niveles históricos.

Los técnicos de la Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG) señalan que las extracciones actuales siguen siendo incompatibles con la recuperación estructural del sistema y reclaman que la futura planificación hidrológica fije el volumen máximo de extracción compatible con el restablecimiento de la relación natural entre río y acuífero.

El Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel (Ciudad Real) registró en marzo una inundación significativa, con cerca de 1.500 hectáreas encharcadas, como resultado de un invierno 2025-2026 que los expertos califican de extraordinariamente húmedo. Sin embargo, esta recuperación superficial no refleja la situación real del sistema hídrico que sustenta el parque: el acuífero del Alto Guadiana continúa en una situación crítica, sin dar señales de recuperación estructural, tal y como advirtieron los especialistas durante una jornada técnica celebrada en Ciudad Real para presentar el Esquema de Temas Importantes (ETI) del cuarto ciclo de planificación hidrológica.

En esa jornada, los técnicos de la Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG) expusieron con claridad el reto que afronta la gestión del agua en la cuenca: determinar cuál es el volumen máximo de extracción compatible con la recuperación de la relación natural entre el río y el acuífero. Esa vinculación hídrica es la que permitiría, en condiciones normales, alimentar las lagunas del parque durante los periodos secos, mantener agua en Las Tablas durante el verano y sostener la vegetación de ribera y los ecosistemas fluviales del Alto Guadiana.

El paraje, declarado Parque Nacional en 1973 y uno de los humedales más valiosos de la Península Ibérica, depende de la descarga natural de hasta ocho masas de agua subterránea del sistema hidrogeológico del Alto Guadiana, que se extiende por unos 19.000 kilómetros cuadrados de las provincias de Ciudad Real, Cuenca y Toledo.

El acuífero apenas reaccionó al invierno más húmedo en años

La paradoja que los técnicos pusieron sobre la mesa en la jornada de Ciudad Real resulta reveladora: pese a que el parque nacional volvió a llenarse de agua gracias a los aportes superficiales, el acuífero apenas ha reaccionado, especialmente en las masas de agua centrales del sistema.

El dato más elocuente es el del piezómetro de los Ojos del Guadiana, que mide el nivel de las aguas subterráneas en el punto de referencia histórico del parque. Entre diciembre de 2025 y marzo de 2026, ese indicador solo recuperó un metro de nivel. La cifra contrasta con las subidas registradas durante el episodio húmedo de 2010, que la CHG utiliza como referencia para ilustrar la diferencia entre ambas situaciones. El año anterior —ejercicio 2024-2025— el piezómetro apenas había ganado 70 centímetros, por lo que la mejora de este invierno representa únicamente un incremento aproximado del 30 % respecto al período previo, según la última medición publicada por el organismo de cuenca.

Los especialistas señalaron además que el sistema mantiene una elevada inercia hidrológica. En los años setenta comenzaron las extracciones intensivas de agua subterránea, y desde entonces los niveles piezométricos han sufrido fuertes descensos, alternando recuperaciones parciales en periodos húmedos con nuevas caídas ligadas al aumento de las captaciones. Según los técnicos, el piezómetro de los Ojos del Guadiana ha perdido aproximadamente dos metros de nivel cada año desde el último periodo de llenado significativo.

El objetivo: recuperar la cota de 611 metros

La planificación hidrológica del cuarto ciclo tiene un objetivo concreto y cuantificado: que el nivel piezométrico cercano a los Ojos del Guadiana vuelva a alcanzar la cota de 611 metros sobre el nivel del mar, referencia histórica que garantizaría descargas subterráneas suficientes hacia el parque nacional y el conjunto de humedales asociados a su entorno.

Alcanzar esa cota no es solo una meta ambiental. Técnicamente, es la condición necesaria para que el acuífero vuelva a ejercer su función ecológica de fondo: alimentar de forma autónoma las lagunas del parque durante los meses de verano, cuando no hay aportes superficiales, y sostener la vegetación de ribera que depende de esa conexión permanente entre las aguas subterráneas y las superficiales.

Lagunas sin acuífero y depuradoras como sustento

La situación actual es, en muchos casos, de desconexión total. Los técnicos de la CHG recordaron durante la jornada que muchas lagunas han quedado desconectadas del acuífero y presentan graves alteraciones hidrológicas. Algunas de ellas sobreviven únicamente gracias a los aportes procedentes de estaciones depuradoras de aguas residuales, un recurso paliativo que no sustituye la función ecológica de las aguas subterráneas.

La situación es el resultado de décadas de extracciones intensivas para el regadío agrícola en la cuenca del Alto Guadiana, que transformaron radicalmente la relación entre la agricultura, el agua y los ecosistemas fluviales de una de las regiones con mayor presión hídrica de la Península Ibérica. La propia declaración de sobreexplotación del acuífero, que data de 1994, fue una de las primeras medidas oficiales de reconocimiento del deterioro, aunque los niveles piezométricos continuaron descendiendo en las décadas siguientes.

Una recuperación que aún no ha llegado

Los datos del invierno de 2025-2026 ilustran con precisión la dificultad de revertir un proceso de sobreexplotación de esta magnitud. El agua en superficie ha vuelto a Las Tablas, y las imágenes del parque inundado han generado optimismo en la opinión pública regional. Pero los técnicos insisten en que esa agua ha llegado por precipitaciones y escorrentías superficiales, no porque el acuífero haya recuperado la capacidad de descarga que tenía antes de que comenzaran las extracciones masivas.

La paradoja, en palabras de los propios especialistas, es que las extracciones actuales siguen siendo incompatibles con la recuperación estructural del sistema, lo que convierte cada episodio húmedo en una oportunidad que el acuífero no aprovecha plenamente. Mientras ese desfase persista, la salud del Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel seguirá dependiendo de la lluvia, no de la gestión sostenida del agua subterránea que históricamente le dio vida.